Una familia que se muda a una nueva casa en las afueras comienza a experimentar extraños fenómenos a su alrededor y empiezan a sospechar que hay una presencia de otra realidad con ellos.
El ejercicio estilístico de Soderbergh en su nueva película es más que suficiente reclamo para su visionado. El consagrado cineasta se atreve a experimentar con una puesta en escena absoluta desde el POV de la presencia que acecha a la familia protagonista. La cámara, líquida y sinuosa, recorre las estancias de la casa —único escenario del filme— desentrañando las crispadas relaciones familiares desde dentro.
Lejos de acercarse al género de terror, el director emplea la presencia fantasmagórica a modo de visor del drama humano más profundo, del miedo a la muerte y de la superación del trauma, de un modo similar a David Lowery y su espléndida A ghost story (2017), sin llegar a alcanzar su profundidad.
Siempre me quejo de
los biopics, y con razón. La mayoría de ellos sigue una fórmula y, en unos
años, el género contará con más películas que el western o el cine negro. En
este caso, nos encontramos con “Lee”, una cinta que retrata a la modelo,
fotógrafa, reportera y musa del surrealismo Lee Miller. Un personaje que, si no
conocéis, debéis hacerlo cuanto antes.
Después de una extensa carrera como dop y tras su salto a la dirección de series, Ellen Kuras presenta su ópera prima. Se trata de una producción inglesa de alto presupuesto con Kate Winslet como protagonista, Pawel Edelman como encargado de la fotografía y Alexandre Desplat en la banda sonora. Poca broma.
Este drama histórico nos sitúa en una etapa
clave de la vida de Miller, un punto de no retorno. Lejos de su idealizada
figura, se lanza al fotoperiodismo, luchando por los derechos de la mujer al
convertirse en la primera corresponsal
en cubrir el auge y declive de la Segunda Guerra Mundial. Una mujer
moderna, cínica y crítica con su país, que puede verse como un paradigma del
feminismo en una época en la que, entre otras muchas cosas, todavía había
espacios públicos vetados para las mujeres. Así que el guion de Liz Hannah,
John Collee y Marion Hume se apoya en los hechos más visuales y épicos para
ofrecernos un retrato de la Segunda Guerra Mundial desde la óptica literal y
metafórica de Lee.
La historia se desarrolla en dos líneas temporales: en el presente, con una Lee entrada en años, a la que un joven periodista intenta entrevistar, y en el pasado, a través de un extenso flashback que guía al espectador durante todo el metraje para ver su evolución en el arte y en sus creencias.
Ellen Kuras cae en los tropos típicos de las biografías y
su dirección resulta excesivamente conservadora. No
hay ninguna resolución visual que marque una verdadera autoría, aunque cada
plano está bellamente compuesto. Es casi como si se hubiera limitado a
trasladar el texto a la pantalla de la manera más fiel posible, sin arriesgarse
a buscarle cuatro pies al gato. Por eso, hay momentos que sentimos haber visto
una y otra vez en el cine. Sin embargo, la historia es tan interesante y
actual, y el reparto tan sólido, que hacen que merezca la pena su
visionado.
Kate Winslet es una actriz excepcional, una mujer que elige muy bien sus proyectos y que no se ha obsesionado con su imagen como otras compañeras de su generación. Siempre resulta natural y creíble, y a pesar de ser una estrella, es capaz de camuflarse en cualquier papel. Como Lee Miller, vuelve a demostrarlo.
Aun así, ¿qué sería
de Kate sin un reparto de secundarios
que la arropen? Por un lado, el entrevistador es el chico de moda, Josh O’Connor, quien, tras su éxito en
“The Crown”, no deja de encadenar proyectos interesantes. También tenemos a Marion Cotillard en un papel breve pero
muy trabajado, al que dota de fuerza y emoción. Alexander Skarsgård, menos
versátil, interpreta al interés amoroso de Lee, un personaje bastante insípido.
Y Andrea Riseborough encarna a la jefa de “Vogue UK”, quien lucha para que se
publiquen las fotos que muestran la devastación del conflicto bélico en
Europa.
En definitiva, una película bélica sobre una mujer que marcó una época, cuya historia tiene una lectura contemporánea, con una realización correcta y un trabajo interpretativo de alto nivel. Una oportunidad para que el espectador descubra a una fotógrafa que superó todas las dificultades para convertirse en un símbolo.