‘La Maldición (2019)’: si te dicen que no entres…

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La saga de Ju-on (La Maldición) es sin duda uno de los exponentes más míticos de esa ola de cine de terror japonés que arrasó Occidente entre finales de los noventa y principios de los 2000; por desgracia, y como sucediera también con otros clásicos del J-Horror como The Ring o Dark Water, La Maldición fue también una de las pioneras en padecer la obsesión de Hollywood por exprimir estos títulos a base de remakes y secuelas de muy dudosa calidad. Pese a este precedente tan poco halagüeño, no pocos fans conservan todavía un atisbo de esperanza de que, cumplidas ya dos décadas desde el estreno de la ópera prima de Takashi Shimizu, América haya aprendido la lección y logre (¡por fin!) hacerle justicia a la original para celebrar su aniversario como es debido.

Si eres uno de esos fans, quédate con el consuelo de que la esperanza es una cualidad humana muy admirable y de que el mundo sería mucho más bonito si se llenase de gente como tú. Pero no. Ya no es solo que esta pseudosecuela-remake encubierto de La Maldición no esté a la altura de la primera: es que es una de las peores entregas de una saga ya de por sí bastante irregular. Y lo es por muchos motivos, empezando precisamente por esa indecisión terminológica: el planteamiento inicial de la película hace de ella una secuela, pero el continuo calco de varias de las escenas más conocidas de Ju-on no cuela como mero homenaje.

Lo que hace de esto un grave problema es que, a diferencia de ejemplos recientes de una táctica de adaptación similar como son La cosa (2011) o Posesión Infernal (2013), La Maldición no aporta nada: solo depreda. Todas las imágenes del film con un mínimo de magnetismo son en realidad un pastiche de algo que ya existía, porque ninguna de sus propuestas visuales (si es que hay alguna) perdura en la retina. Y claro: a estas alturas lo de la mano en la ducha y la cabellera de Kayako en la bañera ya no sorprende (¿cómo iba a hacerlo, después de veinte años en los que esas escenas han figurado hasta en pósteres de la saga?), así que a la película le cuesta trabajo incluso algo tan elemental para el género como es generar tensión.

Por si esto fuera poco, La Maldición es también un desastre narrativo al que le pasa factura su empeño por fragmentarse en varias tramas cuyo final ya nos han contado en los primeros minutos. A excepción de la secuencia inicial y de lo que ocurre con la inspectora Muldoon (la única cuyos padecimientos no se cuentan en forma de flashback), es casi imposible empatizar con ninguno de los personajes. La opresiva atmósfera de la casa genera algunos momentos reivindicables, pero en general todo es demasiado explícito y expositivo como para llegar a sentir un atisbo del impacto que causaron en su día los pioneros del J-Horror.

Mi consejo en estos casos es siempre el mismo: si te encanta este tipo de cine, ve a verla y juzga por ti mismo… pero hazlo poniéndote en lo peor, por si acaso. Al fin y al cabo, la esperanza es lo último que se pierde. Incluso en las casas malditas.

Los 4 Fantásticos: amor, arte, muerte y venganza

Hola, butakoners. Como diría George R. R. Martin, winter is coming y con él, el frío propio de estas fechas. Y si hay un plato que se sirve frío, ese es la venganza, tema que tratan algunos de los cortometrajes que hoy nos ocupan. También el amor, en diversas e inquietantes vertientes, es otro de los ingredientes presentes en las obras de las que hablamos a continuación. Y es que, ¿qué sería de la Navidad si no compartiéramos todo el amor que llevamos dentro?

HORA DE COMER

El primero de los cortometrajes de Los 4 fantásticos de hoy es Hora de comer, escrito y dirigido por Alberto Fernández, un ejemplo más de que no se necesitan muchos recursos ni un alto presupuesto para construir una buena historia; sólo basta con transmitir la pasión que uno lleva consigo y tener talento y afición y bagaje en el género, como es el caso del director de este corto. Aquí no se necesitan más que 29 planos, dos actores (Paula María y Daniel Fernández) y un escenario para mantener la tensión en el espectador.

Con una música alegre y dinámica en consonancia con su ágil montaje, Hora de comer nos retrotrae al cine de otra época, utilizando asimismo un efecto de celuloide gastado que emula las películas grindhouse de antaño acorde a la historia que nos cuenta, una historia de canibalismo, misandria y psicopatía que constantemente mantiene una creciente tensión por medio de primeros planos, sin dejar de lado el humor negro, y cuyo inquietante y sugerente final hará partícipe a un público cuya mente completará el film tras su visionado.

ASESINarte

El juego de palabras que contiene su título ya nos da pistas sobre la historia de arte y violencia que aquí tenemos y que inquietará a propios y extraños. Dirigido a cuatro manos, este cortometraje de Víctor Paniagua y Víctor Galiano tiene una clara premisa: todo por el arte y el arte para todo. Con alternancia de planos a cámara lenta, planos congelados (mannequin challenge incluido), primeros planos y planos subjetivos que harán que los espectadores se aproximen a los acontecimientos aquí acaecidos y empaticen con los sufridores personajes que se nos presentan, este slasher muestra sin ningún tipo de tapujos ni complejos las múltiples referencias que tienen en mente los hacedores del corto que nos ocupa, siendo La matanza de Texas (nombrada a modo de homenaje y preludio de lo que va a ocurrir) y Pesadilla en Elm Street (la vestimenta del killer protagonista nos recuerda al mítico jersey de Freddy Krueger) las más claras. Sin destripar mucho sobre la trama, decir que los movimientos de cámara oscilantes y los planos oblicuos harán que el público comparta pesadilla con los protagonistas de esta historia de identidad, relaciones humanas e infidelidades que a los mayores fans de Lars von Trier nos evocará a la última película del danés (clarísimo guiño incluido a cierta obra de Miguel Ángel). Sin duda, este cortometraje, llamado a triunfar en los festivales de género, se quedará en la mente del espectador una vez finalizado su visionado.

#PORNOVENGANZA

Dirigido por Ignacio López Vacas y con guion de este mismo y Alberto Fernández, este interesantísimo y atrapante cortometraje nos presenta, como se puede intuir desde el título, una historia de venganza arriesgada y bastante explícita que hará gozar al fan de los giros inesperados.

El corto que nos atañe comienza con el sonido de una llamada de Skype. Durante los primeros segundos sólo vemos los logotipos de las productoras participantes (Panic Frames y Engendro´s Films) mientras oímos la consabida musiquita de la famosa herramienta de llamadas on-line, todo un acierto a la hora de presentar lo que veremos a continuación: una pesadilla donde las redes sociales y las nuevas tecnologías adquieren un protagonismo muy relevante. Es recomendable ver esta obra sin saber mucho de la trama, pero sin entrar en detalles, decir que #Pornovenganza es un corto que, sin mucho presupuesto, funciona muy bien, más en lo formal que en la relación entre los personajes (que no se terminan de comprender a la perfección), y que tiene en las escenas más sangrientas y (nuevamente) en la relación interpersonal de los protagonistas su mayor éxito. Por su parte, su giro final resignifica la obra e invita al público a que encaje las piezas de este macabro puzzle. 

EQUALS

Lo que tenemos aquí es uno de los mejores cortometrajes que se pudieron ver en la última edición del Festival Nocturna de Madrid. Por desgracia, quien escribe estas líneas no pudo disfrutarlo en dicho festival, pero más vale tarde que nunca. Dirigido por Javier Yañez Sanz (Amor sacro, 2011) y escrito por Santiago Taboada (Gotas, 2017), este corto, donde las redes sociales, como en #Pornovenganza, tienen un papel fundamental, así como la venganza y la infidelidad (otros temas que ya hemos tratado en este artículo) nos presenta una pareja que se conoce gracias a una aplicación de citas y que, a través de distintos saltos en el tiempo, nos mostrará su evolución hasta su inquietante y perturbador final.

Con unos efectos especiales dignos de encomio, una inmejorable fotografía, una música inquietante y unos actores protagonistas (Dominga Bofill y Jorge Clemente) que dan lo mejor de sí mismos, Equals nos ofrece una historia de dependencia y de identidad que nos hará plantearnos cuestiones sobre el concepto de pareja, nuestra relación con quienes nos rodean y hasta qué punto nuestro apego por otras personas puede cambiar radicalmente nuestra personalidad. Su final hará estremecer a más de uno.