‘From my cold dead hands’: Un mix de armas hasta los dientes

3 Butacas de 5

“From My Cold Dead Hands”, dirigida por Javier Horcajada, es una película documental que se define como un mashup audiovisual, una mezcla de clips, videos caseros, musicales y otros documentos audiovisuales encontrados en YouTube, todos con un tema en común: la fascinación y obsesión de los estadounidenses por las armas. Aunque este enfoque experimental le ha valido recorridos por festivales internacionales, incluida su participación en el Festival Rizoma en la categoría de Surrealismo Contemporáneo, su propuesta no llega a fascinar del todo.

Como ejercicio de montaje y narrativa audiovisual, la película tiene méritos. Horcajada condensa 86.000 horas de material de archivo en poco más de una hora, mostrando una variedad abrumadora de contenidos relacionados con las armas: desde niños jugando y disparando pistolas reales, hasta parodias de Disney donde las armas toman protagonismo. Sin embargo, su capacidad de asombrar se diluye rápidamente. El ritmo, aunque inicialmente dinámico, se vuelve repetitivo, y la falta de un desarrollo narrativo sólido transforma la experiencia en algo monótono.

La columna vertebral del documental se basa en dos marines que presentan “10 razones para usar armas”, pero este hilo conductor carece de profundidad y no logra cohesionar el vasto mosaico de clips que presenta la película. Es un intento de retratar la cultura de las armas en Estados Unidos, pero al depender únicamente de un montaje desenfrenado, pierde la oportunidad de ofrecer un análisis más reflexivo o crítico. Como resultado, lo que podría haber sido una sátira o una dura crítica social termina sintiéndose como un video de YouTube extendido a una hora.

El documental se enfrenta a una paradoja emocional: no sabes si reír o llorar. Las escenas son tan absurdas que rozan lo cómico, pero el trasfondo real de la obsesión por las armas en Estados Unidos resulta inquietante. El surrealismo, en este caso, no proviene de la dirección artística, sino de la crudeza de la realidad retratada.

“From My Cold Dead Hands” es un ejemplo interesante de experimentación, pero como documental, falla en sostener el interés y en construir una narrativa significativa. Si bien ofrece momentos impactantes y extraños, su estructura fragmentada y la falta de un análisis crítico más profundo lo relegan a un ejercicio que podría haber funcionado mejor como un video de 30 minutos en YouTube.

‘Hombre Lobo’: una película de terror sin sazonar

2 Butacas de 5

(from left) Charlotte (Julia Garner), Ginger (Matilda Firth) and Blake (Christopher Abbott) in Wolf Man, directed by Leigh Whannell.

La licantropía, al igual que sucede con el vampirismo, cuenta con una mitología única y rica en detalles. El hombre lobo ha sido y es uno de los cuentos de terror más conocidos a lo largo del planeta. Cuando una película se acerca a estas leyendas, no siempre lo hacen desde el mismo prisma, algunos sazonan su obra con diferentes condimentos esenciales (balas de plata, luna llena, aullidos…) Sin embargo, Hombre Lobo hace todo lo contrario. Coje el filete crudo y lo echa a la sartén sin sal, aceite, ni perejil. Leigh Whannell (El hombre invisible, 2020) presenta una película correcta en lo práctico, pero bochornosa en todo lo demás.

Wolf Man

Con su matrimonio deshilachándose, Blake convence a su esposa Charlotte para que se tomen un descanso de la ciudad y visiten la remota casa de su infancia en la zona rural de Oregón. Cuando llegan a la granja en plena noche, son atacados por una especie de animal. La familia se atrinchera en la casa mientras la criatura merodea por el perímetro. A medida que avanza la noche, Blake empieza a comportarse de forma extraña, transformándose en algo irreconocible.

Christopher Abbott as Blake in Wolf Man, directed by Leigh Whannell

Hombre Lobo tarda siglos en arrancar (si es que arranca alguna vez), el guion se empeña en presentarnos a los personajes de forma demasiado evidente, con diálogos carentes de misterio o interés, redundando sobre el mismo tema. Al final, en vez de implicar al espectador emocionalmente, lo que consigue es dibujar unas caricaturas estereotipadas con patas enfrentadas a una amenaza sonrojante. Se nota el trazo grueso en un guion que tiene intención de dotar a la historia de una especie de metáfora profunda sobre la violencia heredada y la emancipación que no le hace ningún favor.

(from left) Charlotte (Julia Garner), Blake (Christopher Abbott) and Ginger (Matilda Firth) in Wolf Man, directed by Leigh Whannell.

En cuanto a lo práctico, el Hombre Lobo en cuestión está conseguido, los efectos prácticos funcionan y dotan a la historia de una credibilidad interesante. Sin embargo, es la puesta en escena tan tosca y falta de coherencia la que la convierte en un batiburrillo de escenas que más que terror producen bochorno. La película abre con un prólogo interesante, un manejo del suspense clásico del que no se vuelve a saber nada hasta los créditos finales.

Wolf Man

Hombre Lobo es una película de terror bastante floja. Si bien hace todo lo posible por tomarse en serio, no consigue más que arrancar alguna carcajada en alguno de los momentos supuestamente claves. Con un guion predecible y una ausencia total de misterio, la película hace aguas por todas partes.