‘Yo no soy esa’: una estrella reluciente para el jardín de la cartelera

3 Butacas de 5

Replantearnos la vida es uno de los ejercicios más complicados y a la vez satisfactorios que podemos hacer muchas veces. Mirarnos ante el espejo y preguntarnos si realmente somos lo que queremos, lo que siempre habíamos soñado o simplemente exclamar ¿somos felices?

Más de una vez conviene hacer un ejercicio de introspección para mirarnos por dentro, reencontrar ese amor propio que ha quedado sepultado por otras historias y sacar realmente ese lado que siempre ha estado ahí para demostrar lo que realmente somos.

‘Yo no soy esa’ es una alegoría al amor. No solamente al físico y emocional con la pareja, lo es también con el de los amigos, con uno mismo y por supuesto el familiar. Un cariño entre madres e hijos que es fundamental para entender la catarsis de emociones y sensaciones que supone la comedia romántica de María Ripoll.

Protagonizada por Verónica Echegui el largometraje nos traslada a los años noventa, época en la que Susana (Echegui) cae en coma y despierta en pleno 2024. Al abrir los ojos se encontrará con una sociedad totalmente cambiada, gustos diferentes a los que ella tenía y en la que tendrá que madurar en todos los aspectos. Todos los amigos que ella tenía han crecido y son completamente diferentes a como los recordaba. Un guion que da lugar a multitud de situaciones demostrando que el amor y la risa forman una exquisita combinación.

No estamos ante una simple comedia romántica al igual que tampoco de enredos. Es una historia mucho más extensible que la propia imagen demostrando que con las situaciones que transcurren en la película se puede abrazar al amor de diferentes maneras. Desde la complicidad con el prójimo, el autodescubrimiento y el cuidado de nuestras madres quienes siempre han estado ahí y ahora como hijos somos los responsables de hacerlas felices en todo lo que podamos.

María Ripoll (‘Ahora o Nunca’, ‘No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas’, ‘Vivir dos veces’) dirige con soltura y tacto, demostrando su buen hacer y gusto con una historia que es la estrella en el jardín de la cartelera a la que podría cantarle Mari Trini. Con un amplio reparto coral en el que destacan Ángela Molina, Daniel Grao y Adam Jezierski es sin duda Silma López la que se lleva la mayor parte de las ovaciones de la película destacando por su buen hacer en la comedia y con un papel tan dulce, emotivo como divertido.

‘Yo no soy esa’ es una película que habla de los cambios de nuestra vida, del amor a la fidelidad de uno mismo y de la necesidad de ser felices en una época en la que el color de la vida es esencial recuperarlo en las salas de cine.

‘Yo no soy esa’, es una producción de El Estudio con Cahuenga Filmmakers – la productora de María Ripoll – en asociación con Sony Pictures International Productions y con la participación de RTVE y Prime Video. María Ripoll es la productora ejecutiva y Enrique López Lavigne produce para El Estudio.

‘Bob Trevino Likes It’: En busca de la paternidad

3’5 Butacas de 5

La verdad es que la película me ha parecido muy bonita. Es una historia de una chica en busca de una figura paterna, un amigo o alguien que le transmita la sensación de ser querida, de que le preocupa a alguien. Una búsqueda desesperada, y, como estamos en el siglo XXI, ¿qué mejor manera de encontrar a un padre que usando una red social, en este caso Facebook? Una película que emociona al mismísimo Mark Zuckerberg, por publicidad encubierta.

Lily Trevi es una joven veinteañera que, obviamente, tiene problemas a nivel social; no tiene amigos, trabaja como cuidadora, no conoce a su madre y su padre está más preocupado por conseguir matches en Tinder que por estar pendiente de su hija.

Lily es cálida y divertida, pero muy sensible; está rota por dentro y necesita encontrar su lugar, ser feliz. Tras una absurda bronca con su padre, Bob Trevino, en una escena mal llevada, Lily vive en sus propias carnes cómo su progenitor le hace ghosting. No le contesta a las llamadas ni le deja entrar en su casa. La pobre no sabe qué hacer; su novio la deja y no se puede sentir más sola. Ante esta situación, como no consigue contactar con su padre, decide buscarlo por Facebook y escribirle por ahí, con la casualidad de que le escribe al Bob Trevino equivocado: un jefe de obra cada vez más distanciado de su mujer, que pasa sus ratos muertos dándole likes a todo lo que publica Lily.

Barbie Ferreira y John Leguizamo encabezan el reparto de «Bob Trevino Likes It», una comedia con mucho corazón, marca de la casa del mejor cine independiente americano. Buenos actores, pero no rostros muy conocidos, buena factura, gran desarrollo de personajes y mucha alma. No puede competir con los grandes presupuestos de Hollywood, pero sí tiene la suficiente entereza para ser mucho mejor que los productos prefabricados de la meca del cine. Los mejores ejemplos pueden ser «Lady Bird» o «Pequeña Miss Sunshine», películas que han superado su propia condición y se convirtieron en éxitos de crítica y público.

El salto al largo de Tracie Laymon (excelente cortometrajista, por cierto) competirá en la Sección Oficial de la Semana Internacional de Cine de Valladolid, después de un recorrido por festivales independientes de EE. UU. Nos presenta en su ópera prima una obra que, si bien tiene sus flaquezas, su naturalidad, sencillez y buen hacer en una puesta en escena invisible hacen que se eleve por encima de la media entre tanto estreno vacío. No es tan graciosa como pretende, y quizás cuando se esfuerza en ello no le sale del todo bien, pero superado su primer tercio, la parte que protagonizan Leguizamo y Ferreira se convierte en una delicia muy cute. Un bombón que se saborea en la boca, que dura poco, pero se disfruta en cada momento.

Leguizamo sigue demostrando que es un buen actor, encargándose de interpretar a Bob, el amigo de Lily, no su padre, y sabiendo transmitir sutilmente cariño, siendo el support de su compañera de reparto.

Por otro lado, Ferreira me parece un descubrimiento, siendo mucho más que la chica de “Euphoria” en un rol interesante con un punto cómico a pesar de su amargura.

En definitiva, una película redonda, de bajo presupuesto, aunque de una sensibilidad especial. Es sutil en sus sentimientos y a veces brusca en su búsqueda de comicidad, pero te transmite un mensaje bonito; no se le puede pedir más.