‘La Habitación de al Lado’: belleza y vitalidad

4 Butacas de 5

No engaño a nadie cuando digo que la etapa de madurez de Almodóvar me interesa más que sus inicios punk. La edad está haciendo mella en el cineasta manchego en el mejor de los sentidos: más pausado, más autoconsciente, con mucho más mimo al detalle y más espartano en su puesta en escena, yendo por el camino más recto para contar sus historias (cada vez con menos florituras). 

En este punto, sigue arriesgando, y “La habitación de al lado” representa un punto de inflexión en su carrera, ya que es la primera obra del cineasta en ser rodada en lengua inglesa, con localizaciones en Estados Unidos y un reparto internacional.

Tras su proyecto caído en desgracia con Cate Blanchett y una serie de cortometrajes como buena prueba del saber hacer del cineasta en otra lengua, Almodóvar ha vuelto con la suficiente seguridad para encarar un largometraje de estas características, y el resultado no puede ser más satisfactorio.

Julianne Moore y Tilda Swinton son dos antiguas amigas que se reencuentran en un hospital porque una de ellas tiene cáncer en estado terminal. El giro llega cuando Ingrid (Swinton) le pide a su amiga que viva con ella en una casa alejada de Nueva York y la acompañe en sus últimos días, ya que se quiere suicidar con una pastilla comprada en la Dark web y así, terminar sus días de la mejor manera posible.

La eutanasia es un tema complicado y la película pone el foco en ella con tragedia, pero con belleza y vitalidad, siendo realmente una historia sobre una amistad compartida hasta el final. La muerte es el cierre, pero la vida o las reflexiones sobre la vida son el motor del relato.

Las dos actrices están soberbias y, para mí, es el mejor papel de la carrera de Swinton. Ambas muy contenidas y sabiendo trabajar muy bien en el universo almodovariano, que como ya sabéis, está regido por otras normas. El papel de John Turturro le convierte en el álter ego del director, ya que en determinado momento se convierte en el medio perfecto para la crítica y la condena sobre la problemática del cambio climático, enlazando así dos temas totalmente alejados con intenciones similares a la ley de memoria histórica en “Madres paralelas”.

Tiene toda mi admiración porque, para ser un salto a Hollywood, Pedro no se ha cortado un pelo, realizando una película fundamentada en el verbo y la palabra. Con lo rica que es la lengua castellana, adaptarse al inglés no habrá sido tarea fácil.

Las acciones suceden en habitaciones con muy buenos diálogos y un ritmo pausado a lo Bergman. Hay muchas referencias chulas como Edward Hopper, William Faulkner y citas a Joyce que hacen que salive. Sin embargo, es una película densa y reposada que podría hacer tirarse de los pelos a más de uno. Si sabes bien cómo catarla, podrás disfrutar de su gran aroma y sabor.

Una apuesta arriesgada por parte de la productora de El Deseo, que espero salga victoriosa en la temporada de premios, ya que viene con la vitola de haber ganado el premio gordo en Venecia.

‘Llámame Paul’: el niño que caminó con el lobo

4 Butacas de 5

El cine es un zarpazo. Un desgarro que se produce en el alma y la mente del espectador a través de sus imágenes sensoriales. Las uñas llegan en forma de secuencias que nos vienen a la memoria con el tiempo, saboreando los diálogos, las escenas, la música y el arte del audiovisual. Es un aullido que nos acecha de por vida, que nos guía permitiendo encontrar la luz de las heridas que nos acompañan.  Es el andar de un lobo que se cruzó en la vida de Jacinto Molina (Paul Naschy) y que le ha acompañado de por vida.

‘Llámame Paul’ es el sentido homenaje que Víctor Matellano ha realizado a la figura del intérprete madrileño. El actor y cineasta, una de las leyendas de la industria audiovisual española cobra vida en la gran pantalla a través de un documental que explora su vida, de las razones de su cine y la importancia que ha representado para el género de terror. Un recorrido vital que comienza con aquel infante que vivió una terrible guerra y que a lo largo de toda su trayectoria nos ha dejado recuerdos impolutos en su filmografía.

Jacinto Molina, Paul Naschy, fue un actor, director de cine, y guionista que llegó a participar en más de cien películas y series de televisión. Proyectos imborrables como ‘La Marca del Hombre Lobo’, ‘Una libélula por cada muerto’, ‘El Francotirador’ y ‘School Killer’ o ‘La Herencia Valdemar’ en su última etapa.

El documental esboza gran parte de su trayectoria en la que conocemos sus inicios, su vida familiar, los recuerdos de sus padres y el dolor, una vida llena de muchos momentos dolorosos y que ejemplificaba con sus películas.

El noveno largometraje de Víctor Matellano es un exquisito trabajo, rodado minuciosamente en clave de fantástico en el que descubrimos la personalidad y la creatividad del artista español quien fue conocido mundialmente en el audiovisual debido a su legado.

Escrito junto a Ángel Sala, la película está narrada por Caroline Munro, la cual trabajó con Paul Naschy en ‘El Aullido del Diablo’ además de contar también con la presencia del mítico Jack Taylor con el que Naschy compartió escenas en ‘La Venganza de la Momia’ entre otros largos.

La película abraza también su vida como padre, en la que la mirada del lobo pasa también de padres a hijos como una fiera que nos consume a través de nuestras vidas. Momentos emotivos, datos históricos y por supuesto escenas imborrables son también parte de un trabajo impoluto que traspasa la pantalla gracias a la labor del actor de doblaje Héctor Cantolla, quien puso voz a las múltiples películas de Paul Naschy.

Una vida de luces y sombras llevadas a la pantalla en formato documental donde Matellano aborda también las razones por las que los seres humanos amamos el terror. Monstruos que son el reflejo del dolor de una vida, de la guerra, de las frustraciones con las que seguimos hacia delante y que se convierten en un zarpazo que nos acompaña a lo largo de nuestros días.

‘Llámame Paul’ es toda una odisea, un camino en el que acompañamos de la mano al Jacinto Molina niño hasta verle convertido en la leyenda que será por siempre de nuestro cine. Una figura que hubiera cumplido noventa años y que nos ha dejado un legado mayúsculo de aullidos cinematográficos.