‘La muerte de Robin Hood’: un cuento humanista sobre la redención

4 Butacas de 5

A través de sus películas, Michael Sarnoski nos atraviesa a través de una mirada profundamente reflexiva con respecto a la naturaleza del ser humano. Da igual si se trata de un marginado con su cerdo, del primer día del fin del mundo o de la leyenda de Robin Hood, el director norteamericano se las apaña para, dentro de unos márgenes formales muy cuidados, poner al espectador delante de un espejo empañado.

Robin Hood (Hugh Jackman) intenta lidiar con sus demonios tras una larga vida de crímenes y asesinatos. Cuando en una sangrienta batalla resulta herido de gravedad, es enviado a un misterioso castillo para que curen sus heridas. Allí conocerá a una mujer y un espacio únicos que le ofrecerán una última oportunidad de redención.

En La muerte de Robin Hood Sarnoski imprime, como en sus anteriores trabajos, una mirada profundamente humanista. El relato es narrado por una voz reflexiva que, con una belleza y una crudeza únicas, describen a la perfección la naturaleza de nosotros mismos y de aquello con lo que convivimos. El corazón de este relato no ahonda en las hazañas de un héroe en el ocaso de su vida; en esta historia, Robin Hood es un pobre desgraciado que ha dedicado su vida al vandalismo y al crimen. Ahora, agotado y perseguido por los fantasmas del pasado, camina con la voluntad de dar con el final de su vida. Lo que no se esperaba era que su pobre situación lo colocase frente a sus peores demonios, ofreciéndole una oportunidad de redención única.

La película posee una belleza formal única. A través de esta desdichada travesía, Sarnoski vuelve de nuevo a sobre el imposible interrogante de qué es aquello que nos convierte en seres humanos y nos separa de las bestias salvajes. La película busca con ahínco un equilibrio que parece rodearlo todo, sin embargo, se presenta incomprensible. En La muerte de Robin Hood no hay épica; este es un relato descarnado sobre la penitencia de una persona que debe redimirse antes de abandonar ese mundo.

La naturaleza se abre paso en una película reposada que reflexiona sobre las contradicciones de una existencia que es capaz de lo mejor y lo peor. La belleza de sus imágenes contrasta con la crudeza de algunas de sus secuencias de apertura. La muerte de Robin Hood es un nuevo canto a la esperanza sin olvidar las penurias de un mundo injusto. Una película bella y algo reiterativa que envuelve las heridas de un héroe que no se reconoce en las leyendas que el mismo ha protagonizado.

‘Lady Nazca’: La verdadera historia de las Líneas de Nazca

3’5 Butacas de 5

«Lady Nazca» no es realmente una película sobre las famosas Líneas de Nazca, Damien Dorsaz decide centrarse en contar la historia de María Reiche, la mujer que dedicó prácticamente toda su vida a proteger, estudiar y dar a conocer uno de los mayores tesoros arqueológicos de Perú. Deja un poco de lado el misterio de quién creó las líneas para centrarse en la persona que luchó para que el mundo las conociera.

Sí explica algunas teorías y recuerda cómo durante muchos años hubo quien pensó que habían sido hechas por extraterrestres, pero también muestra la explicación que hoy tiene más peso, fueron creadas por la civilización nazca y que funcionaban como un enorme calendario astronómico, mucho más complejo de lo que parece cuando solo ves sus figuras desde el aire.

Habla de cómo una persona puede encontrar el propósito de su vida casi por casualidad, María, que interpreta Devrim Lingnau y que se apropia del personaje, pasa de ser una profesora en Lima, atrapada en una rutina que ya no le dice nada y sintiéndose sola incluso teniendo pareja, a descubrir en medio del desierto aquello que realmente le da sentido a su vida.

Visualmente es de esas películas que se disfrutan más en una pantalla grande. Aprovecha constantemente la inmensidad del desierto, los tonos ocres, naranjas y dorados, y convierte las propias Líneas de Nazca en un personaje más. Hay planos que se toman su tiempo para contemplar el paisaje y, lejos de hacerse pesados, ayudan a entender por qué María terminó obsesionándose con aquel lugar.

Otro detalle es la mezcla de idiomas, se escuchan lenguas nativas peruanas, pero también alemán, francés e inglés, reflejando cómo la historia de María Reiche terminó siendo también un encuentro entre distintas culturas.

Eso sí, el ritmo es pausado pero que juega a su favor. No intenta convertir la historia en una aventura constante ni en un thriller arqueológico. Va poco a poco, dejando que conozcamos tanto a María como el lugar que terminó marcando su vida. Es específica y seguramente conectará más con quienes disfrutan de este tipo de biografías tranquilas que con quien busque una historia llena de giros.

Donde cae un poco es al final, el conflicto principal se resuelve rápido y con facilidad. Ese desenlace podía haber tenido más peso emocional y justo cuando la historia alcanza su punto más importante, decide terminar antes de tiempo.

«Lady Nazca» funciona muy bien como homenaje a una mujer que cambió la forma en la que el mundo mira uno de los lugares más fascinantes del planeta. Puede que su ritmo pausado no sea para todo el mundo y que el desenlace se resuelva con demasiada rapidez, pero compensa con una fotografía espectacular, una banda sonora que acompaña muy bien el viaje y una protagonista cuya pasión termina siendo contagiosa. Te deja con ganas de investigar más sobre la historia real y sobre el enorme legado que María Reiche dejó en Perú.