'Los Conductos': Cadenas invisibles

'Los Conductos': Cadenas invisibles

3´5 Butacas de 5

Tratar de reponerse al dogma de una secta no es nada fácil. Si a eso le sumamos la capacidad que tienen de manipulación, el haber vivido presionado y bajo los dogmas de unas falsas creencias, el alma del ser humano es capaz de corromperse de tal manera que tratamos de imponer esas verdades dictadas por seres sin sentimiento a los demás.

Los Conductos, primer largometraje de Camilo Restrepo tras un periodo extenso de cortometrajes se ha proyectado en el Festival de San Sebastián. Una apuesta original no solo por su realización en 16 mm sino por la manera que el cineasta colombiano tiene de narrar los acontecimientos. La película narra la vida de Pinky, un hombre que escapa de una secta a la que ha pertenecido y ahora las cadenas invisibles que mantiene en su mente le hacen cuestionarse la vida en la que vive.

Cuestiones dogmáticas, libertad, explotación laboral, Pinky no es libre y lo sabe, por ello el protagonista muestra un desdoblamiento en el largometraje en el que una mitad asesino y otra mitad revolucionaria tratan de imponerse el uno al otro.

El largometraje posee una poesía tan real y magnética que quedamos atrapados en sus pocos más de 70 minutos en el devenir de un hombre que lo único hermoso que le queda es la expresión artística en su trabajo. Un retrato de la propia demencia y enajenación del ser humano que sufre después de haber estado cautivo y preso por cualquier líder de una secta.

Reflexiva, filosófica y una pequeña luz en las tinieblas, así podría definirse en resumidas cuentas Los Conductos, una historia que respira gracias a su protagonista y al magnetismo que le impregna su director.