'Demonic': Revuelto tecno-demoniaco con resultados irregulares

'Demonic': Revuelto tecno-demoniaco con resultados irregulares

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Todas las películas de Neill Blomkamp tienen un fuerte subtexto en forma de alegoría sociopolítica bajo sus premisas de pura ciencia ficción, siempre estimulantes y llenas de ideas, independientemente de sus resultados finales. ¿Qué ocurriría si, como se pregunta en Distrito 9, llegara una nave de refugiados alienígenas a Sudáfrica y se les recluyese en guetos? ¿Cómo reaccionaría el mundo si en un futuro próximo ultra tecnológico, las clases privilegiadas se construyeran un nuevo hogar más allá de la Tierra en el que alejarse de la podredumbre y decadencia que asola el planeta? ¿Qué pasaría si un robot policial diseñado para la represión fuera reprogramado y comenzara a pensar por sí mismo? Aunque este tipo de cuestiones se han diluyendo más en cada una de las películas, siempre habían estado presentes en mayor o menor medida. En Demonic, finalmente, Blomkamp se deshace de las sutilezas y las alegorías para centrarse en experimentar con los géneros.

La historia de Carly (Pope) comienza como una exploración del trauma ultra tecnológica cuando descubre que puede contactar con su madre en coma desde hace años después de haber sido convicta por una serie de asesinatos.  Lo consigue a través de un programa informático de última generación desarrollado por la empresa Therapol, que cree poder sacar a la madre del coma si su hija es capaz de comunicarse con su parte del cerebro que aún sigue activa. El dispositivo permite acceder al subconsciente del paciente en forma de reconstrucción virtual de determinados recuerdos y entornos. Blomkamp emplea esta excusa pseudocientífica para representar el videojuego, no sólo su aspecto visual, sino también su lógica casi onírica, como medio cinematográfico. De esta manera, la protagonista se mueve por esta ensoñación tecnológica buscando el recuerdo de su madre, a la que jura no volver a ver más después de este experimento.

Sin embargo, a pesar de finalmente encontrarla a través de este método, Carly descubre que su madre guarda un secreto que, a media película, recontextualiza todo lo que hemos visto hasta entonces para inmediatamente después dejarlo atrás y saltar directamente al género sobrenatural. Más que una transición a otro tipo de registro parece un corte súbito: pasamos de ver la fascinación del director por las posibilidades de la tecnología como medio comunicador capaz de traspasar cualquier tipo de barrera humana a una desaprensión total por todas estas ideas planteadas hasta entonces en apenas una secuencia expositiva de apenas dos minutos en la que un personaje le dice literalmente a otro que todo se debe a una presencia demoníaca.

En esta segunda mitad, Blomkamp lanza otras cuantas ideas al aire al mismo tiempo que intenta recoger las anteriores, lo que hace que la mayoría de ellas acaben desperdigadas y mezcladas. Sin embargo, considero que esta intención de abarcar todo lo posible a costa de no poder apretar demasiado es un síntoma de ambición que me resulta admirable, a pesar de los resultados irregulares. Creo que debemos celebrar cada intento de un director por aportar y entremezclar ideas visuales y tonales, dejando de lado consideraciones intelectuales que podrían hacer que una película de serie B sin pretensiones solemnes en la que se percibe claramente la presencia de alguien que intenta hacer avanzar al género.