'La Chica Salvaje': La mujer del lago

'La Chica Salvaje': La mujer del lago

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Where the Crawdads Sing, la nueva película de Olivia Newman (First match, 2018) llega a España con el título La chica salvaje, el mismo nombre con el que se editó la novela homónima en nuestro país (que se vendió como la más vendida de 2019 en Estados Unidos) y que nos retrotrae inevitablemente a obras como El pequeño salvaje (François Truffaut, 1970), La tutora (Iván Noel, 2016), Nell (Michael Apted, 1994)o El libro de la selva (Zoltan Korda, 1942), largometrajes que nos presentaban un protagonista al margen de la sociedad cuya realidad se veía trastocada -para bien o para mal- por la civilización. La cinta que nos ocupa lleva consigo muchos de los ingredientes de los ejemplos nombrados, mezclando el carácter etnológico y sociológico de estos con los elementos clásicos del thriller sureño, el drama romántico y el cine judicial.

Aunque si nombramos películas que cuenten con paralelismos con La chica salvaje, no nos podemos olvidar de La mujer del lago (Luigi Bazzoni, Franco Rossellini, 1965), uno de los primeros precursores del giallo italiano -basada también en una novela-. Si en aquella cinta, el protagonista, Bernard (interpretado por Peter Baldwin), se alojaba en un hotel a las aproximaciones de un lago para reencontrarse con un viejo amor y se topaba con la mala noticia de que había muerto en extrañas circunstancias (detonante del misterio que pronto se convertirá en la trama principal de la función), en la cinta producida por Reese Witherspoon, la chica salvaje que da nombre al film (Daisy Edgar-Jones), que vive en las inmediaciones de una marisma, será la principal sospechosa del asesinato de uno de los amantes que protagonizan el pasaje más romántico del drama. En los dos casos, los guionistas de las respectivas ficciones (Luigi Bazzoni, Giulio Questi, Franco Rossellini y Renzo Rossellini en el caso de la película italiana; Lucy Alibar en la norteamericana) se proponen mantener intrigado al respetable hasta el último minuto, consiguiéndolo en ambas ocasiones.

11155000 – WHERE THE CRAWDADS SING

Y es que si hay una virtud remarcable en el relato de Where the Crawdads Sing es su pericia a la hora de conseguir la empatía del público hacia el personaje principal y envolverlo por completo en el misterio que inunda la acción, iniciando la cinta con las consecuencias de un crimen que aún no conocemos en los primeros compases del filme y presentándonos, a modo de flashbacks, a Kya a través de sus diferentes etapas vitales: su dura infancia, su solitaria adolescencia, su turbulenta juventud y su incierto futuro. Así pues, acompañaremos al personaje interpretado por la protagonista de Normal people desde sus primeros días de vida hasta el dictamen del juicio que amenaza su porvenir. Con un montaje que en otras manos podría haber caído en lo caótico, Newman logra mantenernos despiertos, atentos a cualquier detalle que pueda ser útil en el desarrollo y desenlace de esta cinta que mezcla tantos géneros y subgéneros que corre el riesgo de perder el interés de quien la visiona. Por fortuna, esto no sucede en ningún momento, precisamente porque, aunque resulte paradójico, la cinta, en líneas generales, no arriesga; mantiene el equilibrio sobre una cuerda (tal vez demasiado extensa) sabiendo que, si en algún momento cae, la sujetará alguna de las diferentes redes que ha ido urdiendo a lo largo del metraje. Su clasicismo tampoco ayuda a que el cinéfilo más exigente salga del cine plenamente satisfecho, pues no podemos obviar su calidad en cuanto a fotografía, ambientación y todo su apartado visual, pero (y esto no es de extrañar viniendo de la adaptación de un best-seller) tampoco podemos pasar por alto que La chica salvaje se percibe en todo momento como un producto destinado al gran público (sobre todo al espectador asiduo a los thrillers de ciertas plataformas digitales tan populares hoy en día). Esto, dejando a un lado la canción de Taylor Swift que nos acompañará en los créditos finales, se hace notorio en la gazmoñería que caracteriza a este drama romántico juvenil que pide a gritos una temperatura mucho más elevada. Si a todo lo mencionado le añadimos una trama que hemos visto en mil y una ocasiones, nos queda un producto manido, impersonal y medroso pese a sus aciertos rítmicos y visuales.