3 Butacas de 5

Adaptaciones al cine respecto a la novela de Victor Hugo, Los Miserables, han sido numerosas, sin duda. Tantas que hasta uno de los musicales más famosos de los escenarios teatrales proviene de la obra de este autor. Aún recuerdo cuando, en su momento, vi mi primer acercamiento al cine respecto a la historia de Jean Valjean en 1998, con una cinta dirigida por Bille August del mismo nombre y con Liam Neeson como protagonista del relato, además de un reparto inmaculado. De todas las adaptaciones que he visto, esta quizá fue la que más me impactó, quizá por el primer contacto o por lo bien narrada e interpretada que estaba, ante una de esas producciones de Hollywood que ya rara vez se ven. Sí, posteriormente se adaptó el musical al cine, pero con resultados algo desiguales.

Ahora nos llega otra nueva adaptación de la obra de Víctor Hugo, pero con un caso particular: narrar un pequeño segmento de la novela, el cambio de su protagonista. Y es aquí donde nos encontramos con Los Miserables: El Origen (Jean Valjean en original… mucho más acertado), un acercamiento galo al personaje con un carácter mucho más íntimo e independiente.
Francia, 1815. Tras 19 años de condena, Jean Valjean queda en libertad. Rechazado por todos, encuentra refugio en casa del obispo Myriel, su hermana y su sirvienta. Sorprendido por una bondad que no comprende, Valjean deberá elegir entre el odio que lo consume o la posibilidad de redención que se le ofrece.
El punto de partida del que nace este film resulta bastante interesante. Y es que, aunque en la novela se narre el cambio espiritual de su personaje principal, nunca se indaga profundamente en ello, cosa que aquí se profundiza aún más, en especial con sus personajes secundarios. Pues el film, austero en su concepto, solo necesita cuatro personajes y un escenario para desarrollarse y mostrar lo que quiere descifrar del personaje. Podría ser perfectamente una obra de teatro si se lo hubieran propuesto más a fondo.

Cierto es que el film, a través de algún flashback, nos narra las penurias de su personaje principal para ver cómo ha llegado a ser la persona que es, pero lo más interesante está en la iglesia y en la relación entre los personajes. Y aquí es cierto que eché en falta algo más de desarrollo, pues para el ritmo que posee y lo pretenciosa que resulta en su supuesta profundidad… al final se queda en la superficie y en algo que se sobreentiende de antemano.
Salvo alguna salida bastante sorprendente que incluso coquetea con el cine de terror, el film deambula con un ritmo lento y lánguido que, es cierto, el relato pide… pero no especialmente cuando no tienes mucho más que contar. Al menos se agradece que dure poco más de hora y media, porque incluso hay escenas que se alargan de manera innecesaria con elementos que se sobreentienden.

Destacan unas interpretaciones estupendas y un diseño de producción sencillo pero convincente, que consigue que te creas todo lo que ves en pantalla como si estuvieras allí y sintieras el frío.
Poco más puedo añadir a una película que solo narra un fragmento de la novela sin profundizar más allá de lo esperable; y aunque hay ciertos intentos de caminar por pensamientos incómodos, el film navega por un camino amable y apacible que el cine francés sabe hacer a la perfección. Sin ser perdurable, pero haciéndolo bien. Y en ese caso, Los Miserables: El Origen cumple a rajatabla como un producto correcto que no pretende ser una de las mejores adaptaciones del personaje, pero que al menos ofrece una perspectiva interesante.

