3 Butacas de 5

La primera vez que supe algo de El testamento de Ann Lee fue cuando se estrenó en el Festival de Venecia, donde recibió excelentes críticas ante una propuesta que calificaban como única. Y, sinceramente, poco a poco me fue llamando la atención el proyecto al ver sus primeras imágenes (algunas parecían cuadros) e incluso su tráiler, donde se podía ver que mezclaba una película de sectas religiosas con el género musical, una propuesta valiente sin duda. Y precisamente ahora es cuando nos llega a nuestras pantallas esta interesante propuesta interpretada por Amanda Seyfried y con guion del ganador del Óscar por The Brutalist, Brady Corbett. Una vez visionada, desde luego posee momentos que ponen la piel de gallina, pero tiene el problema de que termina por resultar algo monótona.

La nominada al Óscar Amanda Seyfried interpreta a la líder de los Shakers, que predicaba la igualdad de género y social y era venerada por sus seguidores. El testamento de Ann Lee narra su búsqueda por construir una utopía, con más de una docena de himnos tradicionales de los Shakers reinterpretados, con coreografía de Celia Rowlson-Hall (Vox Lux) y canciones y partituras originales del ganador del Óscar Daniel Blumberg (The Brutalist).
El testamento de Ann Lee posee una primera media hora que, desde luego, te atrapa. Y lo hace a través de su mezcla histórica (bueno, lo que se sabe de ella) con rupturas musicales que pillan al espectador por completo desprevenido. Además, lo mejor de todo es que esos momentos de “performance musical” están perfectamente integrados en lo que está contando, porque precisamente es lo que hacían los llamados “shakers”, y por ello se integran dentro del relato a la perfección sin chirriar en ni un solo instante.

Y es que he aquí el principal problema del film, pues una vez vistos dos números… vistos todos. Salvo dos momentos musicales que destacan algo más por encima al ofrecer algo un poco diferente (el solo de Ann con “Hunger and Thirst” o el que encarna Lewis Pullman cual ópera rock), el resto de números musicales, tras esa media hora inicial, siguen el mismo patrón y, pese a la fuerza visual de sus imágenes y música, termina por resultar bastante plana y monótona, sobre todo en un relato que dura 137 minutos.
Ahora bien, hay uno especialmente en sus primeros 15 minutos que es el mejor momento del relato, con un (casi) plano secuencia que crea imágenes brutales, casi como si estuviéramos ante un cuadro, y que resume a la perfección las intenciones de su personaje principal y del propio proyecto en sí.
El problema es que, más allá de eso… no hay mucho más. Cierto es que nos cuenta todas las andanzas de su personaje central, pero apenas vemos una profundización de su personaje, al quedarse en la superficie de algo que podía resultar MUY interesante y que apenas desarrolla. No hay conflictos psicológicos en la trama, y aunque me parece un acierto pleno no juzgar a su personaje, sí que se queda plana en toda su narrativa. Da la sensación de que es un film que muestra sus cartas demasiado pronto y que solo sirve para contar su historia sin profundizar demasiado en ella.
Tampoco ayuda mucho su abuso de la voz en off, clara muestra de que algo no termina de funcionar bien en el relato si la tienes que usar constantemente cuando, verdaderamente, no habría hecho falta salvo en momentos muy puntuales.

Pero al César lo que es del César: el film, visualmente, es magnífico, con un diseño de producción que, pese a su reducido presupuesto, cumple a la perfección (ese Manchester del siglo XVIII); el montaje es excelente, en especial con sus números musicales (el del barco), e intenta dar ritmo al film pese a su narrativa algo plana; y la banda sonora consigue momentos musicales enormes, con algunas canciones que a día de hoy sigo tarareando.
Y luego, interpretativamente, todo el reparto está espléndido, donde Amanda Seyfried lleva la voz cantante con una interpretación maravillosa en la que pasa por todos los estados posibles. De los secundarios, destacar al siempre estupendo Lewis Pullman, con un personaje de lo más agradecido. En ese aspecto, los actores incluso mejoran el libreto con miradas y silencios, algo que el propio guion no siempre consigue desarrollar.
Por tanto, El testamento de Ann Lee es una propuesta interesante, pero que muestra sus mejores cartas demasiado pronto. Ante un tema tan interesante como este, el film se limita a exponer sin profundizar demasiado, y quizás sus 137 minutos resultan excesivos. Aun así, contiene momentos que son para quitarse el sombrero y demuestra una implicación del equipo realmente encomiable.

