'Kill Bill: The Whole Bloody Affair': Después de 23 años sigue arrollando como el primer día

'Kill Bill: The Whole Bloody Affair': Después de 23 años sigue arrollando como el primer día

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Hacía fácilmente unos 15 años que no veía los dos volúmenes de Kill Bill (sí que he vuelto a ver secuencias sueltas) y cuando nos dijeron que nos invitaban a ver la versión de más de 4 horas completa, sin censura y en 70 mm no pudo hacerme más ilusión. Era uno de esos revisados que tenía pendiente desde hacía años y esta ocasión era inmejorable.

Y es que seguramente estamos ante la obra de Tarantino audiovisualmente más potente, arrolladora, excesiva y creativa de toda la carrera del director. La barbaridad de ideas audiovisuales que propuso Tarantino en 2003 fue abrumadora y posteriormente ha tenido un impacto en la cultura popular incalculable.

Ahora 23 años después se nos ofrece la oportunidad de ver la película tal y como la idearon el director y Uma Thurman (recordemos que el guion es una idea de la actriz que luego ambos desarrollaron hasta crear una obra de venganza de más de 4 horas). Esto supone unir en una sola sesión Kill Bill Volumen 1 y 2 (en su estreno se partió en dos películas por cuestiones de distribución), se añaden todas las escenas censuradas (en su momento se quitaron algunas secuencias sangrientas y se puso en blanco y negro parte de la pelea con los 88 maníacos por su cantidad de sangre en pantalla) y se añaden (o quitan) algunas escenas de la película original.

Se podría decir que lo que vimos el pasado jueves 9 de abril de 2026 es la versión definitiva de Kill Bill.

Y hay que decir que la película ha envejecido perfectamente. Sigue fascinando igual que la primera vez con su torrente de ideas, te sigue atrapando con su impresionante ritmo de montaje (lo de Sally Menke en esta peli es de otro planeta), la banda sonora es una sorpresa audiovisual constante y todo el reparto está maravilloso, especialmente una Uma Thurman monumental. Las 4 horas y media se me pasaron volando y que hubiera interludio me recordó a las grandes películas como Lo que el viento se llevó o Doctor Zhivago.  

Los detalles que más me sorprendieron con respecto a lo que recordaba de su estreno en 2003 es sobre todo una escena añadida en el corto animado sobre la vida pasada del personaje de Lucy Liu y sobre todo un cambio importante en el final de la primera parte, y es que en la versión que vimos en los cines en 2003 al final de la primera película, se desvelaba un dato muy revelador del final de la historia que en esta versión se deja para el final. Algo que tiene mucho más sentido y que en su momento solo sirvió de gancho para ver la segunda parte en los cines.

Al final, Kill Bill: The Whole Bloody Affair es una oportunidad única para disfrutar de Kill Bill tal y como se concibió. Yo la he disfrutado muchísimo y ha sido la confirmación de que es una de las películas más innovadoras, arrolladoras y únicas de la historia del cine. Una película que va más allá del metacine creando su propio universo y su propio lenguaje creado a partir de retales de otras obras. Una película donde el cómo es mucho más importante que el qué. Todo un “tour de force” de estilo por parte de Tarantino.

Han pasado 23 años y sigue arrollando como el primer día.  

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