'El Sonido de la Caída': Los ecos de generaciones alemanas

'El Sonido de la Caída': Los ecos de generaciones alemanas

3 Butacas de 5

Puede que una de las cosas que menos me gustó de “Valor sentimental” (siendo exigentes, ya que me parece una buena película) es que parecía que el sentido narrativo y emocional del espacio representado por la casa familiar iba a ser la columna vertebral del filme, pero finalmente quedó diluido, sin ningún interés por parte del director en convertirla en un personaje más.

Quien sí cumple con esta idea es la cinta alemana “El sonido de la caída“: una suerte de relatos de diferentes generaciones de chicas que habitan, con sus decisiones y sus conflictos, dentro de los márgenes de una granja al norte del país germano. A pesar de estar separadas por el tiempo (no así por el espacio), el reflejo de sus acciones traza paralelismos entre las protagonistas, dando pie a una reflexión interesante sobre el papel de las mujeres en la sociedad a lo largo de los años. Ese mismo espacio en el que viven funciona a la vez como una liberación y una jaula: en él vemos sus mejores momentos y cómo se va deteriorando, quizá al mismo ritmo que las personas que lo habitan.

La segunda película de la directora Mascha Schilinski ofrece una especie de fantasmagoría, con una puesta en escena muy estilizada, donde se sirve de la contención y de las miradas de sus personajes: a veces sensual, a veces vibrante y otras, algo tediosa. El resultado general es irregular, pero se agradece su ambición al querer contar una pequeña gran historia sobre distintas generaciones alemanas en un entorno rural.

Quizás su deleite por la imagen haga disfrutar a los amantes de la estética, pero los abruptos saltos en el tiempo y el desarrollo de las tramas paralelas tienen buenos momentos según el personaje y otros menos logrados. No está a la altura de lo mejor del cine europeo al estilo de Haneke y derivados, pero es cierto que Mascha Schilinski cumple con nota para ser todavía una directora novel: tiene una carrera muy prometedora, habiendo sido ya seleccionada en Cannes y en Berlín.

El elenco es uno de los grandes aciertos: están todos fabulosos, desde protagonistas hasta secundarios o incluso figurantes con frase. Hanna Heckt, Lena Urzendowsky, Laeni Geiseler, Susanne Wuest, Lea Drinda y Luise Heyer destacan por su naturalidad; parecen personas reales y no rostros esculpidos para la gran pantalla. Transmiten emoción y trauma, y la imagen —cargada de poesía y retórica visual— se impregna de ello, con un tempo calmado que va atrapando al espectador como si se hundiera en el lodo.

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