3’5 Butacas de 5

Cuando me acerqué al pase de prensa de El Beso de la Mujer Araña, entré sin ninguna expectativa y sin saber absolutamente nada sobre ella. Es cierto que su título me sonaba mucho, pero no caía en qué… y, una vez finalizada la proyección, me puse a buscar y ya entendí todo. El Beso de la Mujer Araña está basada en una famosa novela del escritor argentino Manuel Puig, muy reconocida internacionalmente, de la cual se ha hecho alguna que otra adaptación al cine y de la que había oído hablar muy bien (por desgracia, no me la he leído aún). Bien, pues hete aquí que existe una adaptación de la novela al musical de Broadway, y es por eso que nos encontramos aquí con el estreno de esta adaptación del musical, dirigida por el (soso) Bill Condon. Y tengo que decir que me he llevado una gran sorpresa.
Valentín, un preso político, comparte celda con Molina, un escaparatista condenado por escándalo público. Surge un vínculo entre ellos mientras Molina relata la trama de un musical de Hollywood protagonizado por su diva favorita, Ingrid Luna.

Me llevé una gran sorpresa porque desconocía absolutamente todo de la obra y, claro, encontrarme con un film que mezcla cine político y social con un musical como los de antaño no me lo esperaba en absoluto. Y hay que decir que, aunque parezca mentira… funciona. Y lo hace por contraste: entre esas cuatro paredes grises de la celda que comparten sus protagonistas y el color exultante de la época dorada de Hollywood, integrándolo bien en la historia que comparten sus dos personajes principales.
Por eso, la mezcla entre el drama carcelario con crítica política y social y el musical más puro termina por dejarte embelesado, pues incluso en ritmo funciona la mayor parte del tiempo, manteniéndose sólida y saltando de uno a otro con gran eficacia para que el espectador permanezca atento ante la pantalla. Ese contraste entre ambos consigue mantener el interés del espectador, pues si no estamos en la relación de sus dos protagonistas (que funciona bastante bien), estamos en el musical más puro.

Ahora bien, las posibilidades del proyecto se ven mermadas por una puesta en escena de lo más anodina y desaprovechada. Y es que tras las cámaras está Bill Condon, uno de los directores más impersonales y sosos que hay en la actualidad, que aquí hace su mejor película desde Kinsey… en 2004. Y el mérito precisamente no es suyo, sino del material del que parte, porque, respecto a la puesta en escena, desaprovecha tanto que da hasta rabia pensar que podríamos estar ante un musical brillante y excelso, incluso uno de los mejores del año, y se queda en simplemente correcto.
Y lo digo porque da la sensación de que las escenas musicales se desaprovechan hasta un límite atroz. Las coreografías se sienten desaprovechadas y el montaje en los bailes, aunque alguno funcione más que otro, se siente por momentos falto de energía, si no fuera por la fuerza que imprimen la banda sonora y los actores. Vale que el diseño de producción es sencillo y que la propuesta juega con eso (como si fuera un escenario de Hollywood), pero da la sensación de que se desaprovecha muchísimo el gran material que tiene entre manos.
Ahora bien, de Bill Condon hay que destacar que al menos sabe sacar partido de sus actores (aunque en los casos de Crepúsculo y La Bella y la Bestia no sé qué decir…), y en este caso lo consigue. Sobre todo gracias a un MARAVILLOSO Tonatiuh Elizarraraz, que consigue sostener la película entera sobre sus hombros, manejando un tour de force espectacular y de presencia magnética. Un gran acierto de casting confiar en una cara más o menos desconocida, del que esperemos ver más trabajos en el futuro con el talento que desprende. Del resto, decir que Diego Luna está estupendo y que Jennifer Lopez saca partido de lo que sabe hacer: bailar y cantar, y desde luego está imponente en muchos momentos.

Respecto a la banda sonora, tengo que decir que me ha parecido maravillosa, fusionando el Hollywood dorado de los musicales con aspectos latinos que le sientan de fábula al film e incluso al contexto en el que se desarrolla. Y lo cierto es que se agradece mucho el buen gusto de sus canciones y de la propia banda sonora, sólida como una roca y de gran fuerza, de esa clase que poco a poco se ha ido perdiendo en el cine y que esta cinta intenta recuperar.
Bien es cierto que se alarga un poco más de la cuenta al extender un epílogo (de unos 10 minutos aproximadamente) que, en opinión de un servidor, resulta innecesario (no así el número musical final, completamente necesario), sobre todo porque, al fin y al cabo, tampoco termina de aportar tanto, resultando demasiado redundante cuando ni siquiera era necesario (ahora bien, desconozco cómo es el original).
Por tanto, El Beso de la Mujer Araña me ha supuesto una pequeña sorpresa al no esperar nada de ella. Un musical clásico dentro de una película social y política cuya mayor lacra es la impersonal puesta en escena de su director, Bill Condon. Y, pese a todo, consigue su mejor película en más de 20 años gracias al material del que parte, que no es poco. Una estupenda película que, pese a sus imperfecciones, supone un soplo de aire fresco para la cartelera y que seguramente sea el musical más destacable estrenado este año.

