4 Butacas de 5

Rodrigo Sorogoyen es uno de los mejores cineastas españoles en activo. Es así. Todas sus obras, 6 largometrajes y 2 series, son de los mejores proyectos recientes producidos en nuestro país. Palabras mayores. Ahora compite por primera vez en el Festival de Cannes tras presentar fuera de competición la multipremiada As Bestas (2022), que cuenta la historia de un famoso director (Javier Bardem) que rueda Desierto, una película protagonizada por su hija (Victoria Luengo), a la que lleva sin ver 13 años.
Pantalla en negro. 3 nombres (director y protagonistas). Pantalla en negro. Y entonces, empieza una secuencia de 18 minutos en un restaurante que se te queda grabada en la memoria desde nada más empezar. Desde el minuto 1, el cineasta madrileño te induce en una atmósfera opresiva, como las de sus anteriores trabajos, que no se levantará en ningún momento durante la película.

Si algo podemos observar ya en esa primera escena, es lo increíbles que están sus actores. Ya sabíamos que Javier Bardem y Victoria Luengo eran geniales en su trabajo, pero con unas interpretaciones plagadas de matices, gestos y miradas, se colocan a un nivel pocas veces vistos previamente en su carrera.
La película sigue y crece en escala rápidamente. De repente, vemos cómo empiezan a cambiar los formatos, incluso de color a blanco y negro. Y ahora el escenario es el set de rodaje de una película, del que prácticamente ya no nos separaremos en lo que queda de film. Cuando quieres darte cuenta, los créditos entran bajo la breve pero inmensa música de Olivier Arson.
Sin duda alguna, El ser querido golpea con fuerza. Se aleja mucho tonalmente de esa Sentimental value que tanto se menciona estos días, que aunque comparten sinopsis, no pueden ser más diferentes. Aquí el intenso libreto de Isabel Peña y el propio Sorogoyen lleva rápidamente todo por un camino más oscuro.

Lo más sorprendente de la película es su voluntad de reflexionar sobre las relaciones de poder dentro del proceso artístico (o en general, en la sociedad patriarcal en la que se criaron -y aún continuamos, de alguna forma-), siendo Esteban Martínez (Bardem) un director que justifica tratar mal a su equipo, perfectamente ejemplificado en una magnífica secuencia relacionada con una escena de comida, para el bien de una obra que en realidad no hace más que contaminarse de la insana relación entre él y su hija.
Esto va de la memoria, sí, pero también va del ahora. De cómo esa mochila que cargamos se refleja en nuestros actos (artísticos) presentes, y que el esfuerzo para hacerlos desaparecer es titánico y a veces inútil, a fin de cuentas.
En general estamos hablando de una película poderosísima, con ideas geniales y técnicamente brutal, pero surgen diferentes peros. Porque da la sensación de que todo está construido para llegar a ciertas secuencias clave, visualmente insuperables y donde hay un gran momento para los actores, mientras que hay otras partes de la película que parece que no importan tanto, o al menos el guion no se esfuerza en reforzar a los personajes secundarios de estos momentos.
Lo que hay que dejar claro es que esto está a la altura de lo que cabía esperar, siendo un ejercicio super interesante y estimulante que dialoga muy bien con la película de Joachim Trier pero también con Amarga navidad, que de alguna manera, roza en algunos momentos unos cuestionamientos compartidos.
El ser querido, que puede que no sea el mejor Sorogoyen, sí es la demostración del excepcional estado del cine español, con nivel digno de competición en Cannes, y muy probablemente optará a todas las categorías posibles en los próximos Goya. Se estrena el 26 de agosto en salas españolas.

