'Backrooms': en los límites de lo real

'Backrooms': en los límites de lo real

4 Butacas de 5

Todo comienza en 2017 con una habitación, un ordenador y la mente inquieta de un joven de doce años. Kane Parsons no dio inicio al movimiento backrooms (que ya había enraizado en algunos foros de la red internet más profunda), pero sí supo expandirlo y dar con la clave de su complejo mecanismo: el extrañamiento de lo cotidiano. Con 21 años, estrena su primer largometraje, Backrooms, la adaptación del fascinante y tenebroso universo de los espacios liminales.

Una extraña puerta aparece en el sótano de una exposición de muebles. Cuando el paciente (Chiwetel Ejiofor) de una terapeuta (Renate Reinsve) desaparece en una dimensión más allá de la realidad, ella deberá adentrarse en lo desconocido para intentar salvarlo.

Backrooms es una película extraña. Kane Parsons sumerge al espectador en un ambiente insano, donde bastan ciertos objetos comunes ubicados donde no deben para infundir el terror. Su mayor acierto es el de no precipitarse; sabe construir una atmósfera opresiva a base de paciencia y extrañamiento “cotidiano”. Cuando llevas un buen rato inmerso a la película, por momentos cuesta diferenciar la backroom del mundo supuestamente real, pues la mayoría de los objetos y personas en esta cinta son inertes, están huecos por dentro.

La película se vale de diferentes texturas, ente lo analógico, lo digital y lo creado por ordenador para retratar un espacio indescriptible. En Backrooms los personajes se encuentran en un laberinto emocional y físico; de hecho, la backroom no es más que una metáfora del bucle vital que habitan. No hay alivio, no hay respuestas simples, la película transita espacios liminales y sitúa al espectador en un lugar extraño en el que no puede agarrarse a nada, pues todo es susceptible de representar una amenaza.

Quizá, su punto más débil sea la presentación de la criatura. Una de las características fundamentales de estos espacios liminales es que están habitados por una entidad que persigue a aquellos que se adentran en sus profundidades. Pues bien, lo que en los cortometrajes de YouTube era una amenaza sin una forma concreta que acecha, pero no se llega a ver, aquí adquiere, por un momento, la morfología deforme de uno de sus protagonistas. Algo aterrador, pero que no deja de asemejarse a las formas alargadas e inestables una y otra vez exploradas por el cine de género.

Backrooms es un reflejo del desasosiego y el desamparo en el que se mueven hoy en día los individuos; una película que demuestra la capacidad creativa y sugerente de un joven director que, si se lo permiten, promete seguir explorando los límites de lo real.

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