3’5 Butacas de 5

En pleno 2026 es raro encontrarte una película original, no porque no existan buenas películas, sino porque casi todo parece una variación de algo que ya vimos antes. Por eso sorprende encontrarse con “Una pistola, una bala y un oso panda”, una comedia española dirigida por Oriol Cardús que, apuesta por una idea completamente absurda pero que funciona mucho mejor de lo que debería.
La historia sigue a Saúl, interpretado por Alain Hernández, un director de cine frustrado que recibe un misterioso paquete. No sabe quién se lo ha enviado ni qué significa exactamente, pero a partir de ese momento se obsesiona con cumplir un objetivo que poco a poco lo va arrastrando a situaciones cada vez más surrealistas. Como si eso no fuera suficiente, un oso panda filosófico aparece en sus sueños para darle pistas y empujarlo a seguir adelante.

Lo mejor que tiene es que sabe exactamente qué quiere ser. No intenta convertirse en un drama, ni meter subtramas innecesarias para parecer más profunda de lo que es. Desde el principio deja claro el tipo de historia que quiere contar y va directa al grano, eso hace que el ritmo sea muy ágil durante buena parte del metraje.
La comedia entra bastante bien, no busca la risa constante cada treinta segundos, sino que juega más con las situaciones absurdas y con la personalidad de los personajes. Hay una secuencia relacionada con el robo a un banco que para mí es fácilmente lo mejor de toda la película. Ahí es donde el humor encuentra el equilibrio perfecto entre lo absurdo y la lógica de la historia. Además, es una comedia muy familiar, de esas que puede disfrutar prácticamente cualquiera sin necesidad de recurrir al humor subido de tono.

También funciona el componente de metaficción que atraviesa toda la película. Oriol Cardús aprovecha la historia para hablar de algo que conoce bien, lo complicado que es sacar adelante un proyecto audiovisual. Hay varios momentos donde se percibe una reflexión sobre las dificultades para conseguir financiación, apoyos o simplemente la oportunidad de contar historias propias.
En cuanto al reparto, Alain Hernández carga gran parte del peso de la película, se sabe que es un actor capaz de moverse entre registros muy distintos y aquí vuelve a demostrarlo. Consigue que un personaje que podría resultar irritante por momentos termine siendo bastante entrañable. Le acompañan José Troncoso y Teresa Ferrer, que forman el dúo más divertido de toda la película, cada vez que aparecen juntos elevan la energía de la escena y tienen una química muy natural.

No todo funciona igual de bien, hacia el último tramo la película pierde algo de fuerza y da la sensación de que está estirando un conflicto que ya había dicho prácticamente todo lo que tenía que decir. Durante varios minutos parece quedarse atascada antes de encontrar la forma de llegar al desenlace. Por suerte, la resolución llega relativamente rápido y evita que esa sensación termine pesando demasiado.
Al final, “Una pistola, una bala y un oso panda” es una de esas películas que ganan puntos simplemente por atreverse a hacer algo distinto. En una época donde muchas películas parecen hechas siguiendo una plantilla, encontrarse con una propuesta consciente de su propia locura se agradece.

