3 Butacas de 5

La prosa sobria de la primera novela de Kazuo Ishiguro se traduce a la pantalla en Pálida luz en las colinas, un relato de una mujer en dos tiempos distintos, marcados por diferentes contextos y formas de adaptarse a la vida. En el presente, Etsuko es una madre retirada en Inglaterra, dudando de qué historia contarle a su hija cuando le pregunta sobre su pasado en Nagasaki. Y en aquel pasado, Etsuko es una mujer joven y casada, esperanzada por su embarazo y con buena disposición incluso viviendo en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Kei Ishikawa presenta antecedentes de manera parsimoniosa para que vayamos completando el puzzle de quién es esta mujer, generando que el público se identifique con la hija que sospecha que hay más ahí de lo que se nos está diciendo. La relación de Etsuko con su embarazo, con la radiación que azotó a su ciudad y con una misteriosa vecina que quiere migrar, son aspectos que aún reverberan en su presente, y un par de giros de guion que tratan al espectador con inteligencia logran que dichos recuerdos se transformen en algo distinto y reformulamos una historia contada con elegancia, aunque quizás con demasiada distancia como para provocar mayores reflexiones.

