'Normal': en este pueblo nunca pasa nada

'Normal': en este pueblo nunca pasa nada

2’5 Butacas de 5

Un pueblo en apariencia normal; unos habitantes que lidian con la decadencia mientras recuerdan con melancolía los buenos tiempos; un sheriff amable que lidia con problemas menores; todo parece predispuesto a que no pase nada hasta que… una amenaza latente urde sus hilos en las sombras. El punto de partida de Normal se asemeja al de muchas otras películas que se atrevieron a recorrer el mismo camino. En este caso es Ben Wheatley quien se pone al mando de esta nueva versión de: “En este pueblo nunca pasa nada, la película”.

Tras la prematura muerte del sheriff de Normal, un pequeño y tranquilo pueblo, Ulises (Bob Odenkirk) ocupa el puesto de sheriff en funciones. Todo marcha con relativa normalidad hasta que, una pareja de forasteros atraca el banco de la ciudad desvelando el secreto mejor guardado del pueblo. Todos sus habitantes están dispuestos a hacer lo que sea necesario para que ese secreto siga manteniendo su exclusiva condición. En medio de todo el entuerto, Ulises, que hasta ahora únicamente se había preocupado de huir de los demonios de su pasado, deberá tomar una decisión y luchar por sobrevivir entre tanto secreto.

Normal arranca como un capítulo perdido de la serie de televisión Fargo (Noah Hawley, 2014); un pequeño pueblo nevado compuesto por un puñado de personalidades a cada cual más peculiar en el que todos esconden secretos y nadie quiere que se altere su normalidad. Sin embargo, lo que podría haber sido un conato de comedia negra, se convierte, de repente, en un festival de acción sangriento. Ben Wheatley y Bob Odenkirk, quien firma también el guion, se las apañan para entregar al público una película entretenida, pero, en el fondo, vacía.

El grupo de personajes que componen este pueblo tan peculiar se quedan reducidos a caricaturas, meras anécdotas con extremidades dispuestas a ser acribilladas por nuestro inquebrantable y perturbado protagonista. Pese a su escasa preocupación por los personajes, Ben Wheatley se las arregla para componer escenas de acción que respetan las reglas clásicas y ofrecen un espectáculo digno de cualquier película de acción.

Normal no se atreve a explorar esas aristas que la hubiesen convertido en un plato más suculento, sin embargo, nada que reprochar a una película sin pretensiones que sabe sacar partido de lo poco que tiene.

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