3 Butacas de 5

“Hermanos” no es una película original; es una película honesta. Dependiendo de lo cerca o lejos que te quede la realidad que retrata, sentirás más o menos empatía por sus protagonistas, ya que están tan bien construidos que los adolescentes en pantalla encarnan todos los estereotipos, contradicciones y errores propios de esa edad.
La premisa es interesante y universal: ¿dejarías tirados a tus colegas por una chica? Y precisamente de eso habla la película: de amistad, amor, prejuicios, racismo y lucha de clases.
Carol Rodríguez Colás y Marina Rodríguez Colás escriben y dirigen esta historia desde las entrañas. Tres amigos son invitados a una fiesta organizada por un grupo de jóvenes de clase alta de Barcelona, algo que, por su condición de hijos de migrantes y su posición social, parece casi un acontecimiento imposible. Ayman ayuda a su madre en trabajos de limpieza y, en uno de esos chalés de lujo, conoce a una chica que termina invitándolo a él y a sus amigos al cumpleaños.

La mayor parte de la película es un viaje por la Ciudad Condal para llegar a tiempo a la fiesta con un regalo bajo el brazo y la intención de pegarse la gran jugada a costa de los ricos, procurando no llamar demasiado la atención y con el objetivo personal de Ayman de conquistar a la cumpleañera.
Durante este recorrido iremos conociendo a los tres protagonistas, sus diferencias, las tensiones que arrastran y las viejas rencillas que todavía no han resuelto. Todo ello en un entorno donde la policía se muestra hostil y las tribus urbanas funcionan como un refugio. Estamos ante una historia generacional que conecta especialmente con una nueva juventud. El espectador debe entrar en ese universo y aceptar sus códigos; de lo contrario, difícilmente disfrutará de la película.

A nivel fotográfico, la factura es excelente. Las numerosas localizaciones naturales, los exteriores nocturnos y una iluminación muy cuidada construyen una estética que, por momentos, recuerda al Gus Van Sant de sus películas más adolescentes. La imagen mantiene un alto nivel de calidad durante todo el metraje y, gracias a una planificación muy sólida y una notable atención al detalle, Barcelona adquiere una textura casi tangible.
Sin embargo, si hay algo que sobresale por encima del resto es el reparto. El casting está magníficamente elegido y todos los intérpretes resultan convincentes en sus personajes. Especialmente meritorio es el trabajo de los debutantes Badr Oubahassou, Pau Márquez y Omar Mills, que demuestran una naturalidad sorprendente delante de la cámara. No es sencillo debutar en cine con semejante solvencia, y precisamente por eso su trabajo tiene aún más mérito.

En líneas generales, las hermanas Rodríguez Colás firman una buena película. No reinventa el género ni plantea grandes novedades, pero sabe retratar la adolescencia contemporánea con honestidad y sensibilidad. Quizá su desenlace pueda parecer algo ingenuo, pero eso no empaña el conjunto. Ojalá encuentre el reconocimiento que merece en taquilla, porque es una película que, sin hacer ruido, tiene mucho que decir.

