3 Butacas de 5


En 2017, poco menos de dos años antes de que se emitiera el episodio final de The Big Bang Theory, se estrenó el primer spin-off de la serie, El joven Sheldon, ya con vistas a continuar aprovechando el tirón del universo más allá de su línea principal. Y funcionó muy bien.
7 años después, en 2024, finalizó tras 140 episodios la historia del joven que se convertiría en físico teórico, que había enganchado a las pantallas a muchísima gente fan o no de la original, lo que llevó a dar luz a un spin-off del spin-off: El primer matrimonio de George y Mandy, que está a punto de lanzar su tercera temporada.

Ahora, en julio de 2026, se estrena la tercera derivación de la serie que mezclaba el orgullo friki y las sitcoms de amigos (claramente influenciadas por Friends), siendo Stuart no consigue salvar el universo la apuesta más loca que podrían haber decidido tomar, y el resultado es tan divertido como irregular.
Mucha gente critica a El joven Sheldon por tirar hacia un terreno dramático (siendo una serie cómica por encima de todo), y relajando la supuesta dureza de la infancia en la casa de los Cooper de la que tanto se había bromeado. Y esto, aunque fuera un error de continuidad, hizo que mucha gente conectara con los personajes, elevándola no a nivel de cantidad de audiencia, pero sí de feligresía, de la original.
Por eso es tan extraño que decidan coger a unos personajes recurrentes, pero menos carismáticos y lanzarles en un viaje multiverso antes que arriesgar menos con otra precuela cuyo éxito sería instantáneo. Y es bonito ver esa apuesta original, que sí, es loca, pero tiene mucho sentido si conoces a los personajes. Porque al final de lo que trata esta nueva serie es del frikismo, de referenciar a obras pop y de entretener.

Para mí el problema llega con los cameos y referencias continuas a la serie original. Algunos tienen una explicación o una continuidad, pero muchos se sienten gratuitos y no tienen una explicación, con secuencias o capítulos enteros escritos para que ellos tengan su momento.
En ningún momento hay una continuidad importante (se supone que la serie va de salvar el universo, pero en realidad nunca pretender resolver eso), y se conforma con hacer capítulos que siguen en parte una trama, pero que cambian radicalmente, como en la mayoría de sitcoms.
Tampoco funcionan todos los universos que visitan, algunos con ideas muy chulas pero peor desarrollo y algunos que directamente no hacen demasiada gracia, aunque he de decir que quedan en el recuerdo y abren una bonita (y divertida) puerta al final.
En general es un buen producto de entretenimiento, que arriesga algo pero tampoco tanto como parecía. Gustará a los fans, y eso ya la hace recomendable.

