‘Notas sobre un verano’: Gijón con filtro de Éric Rohmer

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Es curioso, cómo en ocasiones, la cartelera logra unir propuestas que en principio parecen ser completamente independientes, pero luego representan una misma esencia cinematográfica. En esta ocasión, nos encontramos con «Notas sobre un verano«, dirigida por Diego Llorente, y «Las chicas están bien», obra de Itsaso Arana. (¡Te invito a hacer una doble sesión con una copa de vino!).

El séptimo arte adopta una amplia gama de formas y estilos. Si bien es cierto que la mayoría del público está familiarizada con la vertiente narrativa predominante, hay otras que son menos conocidas (pero igual de estimulantes) y que tienen otras finalidades a entretenerte contándote una historia.

“Notas sobre un verano» es una manera de encapsular el tiempo, de atrapar la vida, acariciando momentos fuera de los márgenes de la convencionalidad del mercado, para proponernos una serie de escenas naturalistas que capturan la viveza de sus personajes. Aquí, el interés no radica en las tramas o los puntos de giro, si no en la verdad de la vida misma.

Marta aprovecha sus vacaciones de verano para regresar a Gijón, un fenómeno bastante común en aquellos que han buscado su camino lejos de su ciudad natal. Después de conseguir cierta estabilidad en Madrid, es vista como una chica cool que está más fuera que dentro de su círculo de amistades. Sin embargo, la visita a sus padres le plantea lo idílico de volver a casa: reencontrarte con tu cuarto de teeneger, que tu madre te haga la cena todas las noches, volver a disfrutar de las fiestas de tu pueblo y reencontrarte con tu ex. Esto último es el punto más relevante en términos de relato, ya que Marta tiene pareja y estaba a punto de dar el paso para irse a vivir juntos. Convirtiéndose por momentos en una historia que gira entre el triángulo amoroso, la lucha entre la expectativa y realidad, y el choque entre el pasado y el porvenir.

Katia Borlado realiza un trabajo excepcional, ya que la película descansa sobre sus hombros, apareciendo en todas y cada una de las secuencias. Ofrece constantemente lo que el director requiere de ella, en un ejercicio de honestidad y valentía brutal. Da su máximo esfuerzo en cada escena y toma de la película. No importa si se necesita intensidad o ligereza, si trabaja en primer plano o en plano general, el resultado es magnífico. En ciertos momentos, parece que el personaje y la actriz se fusionan en un proceso de casting que ha funcionado de manera brillante. Y todo esto lo logra sin excesos ni sobreactuación, dando en el blanco de manera precisa.

La belleza de esta película reside en los matices y las sutilezas, en las sugerencias que se encuentran en la mirada de Borlado. No reside tanto en lo que dice, sino en lo que no dice; en lo que su cuerpo transmite con una gama de sabores y matices tremendamente atractivos. Ya tengo mi atención puesta en sus futuros trabajos, y tú deberían hacer lo mismo.

He disfrutado mucho con la puesta en escena de Diego Llorente en «Notas sobre un verano«, ya que aborda cada momento con ligereza y naturalidad, empleando una planificación meticulosa. El cineasta demuestra una habilidad destacada para seleccionar el plano adecuado que capture de manera efectiva cada escena, jugando con tomas prolongadas, planos secuencia, metáforas visuales y evitando la música extradiegética. Además, su enfoque en el montaje, basado en la yuxtaposición de planos, da lugar a interesantes dinámicas para el espectador.

Nos encontramos ante el triunfo del cine de autor, lejos de los márgenes del blockbuster, un cuento estival que estimulará tus sentidos. Una pequeña trufa para que quienes disfruten con los placeres más sencillos de la vida. Aférrate a ella con firmeza, porque como el verano, se desvanecerá antes de que te des cuenta.

‘No se admiten perros ni italianos’: El Cine Stop Motion nunca ha tenido más vida

El cine de animación no es un género, es un formato. Es decir, un estilo o manera de contar con unos mecanismos únicos y propios para narrar historias. En este caso, No se admiten perros ni italianos es una cinta en Stop-Motion que utiliza estos recursos para elevar su relato. No se podría haber contado de mejor manera.

Alain Ughetto es un creador especializado que realiza aquí su segundo trabajo como director, en lo que se puede considerar su largometraje más íntimo y personal.

Conociendo su historia, y lo hacemos bien gracias a la película, parece que lo matérico, el trabajo manual y la actitud frente a la vida se lo debe a sus raíces, una dinastía de italianos luchadores que se ven obligados a sobrevivir en Francia, superando todo tipo de conflictos laborales, bélicos, históricos o románticos.

Ughetto realiza un trabajo de metaficción donde propone un juego interesante con el espectador, ya que por momentos nos introduce a los personajes de su linaje y por otro nos descubre el hecho cinematográfico, siendo sus propias manos quienes ayudan a las figuras de stop motion a ser vestidas, realizar construcciones escenográficas o disponer elementos del atrezzo. Todas estas interacciones nos muestran el making of y la artesanía de esta manera de hacer cine. De la misma manera que propone el cine como mecanismo artesano, un medio que te mancha las manos y te da la posibilidad de crear vida e historias donde no las hay.

No se admiten perros ni italianos nos cuenta no solo la historia de los Ughetto si no de la Europa de finales del XIX y principios del siglo XX.

La abuela interpela a su futuro nieto mientras nos traslada a su pueblo natal en el frío norte de Italia, un lugar pobre e inhóspito donde la vida no es fácil, aunque se afronta de forma vitalista siendo las tragedias recibidas con naturalidad y con cierta nostalgia de los momentos buenos.

Luigi es el patriarca (y abuelo del director), un hombre siempre ataviado con un mugriento sombrero que tiene que tomar una difícil decisión para la supervivencia de los suyos. Como la región se había vuelto muy difícil, sin trabajo ni recursos, decide que los Ughettos merecen una vida mejor y peregrinar al extranjero y cruzar los Alpes para llegar a Francia.

Estamos ante un drama histórico coral que no es condescendiente con el público ya que trata temas de tan lastimosa actualidad como el racismo, la xenofobia y la violencia. Cuando te hace reír funciona muy bien y cuando te emociona lo hace fenomenal.

La repercusión de este tipo de películas europeas, poco reconocidas a nivel internacional, es poca para la calidad que ofrecen por lo que merecen toda la visibilidad que le podamos dar. No todo el cine de animación son secuelas de Shrek ni películas para niños. No se admiten perros ni italianos es una de las películas más crudas y potentes que he tenido el placer de ver este año.

El diálogo de Ughetto con sus orígenes, siendo un nieto que hace una relectura de su árbol genealógico, puede hacer resonar a muchos sus propias historias familiares y recordarnos los acontecimientos ocurridos en Europa el siglo pasado. Un homenaje que emociona, con un valor personal y universal.