Alice Krige y Nick Antosca, premiados con la Máquina del Tiempo de Sitges 2021

Los directores de ‘Luzifer’ (Peter Brunner) y ‘Sound of Violence’ (Alex Noyer) visitan Sitges para presentar sus respectivas películas.

Las dos últimas jornadas han llegado cargadas de títulos muy esperados por los seguidores del Festival como el thriller de viajes en el tiempo Last Night in Soho de Edgar Wright o la tailandesa The Medium (Rango-zong), de Banjong Pisanthanakun, director de la notable Shutter en 2004. El Festival demuestra, un año más, ejercer de espejo en la trayectoria de muchos directores de género que una vez han debutado en Sitges y se han ganado el corazón del público, se quedan aquí para siempre.

Ayer miércoles estuvo marcado por la visita del director, escritor y guionista Nick Antosca, creador de universos fantásticos terroríficos como los de la serie Channel Zero, que lo puso en el punto de mira, y autor de novelas escalofriantes como Picnic a la luz de la luna. Antosca desembarcó en Sitges para recibir el premio Máquina del Tiempo y defender Antlers (Criatura oscura), película de Scott Cooper donde ejerce de guionista. El mismo galardón se ha librado hoy también a Alice Krige, actriz reconocida por su debut en los Carros de fuego de Hugh Hudson en 1981 y para dar vida a la reina Borg en Star Trek: Primer contacto (1996), entre otros. Krige, que ha participado en un encuentro con el público dentro del marco de actividades de industria, ha comparecido también en la rueda de prensa de She Will, película que protagoniza, acompañando a la directora Charlotte Colbert, donde ha manifestado emocionada su agradecimiento por el premio: “Cuando me enteré, no me lo esperaba, ni siquiera esperaba que alguien hubiera visto mis trabajos. Me emociona mucho que venga de un país como el vuestro donde hay una cosecha de cine extraordinario con películas tan inusuales, provocativas y extrañas”. Colbert, por su parte, ha hablado sobre la película que dirige: “She Will está rodada en el norte de Escocia, al lugar donde vivió la última mujer quemada señalada de brujería. Tres mil mujeres fueron condenadas en aquella época por no encajar en el sistema. Una tragedia que se podía sentir en la energía que rodeaba el ambiente mientras rodábamos”.

Las proyecciones no paran en Sitges. Debuts como el de Camille Griffin en Silent Night, una obra navideña cargada de humor negro donde destaca la actriz Keira Knightley, el Vampir de Brank o Tomovic que reimagina la figura del vampiro en la Serbia rural, el contundente rape & revenge de Violation de Madeleine Sims-Fewer y Dusty Mancinelli o el mundo de fantasía con metáfora psicológica en The Blazing World (Carlson Young), han convivido con las criaturas extraordinarias de Freaks Out, la segunda aproximación al fantástico del director de Le llamaban Jeeg Robot, Gabriele Mainetti, una de las sorpresas del Sitges 2015, el retorno de Mickey Keating con Offseason, una pesadilla con guiño al universo de horror cósmico de Lovecraft, la estimulante visión de Bertrand Mancido en la ciencia-ficción francesa After Blue, o Inexorable , la última obra de Fabrice Du Welz, un habitual de Sitges artífice de títulos como Calvaire (2004), Vinyan (2008), Alleluia (2014) o la más reciente Adoration, premio especial del jurado y Mejor fotografía en Sitges 2019.

Durante las últimas 48 horas se han llevado a cabo en Sitges actividades que centran todas las miradas de la Industria en el Festival costero. Siguen las presentaciones de largometrajes en el Sitges Pitchbox, marco en el cual ayer tuvo lugar el nuevo Showrunners Lab, un seminario introductorio a esta figura mediante una mesa redonda y sesión de mentoring llevada a cabo por Nick Antosca, Jannik Tai Mosholt y Teresa Fernández-Valdés. También se llevó a cabo el Producers Meet Producer s organizado por el Festival en asociación con la PAC (Productores Audiovisuales de Catalunya) y la presentación de la “Guía por la incorporación de criterios de sostenibilidad en películas y rodajes” con la presencia de Carlota Guerrero (Presidenta de la Catalunya Film Comission), Miquel Curanta (Director del Institut Català de les Empreses Culturals, ICEC), Luz Molina (asesora letrada y responsable de la European Green Screen Project en Promálaga) y Albert Battochi (comisario cinematográfico en la Trentino Film Fund and Comission).

En cuanto a las actividades paralelas, se han presentado en la carpa FNAC en las últimas horas los libros El almanaque del video. Historia oral de la era del videoclub de Xavier Sánc hez Pons, Terror sobre ruedas de Enrique Agudo, Fantasmas. Relatos victorianos y eduardianos así como H. P. Lovecraft anotado. Más allá de Arkham. Edición anotada, los dos con presentación de Jordi Sánchez Navarro y Jordi Ojeda, el cómic Entremundos de Eduardo Zamarella o Day, de la autora Belén Culebras.

‘Venom: Habrá jaleillo’

2’5 Butacas de 5

Personalmente, soy poco amigo de las comparaciones entre medios artísticos tan diferentes como el cómic y el cine, y menos aún de esa noción instalada en la mente de algunos “fans” (ejem) de que una adaptación solo es buena si es fiel al original. Marvel, en concreto, es un sello que acoge centenares de versiones diferentes de sus creaciones, por lo que no debería suponer un problema para nadie que el Venom del cine no sea igual que el Venom del papel, ¿verdad?

En este sentido, la primera entrega de Venom (2017) trató de explotar la faceta antiheroica de un personaje que ha sido de todo, desde supervillano hasta salvador de la humanidad, pero al que había que proporcionar un nuevo origen. Spiderman, que en la mitología comiquera fue el primer huésped del simbionte (luego su archienemigo, y por último un aliado más o menos reticente), no podía estar en la película, pero el público recibió con mucho gusto sus cuidados efectos especiales, su acción desenfadada y las dosis de humor negro del deslenguado alienígena. Tal fue su éxito que Sony se apresuró a anunciar planes para una segunda parte en la que el villano sería Carnage.

Carnage. Matanza, para los más clásicos. Una máquina nacida para asesinar, alimentada por la mente de un psicópata. El mal encarnado, un ser sin redención posible, enemigo tanto de Spiderman como de Venom. Para cualquiera que haya leído un cómic en su vida, es imposible desligarse de esa concepción del personaje, porque tras él no hay nada salvo ríos de sangre. Iron Man lleva armadura. Spiderman tiene poderes arácnidos. Matanza… hace matanzas. Puedes cambiar detalles de su personalidad o de su origen y crear una nueva versión de estos personajes (que es justo lo que pasó con Venom), pero si lo que les arrebatas es el elemento mismo que les proporciona su identidad, te va a costar mucho trabajo que los fans se lo traguen.

Pues con este precedente, llega Sony y decide que Venom 2: habrá matanza sea una película apta para menores de 12 años. Ya no es que no sea R (que habría sido lo ideal), es que es, repito, apta para menores de 12 años. Con todo lo que eso entraña: nada de sangre, nada de violencia explícita, y sí muchos cortes de edición justo antes de que pase algo remotamente impactante. Hablamos de una película en la que el protagonista no deja de expresar su ansia por arrancar y devorar cabezas humanas, pero que en la práctica no contiene una sola amputación más chocante que las de El Imperio Contraataca. En esencia, la maravillosa recreación digital de Matanza y el espectacular trabajo de Woody Harrelson son lo único que impide que hablemos de un atropello comparable al que sufrió Deadpool en X-Men orígenes: Lobezno (2009).

Lo cierto es que la identidad del antagonista no importa en absoluto: podría haber sido un personaje nuevo llamado Perico el Palizas (cuyo superpoder consiste en lanzar gente contra las paredes sin hacerles nada) y la película no habría cambiado un ápice, lo cual es sorprendente teniendo en cuenta la cantidad de metraje que se dedica a establecer la conexión entre Venom y el dúo conformado por Matanza y Grito. Lo que se ha buscado es un calco de la primera entrega, ni más ni menos. Esto, claro, tiene su parte buena para los que quedaron encantados con la propuesta original. Los efectos especiales siguen siendo geniales, el humor negro sigue estando ahí y Tom Hardy confirma que ha hecho suyo el personaje.

¿Podemos hablar entonces de una buena película, aunque sea una mala adaptación? Pues tampoco diría yo tanto. Su desproporcionado afán continuista hace que Venom 2 caiga en la autoparodia demasiado a menudo, llevando la dinámica entre Eddie Brock y el simbionte al terreno de La extraña pareja (1968). Y ojo, que esta idea podría haber funcionado, pero no lo hace del todo porque ni está lo bastante bien escrita ni es capaz de reivindicarse como otra cosa más que un recurso para rellenar minutos hasta que llegue Masacre. Y si tienes que rellenar minutos en una película que apenas supera la hora y media de duración, mal vamos. El invento se puede disculpar como estrategia para desarrollar la relación entre Eddie y Venom de cara a futuros proyectos, pero ya.

Por otro lado, y aun dejando los cómics al margen, hay una disonancia demasiado grande entre la caracterización de Venom y su forma de comportarse en la película, más propia de un adolescente flipadillo que de un “protector letal”. Para más inri, ni los chistes tienen el mismo tino que en la primera película (demasiado repetitivos y abundantes) ni las escenas de acción están a la altura: ya he hablado de la alarmante falta de sangre, pero es que la auténtica acción no llega hasta el mismo final. Por fortuna, Venom 2 se pasa tan rápido que uno no tiene tiempo de indignarse del todo. Al final lo que te deja es una vaga sensación de entretenimiento inocuo, una excusa para desconectar delante de una pantalla y, eso sí, muchísimo hype. Porque hay escena poscréditos, y mejor no digo nada sobre ella… pero es la verdadera responsable de que saliera del cine con una sonrisa.