Pepa Flores, Goya de Honor 2020

La actriz y cantante malagueña, figura icónica de nuestro cine, recibirá el premio honorífico por «sus inolvidables interpretaciones y por ser una de las actrices más queridas y recordadas por el público».

La Junta Directiva de la Academia de Cine ha acordado reconocer a Pepa Flores con el Goya de Honor 2020. Figura icónica del cine español, la actriz y cantante malagueña recibirá este premio honorífico por «sus inolvidables interpretaciones y por ser una de las actrices más queridas y recordadas por el gran público».

Fenómeno de masas de los 60 y 70, la artista conocida como Marisol hizo cantar, bailar y sonreír en las exitosas y populares comedias musicales que protagonizó. En su paso a la madurez demostró su capacidad como actriz dramática en producciones dirigidas por Juan Antonio Bardem, Carlos Saura y Mario Camus, a cuyas órdenes rodó Los días del pasado, trabajo que le valió el premio a la mejor interpretación femenina en el Festival de Karlovy Vary.  

En declaraciones a la institución tras conocer la noticia, ha afirmado sentirse «muy honrada y agradecida por este reconocimiento, y por ello quiero darle las gracias a la Academia y desearle mucha salud a nuestro cine».

La que fue la niña prodigio más idolatrada de España se convirtió en una artista que marcó a varias generaciones. Icono de la cultura española, esta comprometida mujer, que quería ser una más cuando todas querían ser como ella, traspasó fronteras con su talento, encanto y carisma y, desde su retiro voluntario a finales de los 80, ha roto su silencio en muy contadas ocasiones.

Un rayo de luz, película con la que conquistó el premio a la mejor actriz infantil en la Mostra de Venecia, fue el debut en el cine de aquella niña de cabellos rubios y ojos azules, la estrella más brillante del espectáculo patrio por su belleza, simpatía y soltura.

Nacida en Málaga en 1948, los comienzos del mito Marisol-Pepa Flores se remontan a su participación en una actuación con el grupo de coros y danzas de Málaga en TVE, donde fue descubierta por el productor y representante Manuel Goyanes, con quien inició su carrera cinematográfica. Su leyenda se forjó desde sus primeros pasos como actriz y cantante porque, a la recordada Un rayo de luz, a las órdenes de Luis Lucía, con quien también filmó Ha llegado un ángel, Tómbola, Las 4 bodas de Marisol y Solo los dos, siguieron Marisol rumbo a Río; La nueva Cenicienta, con Antonio el bailarín; Búsqueme a esa chica, con el Dúo Dinámico; Cabriola, dirigida por Mel Ferrer; y Carola de día, Carola de noche, de Jaime de Armiñán.

Comienza la década de los 70 trabajando con Juan Antonio Bardem (La corrupción de Chris Miller y El poder del deseo) y Mario Camus (Los días del pasado, una historia de soledad y miedo en la que encarnó a una maestra andaluza que lucha por reencontrarse con su compañero sentimental, miembro del maquis antifranquista). En Los días… compartió gran pantalla con su pareja y padre de sus tres hijas, Antonio Gades, con el que también colaboró en Bodas de sangre y Carmen, firmadas por Carlos Saura.

Caso cerrado, en cuyo reparto figura otro malagueño que en ese momento empezaba a resaltar, Antonio Banderas, es el último filme de la protagonista de La chica del Molino Rojoy de la miniserie Proceso a Mariana Pineda, en cuyo currículum también figura la obra de teatro Quédate a desayunar, junto a José María Rodero.

Hizo su último disco en 1983 –su carrera discográfica cuenta con cerca de 500 canciones grabadas e interpretaciones en varios idiomas. Además, representó a España en el primer Festival OTI, donde logró el tercer puesto con el tema ‘Niña’– y su última película en 1985. Una prolífica carrera en la que también figura su aparición en El show de Ed Sullivan de la televisión estadounidense, giras internacionales y numerosos reconocimientos. Una artista icónica que, aunque vive en el anonimato, continúa estando muy presente para el público.

‘El silencio de la ciudad blanca’: Teorías sin resolver

2´5 Butacas sobre 5

Las adaptaciones literarias son uno de los grandes instrumentos del cine estadounidense para conseguir con su producción. Sin embargo, eso no quiere decir que dentro de nuestras fronteras no se haya adaptado ningún libro popular a la gran pantalla. En nuestro país, hemos tenido adaptaciones para todos los gustos y colores: desde el género más romántico con Tres metros sobre el cielo hasta la aclamada El espíritu de la colmena, basada en la popular novela de Camilo José Cela. Pero, por desgracia, no todas llegan a un nivel de excelencia notable, y ese es el caso de El silencio de la ciudad blanca.

En El silencio de la ciudad blanca, la historia nos traslada a Vitoria, donde Unai López y su compañera Estíbaliz, dos inspectores de policía, tendrán que investigar el macabro asesinato de dos jóvenes de 20 años. Pero esto no es lo más curioso de este homicidio, sino que la escena del crimen era una réplica exacta de unos asesinatos llevados a cabo en la ciudad hace 20 años. Con la ayuda de Alba, la nueva subcomisaria de la policía, los tres tendrán que descubrir la identidad de este psicópata antes de que sea demasiado tarde. Puede parecer una sinopsis bastante sencilla y sin ningún tipo de trampa, pero detrás de estas líneas hay una cantidad de tramas sin resolver y agujeros incuestionables.

La película dirigida por Daniel Calparsoro es una adaptación del famoso libro de Eva García Sáenz de Urturi, con el que se inicio la conocida trilogía de la Ciudad Blanca. Es por esto por lo que parece que la película debería de tener la obligación de estar a la altura de un libro tan popular y con tantos fans como es este. Sin embargo, El silencio de la ciudad blanca no consigue estar a la altura de su material original. Cuando adaptas un libro es muy complicado elegir qué incluyes y qué desechas, pero la cinta acaba resultando más un popurrí de distintas tramas de las novelas incluidas con calzador y a mogollón dentro del metraje, todas ellas sin una evolución y resolución clara y concreta.

Quitando el hecho irrefutable de que esta película es una adaptación bastante regular de la novela, no cabe ninguna duda de que es una cinta entretenida. El silencio de la ciudad blanca es una película que te absorbe, atrayente, con la que estarás especulando todos sus 110 minutos de duración. Desde el primer momento que Calparsoro te mete en la acción, en ese ambiente y en esa ciudad tan preciosa como es Vitoria, entras en la película y en su misteriosa aura. Para bien o para mal, estarás teorizando y haciendo especulaciones toda la película, en parte gracias a cómo maneja la tensión en ciertos momentos y su juego de identidades.

Sinceramente, lo que más me fastidia con respecto a la película es el material de origen, un material completamente desaprovechado a la hora de pasar el libro al lenguaje cinematográfico, creando una cinta que parece más una sucesión de momentos inconexos que hacen que el espectador pierda el hilo de la trama. De esto tiene culpa, casi por completo, el guion, que lucha en todo momento por mantener la tensión y el misterio, sin prestarle atención a las tramas que terminan abiertas y a unos personajes que no están bien perfilados y creados.

El apartado técnico es otro cantar. A pesar de que Calparsoro comete ciertos fallos a la hora de manejar la cámara, dejando al descubierto ciertos errores, no se puede negar que El silencio de la ciudad blanca tiene una factura técnica y un talento incuestionable. En concreto, la fotografía de Josu Inchaustegui es una maravilla y un placer para los ojos, al igual que la música de Fernando Velázquez. Algunos de los planos de la cinta podrían estar expuestos en un museo, al igual que ciertas escenas, que son de una calidad artística tremenda. Cuidado con los Goya técnicos, que esta película viene con mucha fuerza.

Dentro del reparto, todos parecen estar a un nivel más o menos igualitario. Javier Rey y Aura Garrido hacen interpretaciones solventes y aceptables dentro del marco de la película, a pesar de no ser perfectas y en algún momento parecer insuficientes. Por otro lado, Belén Rueda vuelve a la gran pantalla con un papel reciclado de algunas de sus películas anteriores, interpretando (sobresalientemente, todo hay que decirlo) a la típica mujer misteriosa que atormentará a los protagonistas de la cinta. Por último, hay que destacar los trabajos de Manolo Solo y Alex Brendemühl, ya que ambos realizan interpretaciones soberbias y a un nivel bastante superior que el de sus compañeros de reparto. Bravo por ellos.

En conclusión, El silencio de la ciudad blanca es una película fallida y desaprovechada, a pesar de tener un material de origen potente y muy interesante, que podría haber dado para más secuelas. La cinta dirigida por Daniel Calparsoro no es una buena adaptación de la famosa novela, pero sí es un gran ejemplo de entretenimiento y calidad técnica, gracias a una fotografía y una música que destacan por encima de lo demás. Manolo Solo y Alex Brendemühl son los MVP de esta película, cuyo resto del reparto no está a la altura de las expectativas, aunque sí son solventes en su trabajo.