Manolo Munguía: «El punto de inflexión es el día en que una máquina tome conciencia»

Hablamos con el novel cineasta sobre sus fuentes de inspiración, las coincidencias de su película con el mundo real y su perspectiva sobre el destino de la humanidad.

Manolo Munguía debuta en la dirección con H0us3, en la que combina sus conocimientos de ingeniería con elementos de la ciencia ficción, el thriller y el terror para una historia que aborda interesantes dilemas tecnológicos de un futuro no muy lejano. Hablamos con el novel cineasta sobre sus fuentes de inspiración, las coincidencias de su película con el mundo real y su perspectiva sobre el destino de la humanidad.

¿Como surge la idea de H0us3?

Es bastante sencillo: yo además de director de cine soy ingeniero en telecomunicaciones, entonces el ámbito de informática es algo en el que me muevo como pez en el agua y en el que tengo mi carrera profesional, entonces pensé coger todo lo que conozco y he aprendido, guionizarlo y hacer una historia que resultase interesante para una película.

Ciencia ficción, thriller, drama preventivo… ¿cómo la clasificarías?

La llamaría thriller de hackers con ciencia ficción porque tiene de todo. Al final es un thriller, tiene el tema de hackers y bueno, el salto a la ciencia ficción, que era un poco obligado para mí.

El desarrollo tecnológico es un tema muy importante, pero pocas veces tocado por el cine, ¿a qué se debe?

Hollywood se ciñe más a lo visual, por eso tenemos a Will Smith que sube en una nave extraterrestre, se conecta a la wifi de los aliens, les sube un virus y tiene una calavera que se mueve… Cuando esto lo ve alguien que está un poco en el sector sabe que es algo muy visual, pero nada real. Creo que [trasladar la tecnología al cine] no es algo tan fácil de hacer como una historia más común de chico conoce chica o algo así.

Más allá de tu experiencia, ¿cómo fue el proceso de investigación complementario?

En realidad, toda la parte de conocimiento que se plasma en la peli ya la tenía: las anécdotas que suceden al comienzo me pasaron con mi grupo de amigos de la universidad; el histórico con los Insurance Files de Julian Assange es de verdad y yo los tengo en mi casa. Toda esta parte ya la conocía, así que fue al revés, he hecho un volcado de la información que ya tenía, rescatando lo que creía que era más interesante y lo he metido en una historia lineal.

Hablando de Assange, es curioso que el estreno coincida con tantas noticias recientes sobre él…

Esto es un poco humor negro, pero tengo que decirlo: afortunadamente no ha muerto. Aparte de que sería un drama, a la película le afectaría si se muere. Estoy convencido que si pasa sale la password de sus archivos y a no ser que haya lo que hemos adivinado, que lo dudo mucho, estropearía el salto a la ciencia ficción.

¿Notaste cambios en tu elenco en su interacción con la tecnología?

La verdad es que mucho. Los actores son muy dados a las redes sociales, por un lado estaban interpretando personajes muy cautos en este aspecto, pero en su vida real seguían posteando lo mismo que criticaban. Esto era al comienzo y a medida que se iban empapando del mensaje y lo que intenta exponer la película, se han puesto a cambiar las contraseñas del reuter, del móvil y del correo. Fue algo positivo.

Uno de los personajes habla de una desconexión total, ¿es posible en la actualidad?

Yo lo intento hacer cuando me voy de vacaciones. Realmente nunca lo aparcas del todo, pero sí que intento darle mucho menos uso. Desconexión total hoy sería irte a vivir a Islandia a una cabaña perdida que te montes en medio de un glaciar y que realmente vivas ahí solo y sin nada. Es muy difícil porque conlleva las consecuencias de desconectarte de todo. Si quieres hacerlo se puede hacer, pero dudo que mucha gente lo quiera hacer.

¿Cuál es tu objetivo principal con esta película?

Lo que busco es el tridente del cine: formar, informar y entretener.

La ciencia ficción que aborda temas tecnológicos suele hacerlo desde una perspectiva negativa. Desde tu perspectiva, ¿ hay esperanza para nuestra especie?

El punto de inflexión es la singularidad, ahora mismo se fecha en 2040, que es una aproximación y que será el día en que una máquina, una inteligencia artificial tome conciencia. ¡Imagínate si la intentases desconectar y que se defienda! Las posiciones que existen hoy son los dos extremos: el más Hollywood es Terminator, las máquinas nos exterminarán; la otra versión, hacia donde me vendo un poco mas es que cuando las máquinas tomen conciencia de sí mismas nos ayudarán. Yo me inclino más por este lado, pero es un gran misterio claro.

‘La luz de mi vida’, distopía sin brillo

3 Butacas sobre 5

El sello A24 lleva años conquistando el mal llamado cine independiente norteamericano, especialmente tras el éxito en los Oscars de Moonlight. Una productora/distribuidora caracterizada por sus estéticas limpias, casi publicitarias, y su apelación a temáticas con las que el público joven debería sentirse identificado. Un sello propio con tal calado que ya traspasa las producciones de la compañía. Es el caso de La luz de mi vida, segundo largometraje del polémico Casey Affleck tras la no menos polémica I’m Still Here. Una película que solo sabe remitir formal y temáticamente a obras previas, sin que haya un ápice de originalidad.

La luz de mi vida sigue a un padre y una hija (interpretados por el propio Affleck y la pequeña Anna Pniowsky) a los que conocemos en lo que parece una acampada en el bosque. Pronto descubrimos que todo es más complejo y turbio de lo que podría parecer: están huyendo. Poco a poco se nos van presentando otros detalles acerca de una misteriosa enfermedad que ha devastado el planeta, muchos de ellos a través de flashbacks en los que hace sus escasas apariciones una desaprovechadísima Elisabeth Moss).

La particularidad de esta pandemia hace pensar de forma irremediable en otra distopía de consecuencias muy similares: Hijos de los hombres, aunque las comparaciones acaba ahí. Bien es cierto que Affleck apuesta por un enfoque mucho más minimalista. Su objetivo es servirse de la premisa para llevar a cabo un estudio casi existencialista de la humanidad, especialmente del poder de las historias para conectarnos los unos a los otros.

El problema es que de nuevo aquí todo suena a peaje ya transitado. La fuerza de las historias es un leitmotiv que ha sido tratado en innumerables ocasiones, y de forma mucho más interesante y profunda. Tenemos como ejemplo reciente la adaptación televisiva de Fargo, que se preocupa especialmente por este punto en su estupenda tercera temporada.

No hay en definitiva nada especialmente mal resuelto en esta película, pero tampoco nada que destaque, nada novedoso. Ni en su aséptico apartado visual, ni en el discurso que construye a través de la distopía, ni siquiera en su correcta (y nada más) ejecución de los momentos de tensión. Surge algo en los momentos de intimidad entre padre e hija, pero Affleck abusa de estas escenas y las alarga tanto (con interminables planos fijos) que su efecto también se agota. Es esta una película de luz tenue, casi imperceptible, como un breve chispazo en la oscuridad.