Siempre se ha dicho que es el mejor amigo del hombre. Fiel, cariñoso e incansable compañero, el perro ha cosechado una carrera para nada desdeñable delante de las cámaras mostrando, en la mayoría de las ocasiones, su lado más humano. David Ayer abandona momentáneamente sus formulaicas películas de acción protagonizadas por Jason Statham para abrazar un drama de supervivencia entretenido y emotivo.
Brad Pitt as ‘James Belmont’ and Uber as ‘Odin’ in Heart of the Beast from Paramount Pictures.
Tras sobrevivir a un brutal
accidente aéreo, el oficial de las Fuerzas Especiales James Belmont (Brad Pitt)
y su perro de combate Odín se ven inmersos en una particular odisea para regresar
a la civilización desde un remoto lugar en medio de los parajes salvajes de
Alaska.
En el corazón de la bestia se abre paso entre los imponentes paisajes norteamericanos para contar una historia sin demasiada miga que, sin embargo, pone el foco en un tema interesante: las consecuencias de las atrocidades humanas. Brad Pitt y Odín sufren una especie de penitencia en un viaje en el que cada uno demostrará al otro la lealtad que nunca se han cuestionado, rememorando viejas heridas y tratando de encontrar el motivo en el otro para seguir intentando sobrevivir un día más.
David Ayer compone una cinta emotiva que peca
de cursi en un tramo final que fulmina todo lo construido anteriormente. Lo mejor de El corazón de
la bestia es Odín, un perro que ha sufrido demasiado y que sigue, de forma
incasable, a su compañero en un retiro más que merecido. Las escenas de acción
están bien rodadas, sumergiendo al espectador en el frenesí de la supervivencia
en los agrestes campos de Alaska, sin embargo, David Ayer parece alérgico al
silencio, pues no permite ningún momento de necesario respiro en el que,
por un momento, podamos disfrutar de algo de intimidad entre ambos.
Hay una frase que ataca directamente el corazón de la película y es que Brad Pitt escribe: “Yo le he enseñado la guerra y él me ha devuelvo amor y confianza”. Da igual el infierno al que se haya sometido a Odín, él siempre estará dispuesto a ofrecer su incansable bondad. En el corazón de la bestia es un digno entretenimiento que evidencia, una vez más, que los malos de la película somos nosotros.
La Bola Negra es una película que está dispuesta a arrasar con todo. Desde que tuvo su presentación en Cannes, donde se llevó el galardón a Mejor Director (en este caso, directores), la cinta ha estado en boca de todos, con opiniones de todo tipo incluso antes de su estreno. Ha sido seleccionada para representar a España en los Oscar de este año frente a películas como la maravillosa Los Domingos o la estupenda El Ser Querido y, para más inri, también se ha llevado el premio del público en el Festival de Toronto, lo que ha hecho que su entrada en los premios de la Academia de Hollywood sea una realidad más que factible. Por todo ello, se ha creado una expectación enorme alrededor de ella, y la pregunta por resolver era si todo esto ha sido fruto de una campaña de promoción bestial, creando un hype tremendo respecto a la película, o si, verdaderamente, la película de los Javis está destinada a convertirse en un verdadero clásico de nuestro cine. ¿La respuesta? Pues, si os soy sincero, ni lo uno ni lo otro, aunque, desde luego, estamos ante una película importante que, precisamente, no para de recalcar lo importante que es. Y quizás ahí es donde los cineastas se han confiado un poco.
Las vidas interconectadas de tres
hombres en tres épocas distintas. Tres existencias íntimamente ligadas por la
sexualidad y el deseo, el dolor y la herencia; y una de las últimas obras,
inacabada, de Federico García Lorca.
La Bola Negra se adentra en uno de los terrenos más oscuros (y más polémicos) de nuestro país, como es la Guerra Civil, pero con un enfoque distinto, que es lo realmente llamativo. Y es que, por primera vez en nuestro cine y como eje protagonista, se centra en aquellos olvidados por la guerra, como el mundo «queer» y homosexual, en aquellos amores perdidos y enterrados por la guerra. Y lo que cuenta resulta tan importante que, ya de por sí, merece todo el aplauso y los halagos por tratar un tema que nuestro cine apenas ha tocado (de manera secundaria, sí). Es un tema que cala profundamente en buena parte de nuestra sociedad y que los Javis han expuesto abriéndolo en canal, de manera que es muy fácil llegar al espectador.
El único problema que le veo es que se han confiado demasiado. Y es que los cineastas, poseedores de un talento demostrado de sobra (llegando a su cénit con La Mesías), parecen conformarse con que el discurso y el tema que tratan valgan por sí solos, dejando ciertos apartados algo más descuidados. Porque no os voy a engañar: yo me quería emocionar con ella hasta el infinito y más allá y, por desgracia, no lo ha conseguido. Y no lo ha conseguido porque su desarrollo me ha resultado algo plano, sin ver una evolución o un desarrollo progresivo en sus personajes (no todos, ojo, pero sí los principales), y cuando lo hacen, parece que está demasiado impuesto por el relato, no por cómo se ha llegado hasta ahí. Es como si la narrativa del film no fuera del todo orgánica, quedando algo más impuesta que otra cosa, y es lo que verdaderamente me ha dado rabia en ella.
Porque, en el resto, los Javis demuestran
que son capaces de crear momentos brillantes y maravillosos para ponerte la
piel de gallina. Escenas como el magistral prólogo (homenaje a
Berlanga), el baile de la tasca, el primer «no contacto» entre sus
protagonistas, el cabaret o la mayor parte del clímax final están
realizadas con una energía, un tacto y una fuerza que te atrapan hasta los
confines. Por eso me da rabia que un film con momentos tan potentes y con un
discurso tan relevante quede algo desmejorado por una narrativa que sufre
altibajos bastante acuciantes, especialmente en su desarrollo dramático. Y
créanme, soy defensor de todo lo que han hecho estos creadores, pero aquí se
nota algo más desdibujado el conjunto general.
Ahora bien, el film no aburre en ningún instante, pese a que quizás ciertas escenas pequen de reiterativas (los soldados en la playa) o algo planas (seré la nota discordante… pero la relación entre Sebastián y Rafael, la más importante, se me quedó bastante coja y monotona). Precisamente, los Javis saben cómo no aburrir y, en ese aspecto, lo consiguen, aunque mejor en otras ocasiones. Y todo para llegar a un clímax final de media hora donde la narrativa propuesta coge mayor peso dramático y la expone de manera tan desnuda que es difícil no dejarse llevar. El mundo de Lorca se da la mano con el de los Javis de manera que consigue conmover, y aquí es donde el público abrazará la película.
Respecto a las interpretaciones, es curioso que diga esto, pero el peso más importante y las más destacables son las de las mujeres. Tanto Penélope Cruz, en sus maravillosos diez minutos (y protagonizando una de las mejores escenas del film), como una bárbara Lola Dueñas están inmaculadas y recogen un peso en el relato importantísimo, pese a su escasa presencia en pantalla (la de Lola Dueñas merecía una película aparte). Y, bueno, Glenn Close tiene una presencia más anecdótica (la decisión de que hable en español la mayor parte del tiempo me parece muy acertada), pese a que posee uno de los discursos más certeros del film. Del reparto masculino, destacar a un correcto Carlos González y a un Milo Quifes muy acertado en su rol de Carlos. Respecto a Guitarricadelafuente y Miguel Bernardeau, se me quedan algo planos por lo comentado anteriormente sobre sus personajes, aunque resulten correctos, ojo.
Técnicamente, destacar una fotografía
de lo más notable, sabiendo manejar los tres relatos a través de una luz
diferente, gracias también a la puesta en escena de los directores, que saben
diferenciar cada una de las tres historias con un estilo propio. Respecto al
montaje, por momentos brillante (el clímax) y, por momentos, con alguna
transición que me ha parecido un poco de sal gruesa (cierta escena de sexo al
prncipio, enlazada con otra historia…). Y una banda sonora que por momentos es
harto efectiva y, por otros, algo más irregular, sobre todo en tono. Aunque el
momento cúlmen es la canción «La Nieve» … esta sí que os puedo decir que
seguramente se lleve el Oscar a Mejor Canción.
La Bola Negra es una película tan ambiciosa, tan grande, tan consciente de quererse a ella misma, que el problema que tiene es que, a veces, se confía demasiado en ella y no le sale la excelencia que podía haber alcanzado. Y me da rabia, porque en ella hay elementos suficientes como para hacer un peliculón y un clásico de nuestro cine y, por desgracia, no ha sido así. Pese a ello, nos encontramos ante un apreciable y notorio film que, en opinión de un servidor, se queda algo por debajo de otros productos que han dirigido estos directores.
Porque su talento es innegable,
sin duda, y en ello queda demostrado en esta película. Pero, a veces, las
pretensiones también se ven afectadas de forma algo desmedida, que es lo que
pasa dentro de un film de una relevancia importantísima, pero que quizás confía
demasiado en sí mismo. Aun así, será una de las películas del año (que
no significa que sea de las mejores), solo por el hecho de hablar de ella y
por el discurso tan bonito, necesario y precioso que quiere transmitir.
Lo dicho, van dispuestos a arrasarlo todo… tanto, que incluso acaban arrasando un poco con su propia película.