‘Te estoy amando locamente’: la película donde la libertad y el amor son el punto de partida

4 Butacas de 5

En 1977 en Sevilla no había espacio ni para un colectivo homosexual, ni para mujeres sastras, y por supuesto, tampoco para ser quien quiera uno ser. 

En la película Te estoy amando locamente, la ópera prima del director Alejandro Marín, se habla de cómo al final, tras cuarenta años de dictadura, se empieza a luchar por algo que fue represaliado en campos de concentración y era considerado delito, condenado por la Ley de Peligrosidad Social, siendo silenciado y mal visto entre los españoles como fue la homosexualidad.  

Un enorme conflicto social se cuenta a partir del descubrimiento de Miguel, un niño de 17 años, interpretado por Omar Banana, que tan solo quiere ser fiel a aquello que él quiere ser, sin saber en un primer momento lo que eso significa. Según van pasando los minutos de metraje, el personaje va dándose cuenta de lo duro que puede ser sentir libremente y defender aquello con lo que uno se identifica, teniendo en cuenta su clase social y en los años y en el entorno en el que él está inmiscuido. 

Teniendo como punto de entrada una historia personal, se va desarrollando en la película la historia de un colectivo que comenzó en esa primera marcha del Orgullo LGTBI en Andalucía que sale representada en el filme. La manifestación estuvo liderada por el Movimiento Homosexual de Acción Revolucionaria (MHAR) y se celebró en Sevilla el 25 de junio de 1978. 

Dicho conflicto retratado cinematográficamente en sucesivas ocasiones como un drama, el director lo transforma en una tragicomedia social, llena de música, colores y donde se respiran claramente los aires de libertad. El amor de una madre hacia un hijo es algo que también queda representado, al igual que el valor de la amistad, de la empatía y de cómo ha costado verdaderamente adquirir ciertos derechos en torno a la libertad sexual. Se ve claramente que el amor finalmente puede con todo.

Al ritmo de canciones como “Yo no soy esa” de Mari Trini, descubrimos el germen de un pequeño cambio, el retrato de una época y el desarrollo de un niño que, dando el paso de ser cantante, acaba también descubriendo su homosexualidad. El filme cuenta con Omar Banana como protagonista, acompañándole Ana Wagener, Jesús Carroza, Alba Flores, La Dani, Álex de la Croix y Pepa Gracia, entre otros muchos. 

De nuevo el cine, como lleva haciéndolo durante toda su historia, consigue tener un papel inspirador, transformador, ilustrativo y verdaderamente motivador, ya que las cosas han cambiado, pero no han cambiado del todo todavía.  

‘Vacaciones de Verano’: Comedia Segura

3 Butacas de 5

Las historias que se desarrollan en estaciones concretas tienen su encanto, ¿a quién no le apetece ver películas como Tiburón o Piratas del Caribe después de volver de la playa, o disfrutar de Jungla de Cristal mientras das un mordisco a un buen turrón en Navidad, o ver Love Actually para San Valentín? Es un contexto propicio para crear ficción y genera en el espectador un estado de empatía total. Por eso, solo las puedes ver en el momento correspondiente en el calendario, de lo contrario, te queda una sensación extraña en el cuerpo, como si no fuera el momento adecuado.

Además, a nivel de negocio, es una idea que ha funcionado desde la creación de Hollywood en el siglo pasado: crear una fórmula, una clave del éxito que se ha mantenido a lo largo de las décadas. Y Santiago Segura no es ajeno a esto.

Dónde está el público, ahí está el cineasta.

Así que, por consiguiente, ahí tenemos el germen de Vacaciones de verano. Una comedia estival donde el propio Segura y Leo Harlem interpretan a dos amigos que no podrían ser más diferentes, pero que por circunstancias de la vida se ven obligados a trabajar como animadores infantiles en un resort canario. ¿Qué podría salir mal? Pues prácticamente todo…

Es una historia entretenida con personajes entrañables que harán reír a cada espectador, sin importar su edad. Tiene montajes paralelos interesantes donde las escenas dialogan entre sí, creando momentos delirantes. La puesta en escena es sencilla e invisible, alejada de la grandilocuencia de las últimas secuelas de Torrente, donde había increíbles sets pieces y muchos efectos generados por ordenador.

La química entre Santiago Segura y su elenco es fenomenal. Está claro que los actores en sus películas se acercan más al concepto de amigo que al de intérprete que trabaja por encargo. Hay muchos cameos y artistas invitados, pero la interpretación más interesante es la de Cristina Gallego, que no es el típico interés amoroso y sabe trabajar lo que cada escena necesita.

Por otra parte, el cineasta le está cogiendo el punto a trabajar con jóvenes intérpretes. El trabajo de casting ha sido excelente, encontrando verdaderas joyas en el grupo de niños que aparecen en la película, dándoles personalidad y generando momentos divertidos para toda la familia gracias a su carisma.

En conclusión, el esquema se repite, pero sigue siendo igual de efectivo que en ocasiones anteriores. Es un cine familiar para disfrutar de un buen rato en el cobijo de una sala con aire acondicionado y palomitas de maíz. Segura continúa su camino, haciendo industria y fomentando el concepto de la sala de cine. No será quien reinvente la rueda, pero gracias a productos como este, la rueda sigue girando.