Rodrigo García Saiz: «El mundo está hecho un despelote, se está inundando de una ultraderecha que es un retroceso gigantesco»

El cineasta ha presentado en la categoría de New Directors del 74º edición del Festival de San Sebastián su nuevo largometraje ‘Morro’

«Los animales nos conectan con la vida, la nobleza, la ternura y la empatía»; destaca el director de la película

“MORRO”, el segundo largometraje del director mexicano Rodrigo García Saiz, ha tenido su estreno mundial en la sección New Directors de la 74.ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, que se celebrará del 18 al 26 de septiembre.

La película es la única producción mexicana seleccionada en New Directors, sección dedicada a las primeras y segundas películas de cineastas de todo el mundo y una de las principales plataformas del festival para descubrir nuevas voces del cine contemporáneo. Las películas seleccionadas compiten por el Premio Kutxabank-New Directors, concedido por un jurado internacional.

“MORRO” competirá también en la 35.ª edición del Festival Biarritz Amérique Latine y  en otros certámenes internacionales que confirmarán su programación próximamente.

En palabras de Rodrigo García Saiz: “Morro es una película hecha a mano y con el corazón. La rodamos en 35 mm con un equipo de cineastas que admiro profundamente, muchos de ellos amigos, tratando de mirar la violencia no cuando estalla, sino en el silencio que deja detrás. Que su primera proyección sea en San Sebastián, dentro de New Directors, nos emociona de una manera muy especial: es el momento de entregarla por fin al público”.

Mateo es veterinario en un pequeño pueblo del interior de México. Desde la muerte de su hijo, su vida transcurre entre rutinas silenciosas y una culpa que permanece sin nombre. Ese frágil equilibrio se ve alterado cuando debe curar a Morro, el perro herido de un capo local. En el cuidado cotidiano del animal surge un vínculo inesperado, una relación sin juicio ni palabras que devuelve el sentido a la vida de Mateo.

“MORRO” se estrena el viernes 18 de septiembre a las 22:30 en el Kursaal 2, dentro de la 74ª edición del Festival de San Sebastián. Rodada en 35mm y con una duración de 93 minutos, la película se construye desde la observación y el silencio. Rodrigo García Saiz estudió cine en el CUEC-UNAM, en la Universidad de Nueva York  NYU y en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de Cuba. Su ópera prima, Lluvia, se estrenó en salas mexicanas en 2025 después de su paso por festivales como Málaga, Miami, La Habana y Morelia entre otros. “MORRO” es su segundo largometraje.

La película está protagonizada por Gustavo Sánchez Parra, reconocido actor mexicano que debutó en Amores perros, interpretación por la que obtuvo el Premio Ariel al mejor actor de reparto, junto a Anna Díaz (Ceniza en la boca, de Diego Luna) y Ernesto Meléndez (Temporada de huracanes, de Elisa Miller).

Rodrigo García Saiz firma también el guion junto a Carlos Armella. El equipo técnico cuenta con Alfonso Herrera Salcedo en la dirección de fotografía, Manuel González Silvestre en el diseño de producción, Fernanda de la Peza en el montaje, Ramiro del Real en la música original y Javier Umpiérrez en el diseño sonoro.

Rodada en Singuilucan, Hidalgo, Mexico, “MORRO” es una producción de Central Films, Calouma Films y The42Film, con la coproducción de EFD y el apoyo de Eficine Producción (IMCINE). La película está producida por Rodrigo García Saiz, Paola Cortés, Alberto Müffelmann, Julia Cherrier y Pablo Guerrero.

‘La Esposa Perfecta’: Naomi Watts brilla en una historia que no suscita intriga ni preguntas suficientes

3 Butacas de 5

La esposa perfecta es una película perfectamente buena, que no ofrece nuevos ángulos o grandes momentos de intriga frente a otros dramas históricos sobre la memoria y la impunidad, pero sí que ofrece un ritmo de metraje ágil, un caso desconocido e histórico y una serie de actuaciones deleitables.

Naomi Watts interpreta el papel de Hermine Ryan, una mujer austríaca a punto de recibir su nacionalidad americana, tras lo cual recibe la visita de un periodista del New York Times que pregunta sobre su marido y su relación con una serie de crímenes de guerra. El acento y lenguaje corporal de Naomi son para estudiarlos en escuelas de cine y su interpretación como la esposa perfecta está llena de capas y matices infinitos. La película podría funcionar con ella sin ningún decorado detrás, pero aquí, incluso la cámara juega a su favor. Los planos más simbólicos e interesantes siempre cuentan con la actriz en primer plano, en especial las escenas en la cocina y en el hospital.

Tye Sheridan, el actor que interpreta al joven periodista, nos ofrece un personaje con ciertas cuestiones morales, pero cuya trayectoria resulta ser la del arquetípico héroe sin manchas en el expediente. Y esto, por desgracia, es el aspecto que más frena al film de ser algo mucho más reflexivo y potente. 

La primera hora de metraje está cocinada a fuego lento y no da la razón a nadie, sino que muestra un punto de vista plural, para que el espectador dude con quién posicionarse. Es un juego de culpables, o de responsabilidades, uno muy interesante. Sin embargo, tras su primera hora, la película deja ese derrotero de dudas y revela el resto de su trama de forma más simple y predecible. El mensaje moral es claro: está lo que está bien y está lo que está mal. No hay más. El metraje sufre de unilateralidad, con una visión muy americanizada del conflicto. La historia les retrata a ellos como héroes que no dudan ante nadie ni nada y por ello todo se siente algo genérico.

Temas como el lento sistema judicial americano y la creencia en una única justicia se convierten en el eje principal del segundo tramo, pero se echa de menos una visión más polifacética. Más preguntas. Más ambigüedad moral. Más obstáculos. Y menos heroísmo.

Cabe destacar el trabajo de sonido y banda sonora, envolventes y potenciadores del suspense y la labor conjunta de colorimetría, vestuario, peluquería y ambientación, representando la clase acomodada americana en los años 60.

A veces resulta difícil juzgar una historia arraigada en unos hechos tan reales e irrefutables, y al mismo tiempo, es correcto cuestionarse la profundidad de los personajes y los hechos, cuyo conflicto no ofrece mayor resistencia pasada la primera mitad. La esposa perfecta es una muestra del increíble talento de Naomi Watts como actriz, pero como historia, no es ninguna revelación, aunque sí un buen entretenimiento.