‘Primate’: un slasher tenso, elemental, grotesco y muy ochentero

3’5 Butacas de 5

Fiel a su estilo característico, Johannes Roberts regresa dirigiendo y coescribiendo PRIMATE, un slasher tenso, elemental, grotesco y muy ochentero.

Tengo que decir algo, antes que nada: la música de esta película es absolutamente brillante. Adrian Johnson pasa por completo de lo genérico y nos deleita con composiciones llenas de sintetizadores, bajos profundos y mezclas evocativas de la música ochentera que elevan cada escena de la película; desde suaves melodías que nos dan la bienvenida al paraíso donde se desarrolla la tragedia, hasta piezas sombrías que encajan a la perfección para elevar la tensión cuando así se amerita. Sé que nunca nadie ha ido a una película de terror por la música, pero es tan buena que sentí que merecía ser elogiada.

Pero la música no es lo único ochentero en la presentación de esta película, ya que la apuesta por los efectos prácticos le da un toque hiperrealista que muy pocas películas mainstream actuales se atreven a intentar hoy en día, lo cual es muy bienvenido e invita a comparaciones con los clásicos de aquella época donde el slasher era el género de terror por excelencia, que nos regaló clásicos como Chucky, Viernes 13 y Pesadilla en la Calle Elm.

Con esto dicho, ¿qué tan brutal es realmente PRIMATE? la respuesta corta y directa es: MUY; y aún así, esperaba más. Pero no más gore, sino más salvajismo animal; creo que se desaprovecha un poco el hecho de que el antagonista sea un animal, sin remordimiento ni cuidado por dejar a sus víctimas reducidas a simples pedazos de carne desparramados por todos lados. Más allá de un par de desfiguraciones que sí son muy brutales, cabe aclarar, la masacre de Ben, nuestro simio en cuestión, se siente un poco demasiado humana y calculada. Basta con investigar los tristes casos reales de personas atacadas por estos ejemplares para saber lo verdaderamente aterradores, sanguinarios y grotescos que estos pueden llegar a ser.

Sin embargo, puede que esto sea intencional. Ya que el film no cae en la trampa de representar a Ben como un ser malvado, sino como lo que es: un animal domesticado que cambia su dócil comportamiento debido a un desafortunado caso de rabia que no se trató a tiempo.

Todos estos factores nos dan como resultado una película agobiante, tensa cuando se lo propone, ligera en su trama y personajes, como es de esperarse en un slasher, y curiosamente cómica por momentos sin inclinarse demasiado al realismo, lo que le da una oportunidad a nuestras víctimas de defenderse, aunque sea mínimamente, de lo que en la realidad sería una verdadera máquina de matar si te toma por sorpresa. Así que si tienes estómago para aguantar las vísceras en pantalla, te recomiendo no perdértela ya que tiene mucho que ofrecer si eres amante del género.

‘La Fiera’: el impulso que todos llevamos dentro

3 Butacas de 5

Todos tenemos una fiera, un impulso de adrenalina que no sabemos muy bien por qué surge, pero que nos mueve a un terreno de plenitud, de sentirse vivo, y que nos gratifica a cada uno de nosotros, sea cual sea la modalidad que nos complazca. Y es a ese título al que se refiere esta última película dirigida por Salvador Calvo, director de las estupendas Los últimos días de Filipinas y Adú, que en esta ocasión nos narra la historia real de un grupo de amigos pioneros en el salto BASE con traje de alas en España. Podemos decir que el film es un entretenimiento correcto que, a pesar de que no te hará volar la cabeza (nunca mejor dicho), cumple con su cometido de forma eficaz.

Carlos, Darío y Armando, aficionados a los deportes extremos, descubren la experiencia más cercana a volar: el salto B.A.S.E. con traje de alas. La Fiera es la historia de estos amantes del riesgo; un relato real contado desde sus miedos y anhelos, un viaje duro y fascinante, lleno de vértigo y peligro, que también nos conecta con la camaradería y la amistad. Un viaje épico alimentado por la lucha contra uno mismo.

La Fiera no pretende otra cosa que entretener. Ese es su máximo objetivo, y aquí hay que decir que el film lo cumple sobradamente, apoyándose en un esquema narrativo que parece sacado de un videojuego, añadiendo fases donde las complicaciones y los peligros van acrecentándose. En ese aspecto, el film funciona con holgura, mostrando cómo este grupo de amigos comete fechorías cada cual más loca, solo por alimentar esa fiera que llevan dentro.

Aquí el guion se muestra acertado, aunque sin profundizar en exceso en hasta qué límites estamos dispuestos a llegar para complacer esa necesidad de plenitud. Se queda algo en la superficie, pero al menos muestra el día a día del grupo y el de sus parejas, obligadas a vivir con el miedo constante a una llamada desafortunada. No profundiza demasiado, pero se agradece que se muestre esa parte “silenciada” que convive con ese temor.

Por lo demás, las escenas de salto son espectaculares, combinando efectos digitales y escenas reales, logrando un gran impacto y la sensación de volar con ellos. Destaca la fotografía de Ángel Iguácel, que aprovecha los paisajes al máximo, y la banda sonora de Roque Baños, que acompaña con corrección y va construyendo su tema principal.

Respecto a los intérpretes, todos están en su sitio, destacando la naturalidad de Miguel Bernardeau y Stéphanie Magnin, quizá los personajes más empáticos y humanos del film. También Carlos Cuevas cumple con solvencia, mientras que Miguel Ángel Silvestre aporta el carisma necesario a su personaje.

Por tanto, La Fiera es un entretenimiento correcto, que no pretende innovar el género, pero entretiene sobradamente, que es su propósito. En sus créditos finales se muestran imágenes reales del grupo, dejando una sensación agridulce: la fiera que llevamos dentro puede darnos lo mejor y lo peor de esta corta vida, una idea que la película transmite con acierto.