3 Butacas de 5

Todos tenemos una fiera, un impulso de adrenalina que no sabemos muy bien por qué surge, pero que nos mueve a un terreno de plenitud, de sentirse vivo, y que nos gratifica a cada uno de nosotros, sea cual sea la modalidad que nos complazca. Y es a ese título al que se refiere esta última película dirigida por Salvador Calvo, director de las estupendas Los últimos días de Filipinas y Adú, que en esta ocasión nos narra la historia real de un grupo de amigos pioneros en el salto BASE con traje de alas en España. Podemos decir que el film es un entretenimiento correcto que, a pesar de que no te hará volar la cabeza (nunca mejor dicho), cumple con su cometido de forma eficaz.

Carlos, Darío y Armando, aficionados a los deportes extremos, descubren la experiencia más cercana a volar: el salto B.A.S.E. con traje de alas. La Fiera es la historia de estos amantes del riesgo; un relato real contado desde sus miedos y anhelos, un viaje duro y fascinante, lleno de vértigo y peligro, que también nos conecta con la camaradería y la amistad. Un viaje épico alimentado por la lucha contra uno mismo.
La Fiera no pretende otra cosa que entretener. Ese es su máximo objetivo, y aquí hay que decir que el film lo cumple sobradamente, apoyándose en un esquema narrativo que parece sacado de un videojuego, añadiendo fases donde las complicaciones y los peligros van acrecentándose. En ese aspecto, el film funciona con holgura, mostrando cómo este grupo de amigos comete fechorías cada cual más loca, solo por alimentar esa fiera que llevan dentro.

Aquí el guion se muestra acertado, aunque sin profundizar en exceso en hasta qué límites estamos dispuestos a llegar para complacer esa necesidad de plenitud. Se queda algo en la superficie, pero al menos muestra el día a día del grupo y el de sus parejas, obligadas a vivir con el miedo constante a una llamada desafortunada. No profundiza demasiado, pero se agradece que se muestre esa parte “silenciada” que convive con ese temor.
Por lo demás, las escenas de salto son espectaculares, combinando efectos digitales y escenas reales, logrando un gran impacto y la sensación de volar con ellos. Destaca la fotografía de Ángel Iguácel, que aprovecha los paisajes al máximo, y la banda sonora de Roque Baños, que acompaña con corrección y va construyendo su tema principal.

Respecto a los intérpretes, todos están en su sitio, destacando la naturalidad de Miguel Bernardeau y Stéphanie Magnin, quizá los personajes más empáticos y humanos del film. También Carlos Cuevas cumple con solvencia, mientras que Miguel Ángel Silvestre aporta el carisma necesario a su personaje.
Por tanto, La Fiera es un entretenimiento correcto, que no pretende innovar el género, pero entretiene sobradamente, que es su propósito. En sus créditos finales se muestran imágenes reales del grupo, dejando una sensación agridulce: la fiera que llevamos dentro puede darnos lo mejor y lo peor de esta corta vida, una idea que la película transmite con acierto.

