‘Red Rocket’: Sex, Lies and Broken Dreams

4 Butacas de 5

Cuántas películas no habrá suscitado el sueño americano –o, más bien, la facilidad de este para romperse en mil pedazos–, habiéndose convertido en un tópico recurrente entre aquellos directores de cine para los que hurgar en la basura de los american diners nunca ha sido un problema. ¿Qué hay detrás de esa fachada de éxito, fama y oportunidades de prosperar entre todo aquel con las agallas suficientes como para sumergirse de lleno en el capitalismo más voraz?

Para responder a esta pregunta es útil recurrir a los trabajos del cineasta indie Sean Baker – “Tangerine” y “The Florida Project”–, ambas incursiones magnificas en la “América” profunda, resueltas a desvelar aquello que el Tío Sam oculta siempre en su búsqueda de nuevos reclutas: la precariedad, el abandono, la trampa de la escalada social.

Baker tiene, eso sí, un estilo particular y preciosista a la hora de abordar sus viajes a esas partes olvidadas de Estados Unidos. En sus películas se mezclan humor y desconsuelo mientras se busca la belleza en aquellos lugares dónde otros sólo verían una realidad demasiado desapacible como para ser expuesta ante la cámara. Y como la fórmula ya le ha funcionado dos veces, ha decidido repetir una tercera para rescatar de las entrañas de la nada a Simon Rex, exactor porno reconvertido en protagonista de la nueva cinta del director.

El cineasta ha ofrecido un arco de redención a Rex, quien había estado desaparecido hasta volver ante las cámaras con este proyecto, pero se lo roba por completo al personaje que este interpreta, Mickey, también un actor porno venido a menos y obligado a volver a su Texas City natal para buscar cobijo junto con su mujer y su suegra. Mickey cuenta con el carisma otorgado por la esperanza suicida, útil para engatusar por completo a un espectador que le acompaña gozosamente a través de sus paseos en bicicleta por los suburbios de la ciudad, y sus idas y venidas con los vecinos de una comunidad más que reconocible dentro del ideario estadounidense extendido globalmente.

Ahora bien, nuestro protagonista está tan afanado en su objetivo de volver al porno que no duda en embaucar a una adolescente de 18 años para fugarse juntos a California y poder triunfar de nuevo en los AVN ­–considerados los Oscars de la industria pornográfica–. No hay mayor epítome del “american dream” que esta, doblemente útil para demostrar como ni siquiera los jóvenes pueden escapar de la pescadilla que se muerde la cola en un sueño que se volvió pesadilla hace mucho, mucho tiempo.

‘Doctor Strange en el multiverso de la locura’: un viaje extraño y espeluznante

4’5 Butacas de 5

Sam Raimi aporta una nueva visión al Universo Cinematográfico de Marvel (MCU). El director de la trilogía de Spider-Man (2002), le da su toque personal a la segunda entrega de Doctor Strange, dándonos una película sorprendentemente oscura y violenta. Es un desfile de momentos increíbles y efectos CGI espeluznantes. También hace una mayor introspección en el personaje de Doctor Strange, que es uno de los más poderosos e interesantes de todo el MCU.

Después de ‘Spiderman: No Way Home’, quedaban abiertas todas las posibilidades que el multiverso ofrece, y que en esta nueva película de Marvel se aprovechan. Esto da lugar a que, además de los personajes que ya conocemos, aparezcan nuevos héroes y villanos (y no digo más para no hacer spoiler).

La perspectiva más oscura que le da Raimi a la película se mezcla con los efectos CGI para darle el toque de horror y sobresaltos a los que no estamos acostumbrados en las películas de Marvel. Convierte a los villanos en monstruos, desdibujando también la línea entre héroe o villano. Además, destaca lo violentas y sangrientas que son algunas escenas, que dejan al espectador con la boca abierta y preguntándose si será una ilusión o un truco de Strange.

También hay que mencionar la banda sonora, que es de Danny Elfman y que, como no podría ser de otra manera, es espectacular. Lleva el ritmo de la película y en muchas escenas es prácticamente un personaje más.

Quizá la única pega que se le puede poner a la película es que en algunos momentos se añaden tantos elementos nuevos y místicos que los personajes pierden protagonismo. Aún así, la trama no pierde fuerza, aunque distrae un poco, lo que es una pena, porque, como ya sabemos, los personajes suelen tener una gran elaboración y un trasfondo muy trabajado.

Por eso, ‘Doctor Strange en el multiverso de la locura’ es una de las películas más extrañas y ambiciosas de Marvel, con el inconfundible sello de su director, Sam Raimi. Es un espectáculo visual, entretenido y espeluznante, que arriesga a la hora de presentar un modelo distinto, pero que sin duda acierta de lleno.