‘La jefa’: una película que dará mucho de qué hablar

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La jefa es la ópera prima de Fran Torres que no te puedes perder

El director se embarca en este largometraje dramático con Aitana Sánchez-Gijón como protagonista. Es una película que genera debates, te mantiene inmiscuido en la trama y te deja con ganas de más. El 29 de abril llega a los cines y, sin lugar a dudas, será una película que dará mucho de qué hablar.

La jefa cuenta la historia de Sofía, una joven trabajadora con una gran aspiración que obtiene el trabajo de sus sueños en una empresa líder de moda situada en Madrid. Las emociones de alegría y esperanza por un nuevo futuro le asaltan al conocer la noticia, pero se entremezclan con la duda y preocupación generadas al enterarse de que está embarazada.

En ese momento, Sofía no sabe qué decisión tomar puesto que su fe le impide interrumpir el embarazo y sus nuevos logros profesionales son incompatibles con la maternidad. O, al menos, así se lo hacen ver tanto sus compañeras como Beatriz, su jefa.

Ante esta situación, Beatriz le propone un plan inusual y atrevido que suscita debates morales e indecisión en Sofía: la gestación subrogada. Además, a través de un contrato le plantea la posibilidad de residir en su casa, obteniendo todos los cuidados ideales para el embarazo y asegurándole un puesto en la empresa de por vida.

Sofía, interpretada por Cumelen Sanz, acepta esta propuesta, desconociendo las situaciones a las que se va a exponer, la verdadera personalidad de Beatriz y la sensación de cautividad que emergerá en ella al encontrarse sola en esa casa.

Las interpretaciones de Aitana Sánchez-Gijón y Cumelen Sanz durante los 109 minutos de película, te dejan perplejo, imposibilitando cualquier tipo de distracción y queriendo averiguar constantemente cómo termina la historia. La construcción de los personajes y el desarrollo de los mismos sorprende desde el inicio, debido a sus similitudes que, pudiendo parecer contradictorias, les hacen alejarse más y más. De esta forma, nunca sabes qué decisión tomará Sofía o Beatriz, y cuál será la reacción de las mismas. Lo que sí está claro es que el suspense que crea, especialmente en el desenlace de la historia, es extraordinario.

Aitana Sánchez-Gijón, a quien habíamos visto recientemente en Madres paralelas, vuelve a superar nuestras expectativas tras una bárbara actuación que te transporta desde la serenidad hasta la enajenación, de una manera sutil y gradual gracias a la dirección detallista de Fran Torres.

Por otro lado, sería injusto no destacar otra apasionante actuación de una actriz que, por primera vez, participa en un proyecto español: Cumelen Sanz. Esta actriz de origen argentino y con tan solo 31 años de edad, es conocida por películas como Lejos de casa y Penélope, entre otras. A través de su soberbia actuación podemos desconectar de la vida real y transportarnos a problemas ajenos como los que sufre Sofía, que están llenos de dificultades y dilemas éticos.

Es, sin lugar a dudas, una película que sobresale y que tiene mucho que decir. Destaca por una trama llena de polémica, cuestiones reales y complejas como la maternidad, las aspiraciones y los riesgos a los que se expone uno por conseguir aquello que más desea. Este largometraje es el ideal para aquellos que no tienen miedo de reflexionar sobre aspectos sociales, de incomodar y de vivir las emociones en todo su esplendor.

‘Dónde está Anne Frank’: Traigamos a Anne Frank de vuelta

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No resulta muy arriesgado afirmar que la animación ha sido una de las formas cinematográficas más fagocitadas y explotadas por la factoría Walt Disney y algunas de sus múltiples filiales, como Pixar. Cada una de las nuevas creaciones de la compañía se ha alzado con la estuilla de oro en unos Oscars bastante reacios a reconocer la existencia de películas de animación más allá de aquellas creadas por el gigante norteamericano: ahí están como prueba “Encanto”, “Soul”, “Coco” o la duradera franquicia “Toy Story”. Es por ello por lo que el merecido reconocimiento de aquellas películas alejadas de la órbita Disney no suele llegar ni en forma de premios ni de éxitos en taquilla, y estas quedan relegadas a un pequeño nicho de personas apasionadas por el género.

Nunca es tarde entonces para recomendar maravillas como “Wolfwalkers” o “Song of the Sea”, del estudio de animación irlandés Cartoon Saloon, o las películas del director israelí Ari Folman, quien vuelve tras más de siete años de parón con una imaginativa relectura de una de las figuras más conocidas del siglo XX: Anne Frank. Su nombre resuena una y otra vez cuando se habla del Holocausto, y su historia y la de su familia son más que conocidas: obligados a permanecer durante dos años en una pequeña casa anexa a la oficina del padre de Anne, fueron traicionados y trasladados a diferentes campos de concentración, donde la joven moriría en 1944. De todos sus familiares, solo Otto, su padre, logró sobrevivir hasta el final de la guerra.

Ahora bien, Folman ha decidido diluir los aspectos biográficos de la vida de Anne para combinarlos y extrapolarlos al siglo XXI, como ya hiciera en la novela gráfica que ha servido de material base para crear la película. Y la forma de hacerlo no podría haber sido más adecuada: trayendo literalmente a la vida el diario de Anne, encarnado por medio de una de sus mejores amigas imaginarias, Kitty. Jugando con este personaje anacronístico, el cineasta revive el espíritu y los valores de Frank para evitar su olvido, o, peor, que se conviertan en un mero atractivo para las hordas de turistas empecinadas en subir al escondite de la familia en Ámsterdam y así tachar un lugar más de su lista. No hay sorpresa en el espectador cuando Folman traza paralelismos entre pasado y presente para mostrarnos cuan poco hemos sido capaces de evolucionar, poniendo de relieve las semejanzas existentes entre la situación de los refugiados sirios y la falta de ayuda por parte de los países europeos, como ya ocurrió con los judíos durante la guerra.

El director israelí pone así el foco en la relevancia de las historias –el diario, los libros, el cine y sus estrellas, tan amadas por Anne– para enfrentarse a un olvido que únicamente puede suponer nuestra condena. De ahí que la película esté pensada para hacer llegar a los adultos, pero sobre todo a los más pequeños este mensaje. Porque ellos ­–nosotros– somos el futuro, y sólo nos queda la esperanza de hacerlo un poco mejor que nuestros predecesores.