‘Turno de Guardia’: Enfermera saturada

4 Butacas de 5

La directora Petra Volpe dirige este thriller hospitalario que sigue a una enfermera suiza en su frenético turno de trabajo.

Las nuevas series de televisión ambientadas en el mundo hospitalario se han centrado en los últimos años en recoger el malestar que los trabajadores sanitarios que vienen denunciando, desde antes de la pandemia, sobre su situación laboral y en hacerlas lo más realistas posibles. En los últimos años hemos visto series como ‘Esto va a doler (2022, BBC), Hipócrates (2018-2024, Canal + France), The Pitt (2025 -, HBO Max) o incluso la española Respira (2024 -, Netflix) cada una con tonos y géneros diferentes, pero todas coinciden en denunciar lo poco valorado que está el trabajo que realizan los profesionales sanitarios ya sea en sanidad pública o privada. Recortes de personal generalizados, guardias frenéticas y eternas, privatización de hospitales públicos, quejas de pacientes y familiares por la mala atención o falta de ella, largas colas en urgencias y un largo etc… son temas que se van sucediendo en ellas y en otras muchas series.

‘Turno de Guardia’ sigue esa línea siguiendo a Flora (Leone Benesch) una enfermera que trabaja en un hospital suizo. Al llegar a su turno de noche se encuentra que únicamente son dos enfermeras y una becaria en el área quirúrgica del hospital para veinticinco pacientes. El ritmo de trabajo se va volviendo cada vez más frenético y su turno se convierte en una contrarreloj para poder llegar a todos los pacientes mientras se le van intercalando urgencias a cada rato. Flora trabaja con toda la profesionalidad de quien ya lleva muchos años en el oficio. Es responsable, meticulosa, escucha a sus pacientes, trata de ser lo más cálida posible, siempre está disponible en caso de emergencia y nunca parece estresarse. Pero la realidad diaria del hospital es dura e impredecible y los problemas e imprevistos empiezan a sucederse.

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Este thriller hospitalario maneja muy bien la sensación de tensión y angustia a medida que el ritmo de trabajo de Flora va en aumento. La directora pega la cámara a  la protagonista durante casi toda la película lo que hace que el espectador se sumerja en su jornada laboral. En algunos momentos también usa el cambio de punto de vista ya que vemos a Flora ir de un lado para el otro mientras vemos el lado de los pacientes esperando ser atendidos.  El ritmo de visitas de los pacientes se interrumpe cuando alguno de los pacientes tiene una urgencia y Flora sale corriendo para poder atender la emergencia de turno. La protagonista tiene que soportar también las quejas de los pacientes y broncas de familiares e incluso gritos y malos comportamientos de algunos pacientes por la tardanza en la realización de sus visitas.

Leone Benesch (La Cinta Blanca, Babylon Berlin, Sala de profesores o 5 de septiembre) realiza un trabajo impecable como protagonista total de la película. Dota a su personaje de cierta calidez y seguridad al tiempo que se muestra su fragilidad en algunos momentos mientras realiza un trabajo muy físico empujando los carros de material y las medicinas, o moviendo camas de un lado para otro teniendo una gran  destreza al manipular líquidos, agujas o jeringas.

La falta sobrecarga de trabajo y la falta de información e incomunicación entre los pacientes, las familias de los pacientes y el personal sanitario es otro de los temas de la película ya que debido al ritmo extenuante de trabajo en el que se ve envuelto el personal sanitario no tienen casi tiempo para poder hablar con los pacientes y explicarles su estado de salud correctamente.

La película retrata con bastante realismo el trabajo de las enfermeras huyendo de la heroicidad con la que se les carga porque realizan un trabajo extenuante, altamente cualificado y con unas condiciones en muchos casos inhumanas que siguen adelante a pesar de broncas, malos modos o falta de información.

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La directora Petra Volpe se interesó por el tema de los cuidados porque vivió con una enfermera durante algunos años y vio lo bueno y lo malo de un trabajo con condiciones cada vez más difíciles. Para el proceso de documentación se encontró con un informe que decía que 2040 Suiza tendrá un déficit de 40.000 trabajadores de enfermería.

Los problemas a los que se enfrentan los trabajadores sanitarios son algo generalizado en los países occidentales. Según la OMS habrá un déficit a nivel mundial de 13.000.000 millones de trabajadores en el sector de la enfermería. En España el déficit en personal de enfermería se estima en 100.000 trabajadores del sector según el Ministerio de Sanidad.

Turno de guardia (Last Shift) ha sido seleccionada por Suiza para competir en los Oscars 2026 en la categoría de Mejor Película Internacional.

‘La Isla de la Belladona’: Un misterio más que reflexivo

3 Butacas de 5

Dirigida por Alanté Kavaité, “La isla de la belladona” propone una mirada incómoda y a la vez luminosa sobre uno de los grandes debates que, queramos o no, nos esperan como sociedad. En un futuro cercano, donde las personas mayores de 80 años deben recurrir a la eutanasia, en una isla apartada de las leyes, un grupo de ancianos vive junto a su cuidadora, en una rutina tranquila y sin preocupaciones. Todo cambia con la llegada de una familia de tres extraños que, a partir de ese momento, comienzan a producirse muertes por razones inexplicables.

La película reúne un elenco muy sólido, con química y de distintas generaciones, Nadia Tereszkiewicz, Daphné Patakia y Dali Benssalah aportan una energía joven mientras que actores como Miou-Miou, Patrick Chesnais, Jean-Claude Drouot o Alexandra Stewart sostienen la película desde la experiencia.

Plantea dos problemáticas que resultan actuales. Por un lado, qué ocurre cuando una sociedad colapsada, incapaz de sostener sus sistemas de pensiones, empuja a sus ciudadanos más mayores hacia la eutanasia. Por otro, qué hacemos con aquellos ancianos que no quieren morir, que siguen teniendo ganas de vivir pese a su fragilidad.

Aunque por momentos la historia juega con una sensación de misterio y cierta tensión, “La isla de la belladona” no está interesada en convertirse en un thriller, su intención es mucho más reflexiva. Y es donde está el mayor problema, esperas giros de guion, tensión, y ritmo, sin embargo, eso nunca llega, por lo que a los pocos minutos se vuelve muy lineal y solo la química entre ellos salva a esta isla.

El eje emocional de la historia recae en Gaëlle, la cuidadora del grupo, quien hereda la isla y decide convertirla en un espacio de protección y cuidado. Sin embargo, su forma de entender ese cuidado se ve alterada por la llegada de los extraños, lo que despierta en ella la sospecha de que podrían estar allí con otras intenciones. La película juega con esa ambigüedad, dejando abierta la posibilidad de que tal vez no haya una amenaza real.

Visualmente, la película es muy luminosa, hay una luz constante y cálida, que contrasta con el tema que aborda y que parece aceptar el destino de los personajes sin dramatizarlo. Como si la propia película nos invitara a dejar que sean ellos quienes decidan cómo quieren vivir o morir.

“La isla de la belladona” no ofrece respuestas claras ni busca moralizar. Su objetivo es recordarnos que en el final de la vida también hay deseo, humor, contradicciones y ganas de seguir siendo uno mismo hasta el último momento. Una película más profunda de lo que aparenta a primera vista.