3 Butacas de 5

Dirigida por Alanté Kavaité, “La isla de la belladona” propone una mirada incómoda y a la vez luminosa sobre uno de los grandes debates que, queramos o no, nos esperan como sociedad. En un futuro cercano, donde las personas mayores de 80 años deben recurrir a la eutanasia, en una isla apartada de las leyes, un grupo de ancianos vive junto a su cuidadora, en una rutina tranquila y sin preocupaciones. Todo cambia con la llegada de una familia de tres extraños que, a partir de ese momento, comienzan a producirse muertes por razones inexplicables.

La película reúne un elenco muy sólido, con química y de distintas generaciones, Nadia Tereszkiewicz, Daphné Patakia y Dali Benssalah aportan una energía joven mientras que actores como Miou-Miou, Patrick Chesnais, Jean-Claude Drouot o Alexandra Stewart sostienen la película desde la experiencia.
Plantea dos problemáticas que resultan actuales. Por un lado, qué ocurre cuando una sociedad colapsada, incapaz de sostener sus sistemas de pensiones, empuja a sus ciudadanos más mayores hacia la eutanasia. Por otro, qué hacemos con aquellos ancianos que no quieren morir, que siguen teniendo ganas de vivir pese a su fragilidad.

Aunque por momentos la historia juega con una sensación de misterio y cierta tensión, “La isla de la belladona” no está interesada en convertirse en un thriller, su intención es mucho más reflexiva. Y es donde está el mayor problema, esperas giros de guion, tensión, y ritmo, sin embargo, eso nunca llega, por lo que a los pocos minutos se vuelve muy lineal y solo la química entre ellos salva a esta isla.
El eje emocional de la historia recae en Gaëlle, la cuidadora del grupo, quien hereda la isla y decide convertirla en un espacio de protección y cuidado. Sin embargo, su forma de entender ese cuidado se ve alterada por la llegada de los extraños, lo que despierta en ella la sospecha de que podrían estar allí con otras intenciones. La película juega con esa ambigüedad, dejando abierta la posibilidad de que tal vez no haya una amenaza real.

Visualmente, la película es muy luminosa, hay una luz constante y cálida, que contrasta con el tema que aborda y que parece aceptar el destino de los personajes sin dramatizarlo. Como si la propia película nos invitara a dejar que sean ellos quienes decidan cómo quieren vivir o morir.
“La isla de la belladona” no ofrece respuestas claras ni busca moralizar. Su objetivo es recordarnos que en el final de la vida también hay deseo, humor, contradicciones y ganas de seguir siendo uno mismo hasta el último momento. Una película más profunda de lo que aparenta a primera vista.

