‘Nouvelle Vague’: sentido homenaje no exento de gran cine

La nouvelle vague lo cambió todo. Considerado uno de los movimientos más importantes del séptimo arte, el impulsado por los críticos de cine de la revista francesa especializada Cahiers du Cinéma buscó por encima de todo defender la idea de ‘autor’ en la obra cinematográfica. Así es como surge una forma de entender las imágenes en movimiento que atiende fundamentalmente a la forma; a la puesta en escena. La nouvelle vague configuró un cine revolución frente a la asentada industria de estudios y el star-system. Tal es la importancia de la corriente que más de cinco décadas después de su surgimiento, el mayúsculo cineasta contemporáneo Richard Linklater (Antes del amanecer), que por si fuera poco estrenó hace poco más de un mes la enorme Blue Moon (2025), ha querido rendirle el homenaje que merecía escenificando los años de su eclosión a través del rodaje de la importantísima Al final de la escapada(1960), ópera prima del cineasta insignia del movimiento: Jean Luc-Godard.

Pese a que pueda confundirse con una burda amalgama de referencias cinéfilas, Nouvelle Vague consigue plasmar por un lado el divertido rodaje de la cinta de Godard y la estocada que significó al modelo de producción establecido, al tiempo que trazar con gran química la relación entre los distintos artífices del movimiento y la ebullición artística que se vivía. No faltan los cameos históricos, está claro, pero la mayoría de ellos, lejos de ser gratuitos, ofrecen una visión más general del hervidero cinematográfico e intelectual del momento. Precisamente los autores, en la nouvelle vague en concreto, eran más importantes que nunca. No obstante, alguna referencia más innecesaria sí que hay, pienso en la de Robert Bresson -cineasta al margen de toda corriente- y Martin Lasalle mientras ruedan su famosa Pickpocket (1959), pero cayendo en la trampa con conciencia, es una de mis escenas favoritas dada mi absoluta devoción por el genio francés y por lo divertido de la secuencia en sí. Uno de los mayores aciertos de la película es el de, así como casualmente Bresson tenía por axioma, escoger a intérpretes sin demasiado trayecto o incluso nulo. De esta manera la mirada huye del rostro conocido y las imágenes externas que este le evoca –‘ruido’ lo llamaba el francés- y puede atender a cuestiones más importantes de forma y fondo. Además, los actores son realmente buenos, en especial los principales Guillaume Marbeck (Jean Luc-Godard) y Aubry Dullin (Jean Paul Belmondo). Doble éxito de Linklater.

En busca de una simulación estricta de lo que la nouvelle vague significa, el cineasta opta por rodar en blanco y negro y una relación de aspecto de 4:3 y consigue una textura que realmente evoca a ese cine de los años sesenta. La propia puesta en escena y desarrollo lo hacen, buscando la espontaneidad de las reuniones en Cahiers, conversaciones por la calle y en el metro entre Truffaut, Godard y compañía… con un enfoque naturalista desde la propia perspectiva de la cámara y el posterior ensamblaje en montaje de secuencias que no dicen nada, pero al mismo tiempo lo dicen todo. Cine inteligente al margen de las muchas referencias y cameos que, sustentadas por un gran guion y puesta en escena, molan muchísimo también.

Nouvelle Vague puede que peque de glorificadora, pero en un mundo ya demasiado desgraciado no está de más un homenaje tan sentido como el de Linklater. Es tierno ver cómo -aunque de manera algo tramposa y efectista- los partícipes de Al final de la escapada comentan durante su rodaje en la ficción la intrascendencia a la que se creen abocados. ¡Viva Richard Linklater! Que nos ha entregado dos de las mejores películas del año, ambas además sobre personajes reales del arte. Una sobre cine, otra sobre música. Dadle una oportunidad a Blue Moon porque no tiene desperdicio.

‘Rental Family’: La empatía como liberación de nuestras frustraciones y miedos

3’5 Butacas de 5

Brendan Fraser in RENTAL FAMILY. Photo by James Lisle/Searchlight Pictures. © 2025 Searchlight Pictures. All Rights Reserved.

Hay películas de las cuales uno no espera absolutamente nada: simplemente sentarse en la butaca del cine y dejarse llevar por la historia que nos van a contar, incluso sin saber nada del argumento, para dejarse sorprender y ver qué depara la misma. Bien, pues eso mismo me ha pasado con Rental Family, la última producción protagonizada por Brendan Fraser, de la cual no sabía prácticamente nada (salvo la aparición del actor) y que me ha cogido absolutamente por sorpresa. Es de esas películas que, con una premisa de lo más interesante, consiguen mantener una sonrisa cómplice con el espectador a la vez que parece que te dan un cálido abrazo… vamos, una feel good movie de las de toda la vida, pero estupendamente ejecutada.

Brendan Fraser and Shannon Gorman in RENTAL FAMILY. Photo by James Lisle/Searchlight Pictures. © 2025 Searchlight Pictures. All Rights Reserved.

Ambientada en el Tokio actual, Rental Family sigue a un actor estadounidense (Brendan Fraser) que lucha por encontrar un propósito en la vida hasta que consigue un trabajo inusual: trabajar para una agencia japonesa de “familias de alquiler”. A medida que se sumerge en el mundo de sus clientes, comienza a establecer vínculos genuinos que difuminan las líneas entre la actuación y la realidad. Al enfrentarse a las complejidades morales de su trabajo, redescubre el propósito, la pertenencia y la tranquila belleza de las relaciones humanas.

Rental Family va en busca de tu corazón, es algo que no disimula. ¿Lo consigue? Irremediablemente sí, siempre y cuando entres en su propuesta y en el tono marcado: una película amable y cálida. Aunque se quede un poco en la superficie de lo que podría haber sido su premisa, sabe aprovechar lo que propone gracias a una buena ejecución del tono y la forma, sin caer en demasiados excesos.

Bun Kimura and Mari Yamamoto in RENTAL FAMILY. Photo by James Lisle/Searchlight Pictures. © 2025 Searchlight Pictures. All Rights Reserved.

Puede que muchos se quejen del exceso de sentimentalismo, pero es algo que la película no esconde en absoluto y que el espectador espera recibir. En ese aspecto funciona estupendamente, consiguiendo encogerte el corazón en varios momentos (especialmente en la huida al pueblo), gracias a un buen manejo de los personajes que facilita la empatía. Al final, la película propone precisamente eso: empatía con el otro, aunque sea un trampantojo.

Su guion resulta medido y con las ideas claras, con una acertada mezcla entre drama y comedia. La puesta en escena de Hikari transmite muy bien el entorno de Tokio y sus alrededores (os juro que mientras la veía me recordó a la serie Tokyo Vice, que no tiene nada que ver en tono… y resulta que, tras repasar la filmografía de Hikari, descubrí que dirigió varios episodios de la serie) , y las interpretaciones del reparto son maravillosas en conjunto, sin necesidad de destacar a nadie por encima del resto. Mención especial para la banda sonora de Alex Somers y Jón Þór Birgisson, que sabe dar con la tecla perfecta.

Brendan Fraser and Shannon Gorman in RENTAL FAMILY. Photo by James Lisle/Searchlight Pictures. © 2025 Searchlight Pictures. All Rights Reserved.

En definitiva, Rental Family es una feel good movie, sí, pero pasada por un filtro más íntimo y personal, donde se mezcla el aroma oriental con tropos occidentales. Durante sus 103 minutos, consigue que olvidemos los problemas para conectar con unos personajes que solo necesitan un abrazo cálido. Y esa es, precisamente, la sensación que deja al terminar: algo necesario e ideal para estas fechas. Una cinta estupenda.