‘Súper… ¿quién?’: La comedia francesa americana

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Llega a los cines otra comedia francesa, sí otra, de esas que ya te llevan a pensar en películas como Bienvenidos al norte, Amelie, La familia Bélier o Los intocables.

Esta vez viene de la mano de Philippe Lacheau, en esta pieza, el conocido humorista francés dirige, escribe, produce y protagoniza una historia sobre “superhéroes” que nada tiene que ver con las franquicias de Marvel y DC, aunque a la vez tiene todo que ver.

“Súper… ¿quién?» Nos cuenta la historia de Cedric (Phillippe Lacheau) un joven actor que trata de encontrar su lugar en un mundo profesional complejo y competitivo. A su vez tiene que lidiar con un padre que no ve con buenos ojos sus metas y una hermana que no cree mucho en que vaya a lograrlo (a esto le sumamos dos amigos bastante peculiares)

Un día consigue el papel protagonista “Badman” todo en su vida comienza a ir a mejor hasta que tiene un accidente con el traje de superhéroe puesto y pierde la memoria. Esto le lleva a una serie de sucesos con delincuentes, la justicia, niños y sus amigos en líos, porque Cedric se piensa que es un superhéroe.

El humor de esta película puede asemejarse a las películas americanas más tópicas que buscan la carcajada en lo absurdo, lo irreal, lo exagerado y en connotaciones sexuales como American Pie o Resacón en las Vegas. Personalmente, no suelo ser fan de este tipo de comedias pero he de reconocer que este trabajo me ha resultado entretenido.

La clave para que funcione son todas las burlas y referencias a las películas de superhéroes (y que la mayoría conocemos en mayor o menor medida) suelen resultar épicas en las superproducciones americanas, pero si las planteas del modo en que lo hace el director, llegan a resultar ridículas.

Se nota que Lacheau es un gran fan de dichas franquicias y que no se le ha escapado ningún detalle en su película, vemos alusiones a Batman, los vengadores, Spiderman, incluso la introducción de la película está copiada de las de Marvel.

Opino que en una sociedad en la que la mayoría del mercado audiovisual está ocupado en un 80% por películas de superhéroes, Phillippe Lacheau ha visto una gran oportunidad para crear algo con lo que la mayoría de los espectadores pueden reírse, ya sea por ser grandes fans o grandes haters de estas franquicias porque esos superhéroes que aparecen en ellas nada tienen que ver con un protagonista que cada vez que trata de hacer algo heroico acaba estropeándolo o quedándose sin pantalones.

Mi recomendación, si vais al cine y estáis buscando algo rápido (porque dura una hora y media) que os entretenga y con la que reíros un rato para desconectar, id el 18 de febrero a ver “Súper… ¿Quién?” la comedia francesa no tan francesa.

‘Un Pequeño Mundo’: La directora Laura Wandel inicia su incursión en la dirección con un duro retrato del abuso escolar

4 Butacas de 5

El abrazo que aparece en el póster de “Un Pequeño Mundo” vale más de mil palabras ­–o, al menos, más de mil críticas– a la hora de capturar la complejidad de las emociones experimentadas por Nora y Abel cuando ambos han de hacer frente al acoso escolar que este último sufre por parte de sus compañeros de clase. Fundidos en ese gesto, los dos hermanos parecen querer protegerse uno al otro de todo aquello que les rodea, pero también perdonarse por los momentos en los que ninguno se ayudó mutuamente como era debido, simplemente porque no supieron cómo hacerlo. La cineasta belga Laura Wandel debuta con este largo ­–galardonado con el premio FIPRESCI en la pasada edición de Cannes– para poner de relieve precisamente este hecho: la falta de herramientas de los niños para hacer frente a situaciones que ni siquiera en muchos casos los adultos son capaces de manejar.

Wandel sabe utilizar de manera muy inteligente todos los recursos formales a su disposición para lograr que la atmósfera de la película rezume tensión y asfixia, mimetizándose al completo con cada uno de los sentimientos experimentados por los protagonistas. La cámara se empeña siempre en acercarse a sus rostros, mientras que la escasa profundidad de campo los aísla de cualquier posible tabla de salvación –ya sea por parte de los adultos u otros compañeros– a la que tratan de aferrarse. Sin embargo, frente a todas estas artimañas, la que más le funciona a la directora es la de mantener la cámara a la altura de Nora y de Abel, no habiendo gesto más simbólico y útil para representar la separación física y mental que los distancia de los mayores a su alrededor. En un significativo castigo visual, estos últimos son fragmentados en meros brazos, piernas; miembros inconexos incapaces de acceder a un pequeño mundo demasiado alejado de ellos, hasta que la situación se vuelve insostenible y se ven forzados a intervenir.

La agudeza de las decisiones que ha tomada Wandel cala hasta el guion mismo de la película, en el que la directora no deja escapar el intento de explorar cuan complejo puede llegar a ser el universo infantil y las dinámicas de poder que operan dentro de este. A los lugares comunes de cualquier colegio –el patio, el comedor o los baños– se los despoja por completo de cualquier atisbo de inocencia para convertirlos en escenarios de algunas agresiones brutales, como en la que Abel es encerrado y zarandeado en un contenedor de basura. En este contexto tan difícil a Nora y su hermano sólo les queda sobrevivir, sin entender muy bien cómo o por qué y tomando ciertas decisiones que harán mella en su relación y acabarán separándolos. Aunque siempre encontrarán el camino de vuelta para estar juntos, para abrazarse de nuevo una vez más.