‘Mamá o Papá’: Juerga Padre

Descubrimos los entresijos de ‘Mamá o Papá’

3 Butacas de 5

Podemos decir a estas alturas que Dani de la Orden ya se ha convertido en un fijo de las comedias de Atresmedia –Hasta que la muerte nos separe, El Mejor Verano de mi Vida y El Pregón lo avalan–. Se ha encasillado en un perímetro donde se maneja con soltura, se siente a gusto en una delicada zona de confort. Y digo delicada porque el exigente espectador no suele ver con buenos ojos estos productos, pues suelen ser considerados maniqueos e irrelevantes. Y motivos no les falta. Sin embargo, en ‘Mamá o Papá‘ hay cierta chispa encendida que logra avivar su razón de ser. Además, no hay mejor manera para atrapar al público que con esa primera secuencia a la luz de la noche en mitad de la playa mientras se canta ‘Moriría por vos’ de Amaral.

En esta ocasión, el director de Litus se embarca en una desarreglada –argumentalmente hablando– historia familiar, en un desaliñado revuelo donde dos padres de familia toman la inoportuna decisión de divorciarse. A todos los hijos que se ven ante esta situación, este tipo de infortunios suelen marcarles en tan temprana etapa de sus vidas, les es duro afrontar la cruda realidad que se les presenta. Aunque a veces es incluso más doloroso para los padres tener que alejarse de sus criaturas, esas a las que han criado desde que nacieron y aman con la fuerza de los mares. No obstante, aquí los progenitores querrán evitar a toda costa quedarse con la custodia de los hijos, pues a ambos les ha surgido un proyecto de vida/laboral que les alejaría de Madrid –ciudad a la que Dani da mucho protagonismo en su obra mediante planos recursos de zonas reconocibles de la capital–. Para ello, intentarán ser los peores padres posibles.

Este argumento puede resultar excesivamente manido, pero el buen hacer de De La Orden, la química que se percibe en pantalla entre Paco León, Miren Ibarguren –se nota que ya venían de hacer migas juntos anteriormente en Arde Madrid y Aída– y los infantes protagonistas, y la vis cómica que desprenden algunos personajes secundarios –el fan de Pantomima full se sentirá reconfortado– logran esquivar la planicidad y basicidad de las que podía haber pecado el producto, convirtiéndolo en una comedia que se ve con gusto, que no da tregua al público gracias al desvergonzado e irresponsable divertimento que nos ofrece Dani de la Orden en un título donde refleja y retrata las nuevas generaciones por medio de un humor actual, casi inclusivo.   

En definitiva, para el que escribe estas líneas, Mamá o Papá consigue alejarse de la fatídica frontera de las insustanciales comedias comerciales –esas a las que a la media hora de película desearías no haber empezado– y se hace hueco entre las producciones dulces y agradables de ver, pese a que estemos ante una obra que se mueve muy de vez en cuando entre la locura y el éxtasis. El cineasta madrileño también sabe crear una atmósfera sensible y emotiva -destacar momento concurso de talentos mientras se canta el emblemático tema de Rocío Jurado ‘Como yo te amo’– entre la notoria comicidad vista en pantalla. No es una gran película, tampoco lo pretende, pero cumple de sobra con sus pretensiones.  A esta simpática y amena comedia familiar le auguro un gran éxito en taquilla estas navidades. 

         

  

‘Spider-Man No Way Home’: El cierre de trilogía que los fans se merecen

4’5 Butacas de 5

Cuando se nos presentó el Spiderman de Tom Holland en uno de los primeros trailers de Capitán América: Civil War (2016), se generó bastante polémica debido a la desconfianza que generó la elección de un actor de aspecto tan joven para la interpretación del personaje del hombre araña. Desde entonces, el Peter Parker de Tom Holland nos ha dejado muchos de los mejores momentos que hemos podido vivir en el Universo Cinematográfico de Marvel, convirtiéndose así en el favorito cogiendo el relevo del gran Iron Man de Robert Downey Jr.

Para el que no haya visto los tráilers (y sin ir más allá de ellos), Spider-Man No Way Home relata los sucesos posteriores a la muerte de Misterio y la revelación de la identidad de Spiderman, sobre lo que se basa gran parte de la trama. Viendo el daño que esto le supone a él y a sus seres queridos, Peter decide acudir al Doctor Strange (Benedict Cumberbatch), para que este le ayude realizando un peligroso hechizo que haga al mundo olvidar quién es Peter Parker, algo de lo que se acabará arrepintiendo, ya que el hechizo se tuerce provocando que lleguen visitantes de otros universos a los que los espectadores ya hemos tenido el placer de conocer anteriormente.

Hay varias razones por las que esta película va a ser la más relevante desde que finalizó la saga del infinito, y no es sólamente por ser, narrativamente, un punto de inflexión muy grande en el UCM, del cual preferimos no hablar para evitar spoiler, sino que la construcción que ha tenido el propio personaje al que da vida Tom Holland, ha logrado que esta sea una película tan esperada cómo lo fueron las dos últimas de los vengadores.

Intentando no hacer mucho énfasis en las causas concretas, ha sido muy placentero ver cómo empieza Peter la película, y cómo la acaba: siendo un joven maduro que logra comprender la responsabilidad que conlleva tener un gran poder, algo que va mucho más allá de tener buenas intenciones.

A nivel sociocultural, también va a suponer el regreso de las masas a las salas de cine. Las entradas para el estreno se han ido agotando más rápido según se ha acercado la fecha, animando algunos cines incluso a ampliar su aforo. Y aunque a nivel sanitario no vamos a comentarlo, ya que no somos expertos, tras ver el film nos ha quedado claro que está totalmente justificada la visita al cine.

Por otro lado, tenemos que decir que no es oro todo lo que reluce. Es verdad que es una gran obra que se define por tener unos puntos muy fuertes en casi todos sus aspectos. Pero algo que quita ese punto de obra maestra a varias de las películas que Marvel ha realizado es esa comedia innecesaria que nos encontramos en gran parte de las escenas, y que lastra al realismo que caracteriza la ficción de Marvel, en la que la fantasía es una parte más de nuestro mundo, con una fotografía fiel una paleta de colores e iluminación natural y práctica, y unos efectos visuales lo suficientemente buenos como para que pasen desapercibidos en la pantalla.

Aunque al público más adulto nos gustaría ese toque extra de seriedad, es verdad que no es un problema tan grande como para hacer que esta no sea una película a valorar. Además, entendemos que Disney se dirige a todos los públicos con sus películas, por lo que tienen que contentar a todas las partes, una tarea muy difícil de lograr.

Dicho todo esto, no sé que estáis haciendo aquí leyendo todavía esta crítica, en vez de ir a compraros un par de entradas para ti y algún amigo. Podréis ir a disfrutarla a partir de este jueves 16 de diciembre a vuestra sala de cine más cercana. Y ante todo recordad, respetad a los demás, y no hagáis ningún spoiler.