‘Demonic’: Revuelto tecno-demoniaco con resultados irregulares

3 Butacas de 5

Todas las películas de Neill Blomkamp tienen un fuerte subtexto en forma de alegoría sociopolítica bajo sus premisas de pura ciencia ficción, siempre estimulantes y llenas de ideas, independientemente de sus resultados finales. ¿Qué ocurriría si, como se pregunta en Distrito 9, llegara una nave de refugiados alienígenas a Sudáfrica y se les recluyese en guetos? ¿Cómo reaccionaría el mundo si en un futuro próximo ultra tecnológico, las clases privilegiadas se construyeran un nuevo hogar más allá de la Tierra en el que alejarse de la podredumbre y decadencia que asola el planeta? ¿Qué pasaría si un robot policial diseñado para la represión fuera reprogramado y comenzara a pensar por sí mismo? Aunque este tipo de cuestiones se han diluyendo más en cada una de las películas, siempre habían estado presentes en mayor o menor medida. En Demonic, finalmente, Blomkamp se deshace de las sutilezas y las alegorías para centrarse en experimentar con los géneros.

La historia de Carly (Pope) comienza como una exploración del trauma ultra tecnológica cuando descubre que puede contactar con su madre en coma desde hace años después de haber sido convicta por una serie de asesinatos.  Lo consigue a través de un programa informático de última generación desarrollado por la empresa Therapol, que cree poder sacar a la madre del coma si su hija es capaz de comunicarse con su parte del cerebro que aún sigue activa. El dispositivo permite acceder al subconsciente del paciente en forma de reconstrucción virtual de determinados recuerdos y entornos. Blomkamp emplea esta excusa pseudocientífica para representar el videojuego, no sólo su aspecto visual, sino también su lógica casi onírica, como medio cinematográfico. De esta manera, la protagonista se mueve por esta ensoñación tecnológica buscando el recuerdo de su madre, a la que jura no volver a ver más después de este experimento.

Sin embargo, a pesar de finalmente encontrarla a través de este método, Carly descubre que su madre guarda un secreto que, a media película, recontextualiza todo lo que hemos visto hasta entonces para inmediatamente después dejarlo atrás y saltar directamente al género sobrenatural. Más que una transición a otro tipo de registro parece un corte súbito: pasamos de ver la fascinación del director por las posibilidades de la tecnología como medio comunicador capaz de traspasar cualquier tipo de barrera humana a una desaprensión total por todas estas ideas planteadas hasta entonces en apenas una secuencia expositiva de apenas dos minutos en la que un personaje le dice literalmente a otro que todo se debe a una presencia demoníaca.

En esta segunda mitad, Blomkamp lanza otras cuantas ideas al aire al mismo tiempo que intenta recoger las anteriores, lo que hace que la mayoría de ellas acaben desperdigadas y mezcladas. Sin embargo, considero que esta intención de abarcar todo lo posible a costa de no poder apretar demasiado es un síntoma de ambición que me resulta admirable, a pesar de los resultados irregulares. Creo que debemos celebrar cada intento de un director por aportar y entremezclar ideas visuales y tonales, dejando de lado consideraciones intelectuales que podrían hacer que una película de serie B sin pretensiones solemnes en la que se percibe claramente la presencia de alguien que intenta hacer avanzar al género.

‘La Familia Bloom’: una historia de superación que sabe sobreponerse a las expectativas

4 Butacas de 5

Es complicado encontrar la forma de abordar esta película, pues tiene varios matices bastante interesantes y es difícil no centrarse en uno concreto. Pero si hay algo que este film tiene, es una meta muy clara y que logra con creces, conseguir enternecernos bajo la dirección de Glendyn Ivin (El último viaje, Cracker Bag…), quien opta por transmitirnos una historia cruda que indaga en los más profundo del dolor humano cuando una persona se ve incapacitada de forma permanente.

En esta ocasión, Glendyn Ivin nos presenta a una magistral Naomi Watts (Lo imposible, Mulholland Drive…), quien se pone en la piel de Samantha, una fotógrafa a la que un fatídico accidente dejó en silla de ruedas. Un día, sus hijos traerán a casa una urraca herida que, aunque inicialmente evitará, aceptará cuidar. Este gesto cambiará irreversiblemente su vida.

Como mencionaba al principio, se perciben algunos matices muy sugestivos para hacer reflexionar al espectador, entre los que destaco las diferentes formas de superar y especialmente sobrellevar una carga tan grande como es el día a día de una familia tras el accidente de uno de sus miembros. La postura frente al accidente de Samantha por parte de Cameron, el padre de familia, con una sobresaliente interpretación de Andrew Lincoln (The Walking Dead, Love Actually…), es sencillamente digna de admiración, ofreciendo un apoyo que parte de un esfuerzo más que titánico por comprender y ayudar a su esposa, a quién sin lugar a dudas quiere volver a ver feliz de nuevo. Por su parte, sus hijos tendrán actitudes dispares entre sí, siendo Noah, quien tendrá que soportar una carga extra al sentirse culpable de haber conducido a su madre hasta el accidente.

Si bien todas las interpretaciones de los actores y las actitudes presentadas por los personajes son más que interesantes, quien consigue fascinarnos sin ninguna duda es Naomi Watts, mostrando una Samantha que tendrá que superar y afrontar todo tipo de barreras para aceptar la nueva condición en la que se ve expuesta. Por suerte para Samantha, y para toda la familia, contarán con el apoyo de un nuevo integrante en la familia, “Penguin”, una urraca que inicialmente encuentran herida y que con su simple presencia logra volar al corazón de la familia y al del espectador.

Otro aspecto muy interesante que merece ser explorado es el simbolismo que la película ofrece, siendo el más evidente y destacable la presencia de un animal herido tratando de volver a la normalidad a pesar de su condición.

El ritmo de la película es constante en casi todo momento, pero sabe cuándo y cómo impactar al espectador, especialmente haciendo gala de diálogos y confrontaciones penetrantes y dotadas de gran realismo.

El film aprovecha al máximo todos los recursos de los que dispone y nos regala escenarios que llegan a considerarse parte esencial para el desarrollo de la historia y que dotan de una esencia muy propia a la película.

En definitiva, La familia bloom es una apuesta más que sugerente que entiende y explora las debilidades humanas y el conflicto. Es una introspección perfecta cargada de simbolismo, necesaria para aprender a superarse y a querer a los que te rodean y a uno mismo.