‘Lo que aprendí de mi pingüino’: Una emotiva historia de amistad

3 Butacas de 5

Peter Cattaneo dirige a Steve Coogan en la adaptación de las memorias del profesor Tom Mitchell quién tuvo un pingüino mientras vivió en Buenos Aires a finales de los años 70.

Tom (Steve Coogan) es un profesor de inglés desilusionado que llega a Buenos Aires en 1976 para trabajar en un internado inglés justo el día que llega los militares dieron el golpe de estado.  En su lugar, descubre una nación compleja y dividida, y una clase de jóvenes a los que considera prácticamente imposibles de enseñar. Sin embargo, cuando rescata a un pequeño pingüino de una playa contaminada por petróleo, su vida da un vuelco. El ave se convierte no solo en un valioso amigo, sino también en el maestro de las lecciones más importantes de su vida, la de sus alumnos y la de todos los que tienen la suerte de conocerlo.

Esta feel-good movie trata sobre la amistad entre el profesor y el pingüino que también actúa como metáfora de libertad y ayuda a los personajes a confrontarse consigo mismos para liberarse y superarse en la vida. El trato con el resto de los trabajadores del colegio y sobre todo con las limpiadoras le harán entender que llega un momento en el que uno tiene que tomar partido, hacer algo por los demás y también por uno mismo.

La interacción del pingüino con el protagonista y el resto de los personajes funciona y deja momentos entrañables y divertidos desde que aparece en escena para quién han utilizado robots animatrónicos y animales reales.

La película introduce algunos cambios con respecto al libro como la edad del protagonista que en el libro es un veinteañero mientras que en la película es un señor de cincuenta años que huye de su doloroso pasado. Además, en el libro el autor ve la dictadura argentina desde fuera como si no fuera con él ya que el internado inglés actúa de oasis para él mientras que en la película han decidido añadir el contexto histórico e inventar la trama de Sofía que sirve como catalizador para el protagonista.

Jeff Pop está a cargo del guion de la película, la BSO corre a cargo de Federico Justid y el resto del reparto lo componen Jonathan Pryce, Vivian El Jaber, Börj Gustafsson o Alfonsina Carrocio entre otros muchos.

’13 días, 13 noches’: fría, tensa y visceral

4 Butacas de 5

13 días, 13 noches anima en varios momentos a apartar la mirada, y no por el gore. La película empieza en la evacuación de Kabul de 2021. Desde el minuto uno, se sumerge en un caos creíble y en una presión que se hace casi insoportable.

Martin Bourboulon pone un estándar altísimo de tensión. Lo que hace aquí es un despliegue inmenso. Parece casi un documental: cientos de extras, recreaciones cronometradas y una producción prácticamente hollywoodiense.

Bourboulon sabe dónde poner la cámara, sabe cómo marcar el ritmo. La peli aporta algo claramente novedoso al contar una historia aparentemente pequeña como una enorme gesta militar.

La historia se basa en hechos reales. Sin embargo, el guion echa en falta un poco de atención a los personajes. La película recurre a lugares comunes, especialmente en las relaciones entre los protagonistas. Si como crónica de una operación militar es impecable, como retrato humano se queda corta.

La película transmite angustia y adrenalina a borbotones. Es una experiencia potente, muy valorable por su factura, aunque corta en cuanto a sus protagonistas. Un espectáculo impecable con más técnica que corazón.

Los personajes son un folio puesto en una mesa. Sus motivaciones son básicas. Sus diálogos son extremadamente expositivos. No hay un nombre memorable; lo memorable es lo que pasa. Los personajes son meros vehículos para que la acción avance con cierto orden. Y ahí la peli hace de la escasez una virtud.

13 días, 13 noches es un thriller sobresaliente. Una película milimétricamente calculada. Puede que no recuerdes cómo se llamaba nadie, pero pasarás un rato encogido y pensando en que algo así pasó en realidad. Y no hace veinte años, sino antes de ayer.