Tres películas para conocer a Gonzalo Suárez, Goya de Honor 2026

La Academia de Cine ya ha hecho oficial el único Goya que se sabe con antelación antes de la gala: el Goya de Honor. Este año el galardonado ha sido el inclasificable Gonzalo Suárez. Este asturiano entró en el mundo del cine para cambiarlo y que nada fuera igual; sin embargo, a pesar de que en los círculos más cinéfilos su nombre sigue resonando, para el común de los espectadores sus películas son muy desconocidas. Se podría hablar de muchas como “Epílogo” (1984), la mejor de su filmografía a mi parecer, o “El detective y la muerte” (1994), “Don Juan en los infiernos” (1991), “Oviedo Express” (2007), una reinterpretación de “La Regenta” (que también rodó en 1974) o “Aoom” (1970), pero si se quiere conocer al Gonzalo Suárez más personal, creo que los siguientes títulos serán más apropiados:

  • “La loba y la paloma” (1974). Una de las primeras películas de Gonzalo Suárez y su primera colaboración con Carmen Sevilla. En esta cinta, aleja a la folclórica de sus papeles habituales y la introduce en el mundo del hampa, de los bajos fondos, donde un grupo de desalmados intentará encontrar el botín de un robo: una estatua de oro puro. Para ello tendrán que presionar a una huérfana que es la única que conoce el paradero. La atmósfera agobiante y claustrofóbica que genera Suárez en medio del campo asturiano es inigualable. Nunca fue más sencillo huir y desaparecer, pero conforme va pasando el tiempo los personajes van odiándose más entre ellos y el espacio en el que se mueven es menor, ya que no dejan a nadie solo, no vaya a traicionarles. En “La loba y la paloma” empezamos a vislumbrar las características de la obra de Suárez: la desconfianza con el prójimo y el egoísmo intrínseco en nosotros mismos. Se puede disfrutar de ella en FlixOle.
  • “El lado oscuro” (1991). Este mediometraje, disponible en RTVE, es un ejercicio de fusión del teatro con el cine independiente y la vocación de hacer un producto comercial. Junto con el magnífico Héctor Alterio, Gonzalo Suárez nos acerca los horrores de la dictadura argentina. Basado en las transcripciones de los interrogatorios a un torturador de la Junta Militar, Suárez no juzga al monstruo, ni lo redime, sino que muestra cuán roto y alejado de la realidad tiene que estar el ser humano para poder cometer barbaridades. Héctor Alterio hace de espectador en la propia película, preguntando al torturador todas y cada una de las dudas que nos van surgiendo. Un proyecto para recordarnos lo que sufrieron nuestros hermanos argentinos.
  • “Beatriz” (1976). Setenta años después de que Valle Inclán escribiera el relato de terror, Gonzalo Suárez lo llevó a la gran pantalla. Para este proyecto volvió a contar con Carmen Sevilla y trabajó por vez primera con José Sacristán, que posteriormente sería uno de los actores con quién más contaría. En esta ocasión Gonzalo Suárez abandona su Asturias querida y va a rodar a Monforte de Lemos para generar la ambientación que plasmó Valle Inclán en su cuento. La historia nos cuenta como una familia de rancio abolengo vive aislada en un Pazo. Sin embargo, lo que se nos muestra no es una vida bucólica en el campo, sino la violencia desmedida que hay allá donde la civilización no se impone (también con la violencia). A su vez, la película destila erotismo al crear una relación entre una adolescente, Beatriz (Sandra Mozarowsky), y un fraile peregrino (Jorge Rivero) que ocurre de manera mística. Y es justamente esta última pieza la que termina de conformar el cine de Suárez, el fantástico. En todas sus películas hay un toque fantástico que se podría igual al realismo mágico hispanoamericano. También se puede ver esta película en FlixOle.

Entre largometrajes y mediometrajes Gonzalo Suárez nos ha dado 26 títulos. Más cinco películas en las que él es solo guionista. Y aquí sólo se ha hablado de tres de esos 31 proyectos. Gonzalo Suárez es cine. Empezar a verlo es un gran homenaje al séptimo arte.

‘Los Rose’: no funciona como comedia ni drama

2 Butacas de 5

Creo que tenía 10 u 11 años cuando vi “La guerra de los Rose” (Danny DeVito, 1989). Apenas me acuerdo de ella, pero si tengo el recuerdo de que me reí bastante y de que tenía un tono esperpéntico y caricaturesco que hacía que te tomarás la película como una especie de fábula (creo recordar que en la original era el personaje de Danny DeVito el que hacía de narrador de la historia, lo que le daba ese tono de cuento exagerado y deformado).

Justo ese tono de fábula esperpéntica es lo que han quitado en esta nueva versión dirigida por Jay Roach y, claro, el resultado es difícil de digerir. Porque ver como una pareja prácticamente perfecta se terminan hiriendo hasta límites absurdos e incomprensibles es muy desagradable para cualquier espectador que tenga un poco de empatía. En la cinta apenas te ríes y casi todo lo que debería ser gracioso resulta incómodo, incoherente o vergonzoso. El director no ha sabido coger el tono de la historia en ningún momento. Cuando debe ser dramática el humor te saca fuera. Y cuando quiere ser graciosa, el tono serio te arruina la escena totalmente. Se ha quedado en una película que no funciona ni como drama familiar ni como comedia negra.



Y es una pena porque los dos actores principales lo dan todo por los personajes. Benedict Cumberbatch y Olivia Colman están geniales y hacen una pareja con mucha química, pero el guion y la dirección no funcionan. Y de verdad que da mucha rabia, porque sus personajes son muy interesantes (los cambios de roles de género que plantea el guion o los problemas de ego de cada uno) y sus conflictos son realmente potentes (el momento en que tienen que decidir quién se queda con los niños o la reflexión final de Ivy sobre su educación). Si hubieran apostado por una película directamente dramática y profunda sobre el hundimiento de un matrimonio, creo que hubiera funcionado mucho mejor.

O si, por el contrario, hubieran apostado por la comedia más negra y esperpéntica como hizo Danny DeVito quizás hubiera llegado a buen puerto. Pero la película navega entre dos aguas constantemente, perdida en su propio tono, sin saber encontrar su rumbo, hasta terminar naufragando en un tramo final que debería ser gracioso, y termina siendo cruel, incómodo y ridículo.

En definitiva, una película fallida. No funciona ni como comedia ni como drama. Me pondré de nuevo la original para ver si es que el factor tiempo es el que ha hecho que esta historia ya no funcione. Pero lo dudo mucho. 

“La producción de cualquier obra promedia es más valiosa que cualquier crítica que podamos hacer” (Antón Ego)