‘Away’: Emociones más allá de las estrellas

3´5 Butacas de 5

Viajar siempre a algún lugar es una experiencia única. Desde descubrir lugares nuevos a reencontrarse con viejos amigos. Son experiencias gratificantes que hemos visto a través de la pantalla en multitud de películas o series. Otro ejemplo de los viajes cinematográficos son las odiseas galácticas, usadas en muchas ocasiones como en Contact, Gravity o Marte, también hay espacio para ellas en la pequeña pantalla. Away es uno de esos trayectos televisivos que llega directamente a Netflix y que simboliza más que un viaje al espacio.

La nueva serie de la plataforma es un trayecto de emociones espaciales y terrenales a través de Hilary Swank y su tripulación. La actriz junto a Ray Panthaki, Vivian Wu, Ato Essandoh y Mark Ivanir, forman una expedición galáctica en la que deberán hacer frente a problemas espaciales y conflictos personales. Si el roce hace el cariño, aquí además de sensibilidad, habrá momentos de tensión entre ellos además de lo que dejamos atrás en la tierra.

Aunque la premisa de la serie se adentre en el drama, la serie es mucho más que una odisea para completar una misión, los personajes están muy bien dibujados. No es que solamente ayude que sean de una nacionalidad distinta, es que están muy bien construidos y se les dota a todos de un paso que se muestra en forma de flashback. A pesar de que la prensa solamente hemos podido ver cuatro capítulos, el trabajo realizado por Andrew Hinderaker (creador de la serie) denota mimo por el producto, el guion y por supuesto por los personajes principales y secundarios.

Emma Green (Hilary Swank) es la jefa de la expedición, una mujer fuerte que se ha abierto paso por su pasión laboral y el amor familiar, motivo que le lleva a replantearse su futuro en la nave. Dejar a su marido e hija adolescente en tierra es duro, más aún cuando acontecen algunos aspectos que simbolizan el paso de la inmadurez a la madurez. De tomar en nuestros puños la responsabilidad de algo que no teníamos hasta ahora. Una historia de sacrificios personales, emociones a flor de piel y la combinación de la ciencia ficción al más puro estilo norteamericano de los dramones.

Intensidad, emoción y tensión, tres elementos que no faltan en una serie que, aunque esté destinada a los que les guste el espacio, es mucho más que una simple historia espacial. Con temáticas secundarias como LGTBI, feminismo y conflictos personales, la serie es un producto notable y con mucho potencial para que los espectadores disfruten más allá de las estrellas.

‘Estoy pensando en dejarlo’: un viaje hacia la soledad de los recuerdos

4´5 Butacas de 5

El cine se puede contar de muchas maneras. A través de una linealidad, saltos temporales, diferentes personajes e incluso mediante la óptica del surrealismo, un aspecto que nos permite sumergirnos a través de una línea que carece de sentido para encontrar el sentido a las cosas. Charlie Kaufman, regresa por la puerta grande a través de Netflix con Estoy pensando en dejarlo, una oda a la soledad y los recuerdos, pero trazada a través de una concepción surrealista que va acorde con un prisma real que muchas veces esquivamos pero sigue a nuestro alrededor.

La película se estrena directamente en Netflix. Hay que ser realistas y ante la pandemia existente la plataforma se está frotando las manos y sacando su artillería pesada a sabiendas de que el público consumirá además de la carreras de premios. Escrita y dirigida por Kaufman, el largometraje es la adaptación de la novela Ian Red, pero a través de las manos del particular guionista se convierte en mucho más que una película.

La historia se centra en una joven interpretada por Jessie Buckley, a la que comenzamos poniendo cara esperando a su novio Jake (Jesse Plemons), un noviazgo que ella está dispuesta a dejar desde el principio a pesar de que acceda a conocer a los padres de su chico. Un viaje en coche, en el que ambos hablarán de arte, poesía, maneras de ver la vida y sobre todo de ese aspecto que acaba consumiendo toda relación: la monotonía. Charlie Kaufman traza mediante diálogos que no tienen fin, la esencia de algunos aspectos de la vida en la que los seres humanos nos sentimos melancólicos, solitarios y hechos trizas debido a la falta de entendimiento con los demás y uno mismo.

Una película que puede resultar incómoda para el espectador y que hay que dejar reposar tras su visionado. No me refiero por escenas grotescas, ni mucho menos, sino por que Kaufman nos alinea con diferentes mecanismos con los que más de uno no sabrá el lugar en el que se haya. Lo que empieza siendo una historia romántica acaba jugando consigo misma a través de unos giros que la acercan en muchos momentos al terror psicológico. Un problema matemático a los que el espectador no está acostumbrado y que merece la pena ver para adentrarse en la mente humana, sus problemas y recuerdos. Precisamente esto último es lo que refleja perfectamente la película. Momentos de la vida que han sido dolorosos para los protagonistas y alegres, reflejados en una ambientación tenue, llena de claroscuros y que juega muy bien gracias a la luz a la hora de lo que da sentido a la vida: la cultura y el arte.

Hay que quitarse el sombrero con sus dos protagonistas, los dos están brillantes en sus respectivos roles además de que Kaufman vuelve a alardear de lo que nos tiene acostumbrados: un protagonista masculino introvertido y una mujer que lleva la iniciativa del film. La verdad sea dicha, quienes se llevan realmente la palma interpretativa son sus dos secundarios de lujo, Toni Collette y David Thewlis. Ambos representan a los padres de Jake y son sin duda uno de los aspectos que le otorgan tanta fuerza al film. Granjeros de profesión, su papel en la película representa el dolor por los recuerdos de una vida, de una relación que comenzó y terminó apagándose a través de la demencia. Son dos de las interpretaciones por el momento que no faltarán en la quiniela de candidatos a ser nominados para los próximos premios de la Academia de Hollywood. Collette nos regala sin duda algunas escenas memorables, quizás más cerca a su papel de matriarca de Hereditary pero aun así está impecable.

Escenarios que se entrelazan, diálogos en off, un viaje mental que a muchos les parecerá estar dentro del universo de David Lynch solo que esta vez el trasfondo de la película es real. Un trabajo en la que su guion no sigue ninguna estructura pero a la que no hace falta porque nuestra mente construye momentos, recuerdos y vivencias reales como la sentimos.