La historia de amor de dos mujeres, una cis y la otra trans, protagoniza el cartel de la 17º edición de Zinegoak

a imagen, obra de la artista Mar Saez, forma parte del proyecto “Vera y Victoria” que la fotógrafa murciana desarrolló siguiendo a la pareja a lo largo del tiempo que duró su relación.

Cuando quedan pocas semanas para que comience el Festival internacional de cine y artes escénicas gaylesbitrans de Bilbao, Zinegoak, la organización ha dado a conocer la imagen que protagonizará el cartel de su décimoseptima edición.

Este año Zinegoak pone su foco en la variedad de opciones que la diversidad sexual nos  aporta como individuos. Mujeres cis lesbianas, hombres trans heterosexuales, parejas de personas bisexuales…. Y es que al abordar la diversidad sexual quedarse solo en la orientación de las personas es limitar la realidad, ya que conforme las distintas maneras de ser, expresarse, sentir o amar se han podido ir desarrollando, las características que cada una de las capas de la diversidad sexual aportan, introducen matices que nos hacen poder vivir mucho más acorde con nuestros cuerpos, sentimientos y emociones.

“Este año queríamos mostrar que cuando hablamos de diversidad sexual lo hacemos de muchas más cosas que de la orientación sexual de las personas. También lo hacemos de la identidad de género o de la expresión de género, entre otras cosas. De esta manera las distintas combinaciones de estos elementos hacen que todas las personas de la sociedad podamos ser, sentir o amar de maneras muy distintas” explica Pau Guillén, director del festival. “El trabajo de Mar Saez nos ofrece una forma muy optimista y directa de poder abordar todas estas cuestiones a través de una imagen de gran calidad estética y artística»

El cartel de este año hace hincapié en esa idea. En un primer vistazo la imagen es, a priori, una representación de una pareja de mujeres lesbianas, pero eso solo nos hablaría de la orientación sexual de las protagonistas. Cuando profundizamos un poco más en otras cuestiones como su identidad sexual, descubrimos que ademas nos encontramos ante una mujer TRANS y otra CIS.

“Muchas veces nos preguntan si son necesarias tantas etiquetas. Nuestra idea es justo la contraria, eliminarlas todas, pero mientras sigan haciendo falta para poder identificarnos y para que toda la sociedad pueda visibilizar las distintas maneras que tenemos de ser, amar o expresarnos, creemos que es necesario que estas existan para todas las personas por igual” añade Guillén.

Personas cis y trans.

Y es que ademas de hablar de todas las maneras de ser, vivir o sentir, Zinegoak quiere poner el énfasis en el concepto CIS, aún desconocido para gran parte la sociedad.

Hace tiempo que es aceptado y entendido que en función de nuestra orientación podemos ser personas lesbianas, bisexuales, heterosexuales y otras muchas opciones. Pero no ocurre lo mismo con lo relacionado con la identidad de género. A la hora de “etiquetar”, da la sensación de que las personas trans, son algo ajeno al resto de personas que no lo son ya que no había manera de denominarlas o definirlas con un solo término. Eso ha generado durante mucho tiempo un espacio de marginalización y exclusión de la sociedad que es necesario eliminar. 

Si el término TRANS se ha utilizado para definir a aquellas personas cuyo género asignado al nacer no concuerda con la identidad de género que han desarrollado, hace unos años se adoptó el termino CIS (abreviatura de los términos cisgénero o cisexual) como forma de incluir también a aquellas personas cuyo género asignado al nacer e identidad sexual, concuerdan.

De esta manera y a modo de ejemplo, si una niña nacida con pene es considerada una niña trans, aquella nacida con vagina, será una niña cis. 

Algo tan sencillo como añadir este término a nuestro vocabulario hace que las distintas realidades cis o trans pasen a ser algo compartido por toda la sociedad.

Zinegoak, tendrá lugar entre los días 24 de Febrero y 8 de Marzo, pero los días anteriores, como viene siendo habitual, se realizarán distintas actividades en colaboración con otras asociaciones, colectivos y entidades dentro de la sección «3,2,1…Zinegoak!».

‘Malasaña 32’: Antes de los hípsters, había fantasmas

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A finales de los años 70, una familia española se instala en Madrid en busca de una vida mejor… pero lo que no esperan es que la casa que acaban de adquirir esté ocupada por una presencia sobrenatural. Hasta aquí, quizá lo más interesante de la nueva propuesta de Albert Pintó sea esa ambientación castiza que tan bien ha funcionado en otras películas de género recientes como Verónica (Paco Plaza, 2017).

Al margen de esto, lo cierto es que Malasaña 32 parece un ejemplo paradigmático del tópico de las casas encantadas: una sucesión de fenómenos paranormales que va in crescendo hasta que la situación se vuelve insoportable, una fijación del ente por los pequeños de la casa, espíritus poco agraciados físicamente, subidas de volumen imprevistas para arrancarle algún susto al espectador… Lo cual, ojo, no es malo de por sí. Muchos de esos sustos funcionan, y, aunque otros resulten más predecibles, esos momentos de tensión genuina ya bastarían para contentar a los aficionados más acérrimos de este tipo de cine.

La deuda con Poltergeist (1982) o Terror en Amityville (1979) es evidente, sí, aunque la localización española le da un toque personal que se agradece. Al contrario de lo que sucede con películas y series acostumbradas a explotar el factor nostalgia (uno piensa por ejemplo en Stranger Things y su constante bombardeo de marcas retro y referencias culturales ochenteras), Malasaña 32 es efectiva precisamente por su discreción: son los pequeños detalles los que nos transportan poco a poco a los años 70, en lugar de tirárnoslos a la cara.

Por otro lado, como aspecto más positivo hay que señalar un reparto en estado de gracia. Puede que Begoña Vargas sea la que se lleve la mejor parte por ser su personaje (Amparo, la hija mayor de la familia) quien sirve de hilo conductor para la historia, pero obviando eso cuesta trabajo destacar solo a uno de los Olmedo. Rematan el elenco dos secundarios de lujo como son Concha Velasco, que se estrena en el género, y Javier Botet, que a estas alturas ya es el actor español más polifacético del cine de terror actual.

Pero Malasaña 32 no se queda ahí. Si bien nunca intenta escapar de las convenciones impuestas por su fórmula, a medida que la trama se va desarrollando se hace evidente la existencia de un potencial interpretativo bastante más rico de lo que pudiera parecer en primera instancia. El contexto de la Transición española, una sorprendente reflexión sobre la naturaleza de la familia protagonista y un giro final imposible de referenciar sin hacer spoilers, pero que evoca de manera inmediata dos clasicazos del cine de terror: suficientes elementos, en definitiva, como para que la película deje poso y no caiga en el olvido nada más terminar de verla.