‘Marlowe’: Un buen intento que se queda a medias

2’5 Butacas de 5

Fue en la década de 1930 cuando el novelista Raymond Chandler presenta en sus historias al detective privado Philip Marlowe y desde allí ha sido un personaje que durante décadas ha sido adaptado en distintas ocasiones y formatos, por lo que esta vez será el turno de Liam Neeson quien se ocupa de darle un nuevo aire, o eso es lo que se intenta.

            La historia no pierde tiempo en presentar a sus personajes y arranca directamente con el conflicto, una mujer millonaria y necesitada de encontrar a su amante. Con ese misterio, es Marlowe quien debe meterse en una red de mentiras, traiciones, y giros de tuerca sin sentido y poco elaborados para resolver el caso.

            Los requisitos mínimos que una película de detectives debería de tener para considerarse como tal están presentes en la cinta, un detective frustrado por resolver un difícil misterio, una femme fatal, persecuciones, tiroteos, peleas callejeras, sombreros, trajes largos, mentiras, incontables diálogos e interrogatorios.

A pesar de contar con todo esto, se queda sin explotar ninguno, las interpretaciones son apagadas como si los actores no quisieran estar allí, las escenas de acción son cortadas por elipsis temporales, las peleas mal coreografiadas, los diálogos no llevan a ningún lado y están vacíos de esa chispa y suspenso que necesitan para mantenerte intrigado y querer resolver el misterio por ti mismo.

            Otro problema del filme es la trama, desde el minuto uno te das cuenta cómo se resolverá todo y cuáles son las intenciones verdaderas de los personajes por lo que no hay ninguna recompensa por la que esperar a su rápida y poco épica resolución.

Sin embargo, si eres fan del cine de aquella época, disfrutarás de la estética, la fotografía, la banda sonora, del atrezo y de la puesta en escena ya que está bien logrado y fácilmente te mete en ese mundo previo a la Segunda Guerra Mundial.

A pesar de contar con los elementos clásicos del género de detectives, la película se queda corta al no aprovechar ninguno de ellos de manera efectiva. El director irlandés Neil Jordan intenta sin éxito presentar una reinterpretación del cine noir combinado con una estética del cine negro de los años 40 una historia que ha sido visitada incontables veces y solo son aquellas que hacen algo diferente las que destacan.

‘La hija eterna’: un duelo fantasmagórico envuelto en una atmósfera gótica

3 Butacas de 5

Las producciones de Joanna Hogg, directora y guionista británica, siempre se han caracterizado por su estilo autoral y su marcada selección del tono. La hija eterna es su última propuesta y viene apadrinada por A24 y Martin Scorsese. Una película con aires góticos y hitchcockianos muy marcados que narra el duelo de una hija que trata de conocer un poco mejor a su madre.

La hija eterna es una cinta que pausa la vida para permitirse el lujo de detenerse en el duelo. Como si de un proceso físico se tratase, Joanna Hogg da vida a un hotel misterioso y apartado donde la protagonista pretende saldar cuentas pendientes. Los lugares siempre guardan recuerdos y secretos bajo llave, este hotel, en concreto, fue la casa en la que se crió la madre de la protagonista. Los crujidos, el viento, la niebla, las gárgolas… elementos que adquieren un protagonismo especial, todo forma parte de un lugar tétrico y donde se respira añoranza y culpa.

Tilda Swinton actúa por partida doble y nos brinda unas interpretaciones sobrias y puntiagudas. Como si se tratase de Vértigo (1958) de Alfred Hitchcock, el personaje femenino se desdobla en una especie de espectro fantasmal con el mismo rostro. La angustia aumenta de intensidad y lo que parecía un fin de semana tranquilo entre madres e hija termina por transformarse en un drama inhóspito y cargado de tristeza.

La puesta en escena es certera y el guion se desliza continuamente por lo metacinematográfico. De hecho, hay una escena donde la propia directora y guionista parece estar conversando con ella misma, reflexionando sobre su propio proceso creativo y sobre lo pertinente de su historia. No es una película dinámica ni animada, no va a solucionar una tarde de domingo, sino que la convertirá en algo oscuro y demasiado melancólico.

La hija eterna es un filme que sigue engrandeciendo la carrera de una directora con las cosas claras a la hora de narrar y que nos presenta una de las relaciones dramáticas más angustiosas, tristes y apesadumbradas de los últimos años. No es una película para todo el mundo, pero merece la pena asomarse por una de sus múltiples ventanas.