‘Father & Soldier’ supera el millón de espectadores en Francia

La película se mantiene como una de las más vistas de la cartelera en su cuarta semana en cines

Dirigida por Mathieu Vadepied, director artístico y de fotografía de “Intocable”, FATHER & SOLDIER inauguró la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes

FATHER & SOLDIER («Tirailleurs»), película que estrenará A Contracorriente Films en cines de nuestro país este año, ha superado el millón de espectadores en Francia. La película, que se situó en la segunda posición del Box Office con más de 370.000 espectadores en sus primeros 5 días en cartelera, solo por detrás de «Avatar: El sentido del agua», y que se colocó en el Top 10 mundial en su primer fin de semana, se mantiene como una de las películas más vistas de la cartelera en su cuarta semana en cines.

FATHER & SOLDIER fue la encargada de inaugurar la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes. La película está dirigida por Mathieu Vadepied («La vie en grand»), director artístico y director de fotografía de “Intocable”, y protagonizada por Omar Sy («Intocable», “Samba”, “Mañana empieza todo”, serie de TV «Lupin»), y se ha estrenado en Francia de la mano de Gaumont.

Junto a Omar Sy, el reparto está encabezado por Alassane Diong («Sin dejar huellas»), Jonas Bloquet («La monja») y Bamar Kane. 

FATHER & SOLDIER, escrita por el propio Vadepied junto a Olivier Demangel («Atlantique»), nos sitúa en 1917,  en la colonia francesa de Senegal. Bakary se alista en el ejército francés para quedarse con Thierno, su hijo de 17 años, reclutado contra su voluntad. Juntos, padre e hijo deben luchar en la Primera Guerra Mundial en el frente en Francia, un país que no conocen y por el que Thierno está dispuesto a dar su vida. Bakary se embarca en una carrera intensa e infernal para salvar a su hijo.

‘Los Hijos de los Otros’: sencilla, íntima y humana

3 Butacas de 5

Sin pretensiones formales y valiéndose de sutilezas, la realizadora francesa Rebecca Zlotowski trabaja en Los hijos de los otros en clave intimista y humana. “Una historia sencilla bien contada” parece ser el mantra que se utilizó para contar el dilema de Rachel (Virginie Efira), una mujer que se encuentra cuestionando el significado de la maternidad.

La conocemos como una trabajadora social soltera, asertiva y satisfecha con el estado de las cosas. En sus 40, lo único que pareciera causarle conflicto es un reloj biológico que le avisa que las posibilidades de ser madre disminuyen cada día. Cuando empieza una relación con Ali (Roschdy Zem), que es padre de una niña de cuatro años, adopta el rol de madrastra con facilidad y gusto. No ha abandonado sus sueños de tener hijos biológicos, pero se lleva tan bien con Leila y las cosas con Ali parecen funcionar, que se siente completa nuevamente. 

Lo que complica las cosas es cómo, poco a poco, dimensiona las limitaciones de su rol. Por mejor que sea su dinámica con su novio e hijastra, no es parte fundacional de la familia y empieza a sentir la exclusión que eso conlleva. Pareciera que eso es lo que a Zlotowski le interesa explorar, aquellos pequeños detalles que generan el distanciamiento que produce el no ser la madre biológica de alguien, independiente del amor que se tengan.

Una creencia fugaz de que está embarazada, peleas familiares en las que no puede entrometerse y su relación con la madre biológica de Leila son factores que complican un slice of life burgués, pero no por eso menos real. Es un dilema que no se ha abordado tanto en el cine, aquella incomodidad de no encontrar un lugar.

Y la forma de mostrarlo es a través de un estudio de personaje que recae en la interpretación sólida de Efira, cuyo rostro nos va guiando por los vaivenes de su experiencia, en una película cuyo guion avanza como la vida misma, sin mayores peripecias que las dudas y sentires internos de su protagonista.

Los hijos de los otros es efectiva y logra su cometido, pero sin mayores sorpresas. De nuevo, todo aquí está bien hecho y funciona, solo que el desarrollo es muy tibio como para que esta se sienta una película más necesaria. Hay un sentido de urgencia que no se logra y, finalmente, la protagonista está tan compuesta antes y después de su recorrido que pareciera que este último capítulo que cierra las puertas de su maternidad no fue tan determinante en su historia de vida.