‘Águilas de El Cairo’: Un thriller político muy actual

3’5 Butacas de 5

Hay filmes políticos que se sienten lejanos, y luego está “Águilas de El Cairo”, que, aunque no lo diga abiertamente, habla directamente del Egipto actual y de cómo el poder puede moldear la narrativa de un país. La historia sigue a George Fahmy, interpretado con muchísimo carisma por Fares Fares, que básicamente carga la película sobre los hombros. En Egipto es uno de los actores más queridos, y aquí interpreta a una estrella del cine que recibe una propuesta imposible de rechazar, protagonizar una película encargada por el gobierno para glorificar al presidente del país.

Porque al final, en un sistema donde quien controla los medios controla el relato, el cine también se convierte en una herramienta de poder. George acepta, aunque más por miedo que por decisión. Sabe perfectamente que negarse no es una opción real cuando el gobierno está involucrado, sobre todo en un contexto donde el país parece estar caminando hacia una posible guerra civil y las tensiones políticas están a flor de piel.

A partir de ahí la película entra en terreno de thriller político. George empieza a moverse dentro de un círculo muy reducido de personas extremadamente poderosas, donde las conversaciones, las decisiones y las alianzas se manejan lejos de la mirada pública.

Lo interesante es que el personaje es un actor de método, y ahí surge uno de los conflictos más curiosos de la película, él no puede evitar cuestionar la versión del presidente que le piden interpretar. Si el líder real es calvo, mayor y físicamente muy distinto, ¿por qué tiene que interpretarlo como una especie de héroe perfecto? Esa incomodidad funciona como una metáfora bastante clara sobre cómo el poder reescribe la realidad para que encaje en su propia narrativa.

La película funciona mejor cuando se centra en ese juego político, quién manipula a quién, quién está realmente tomando las decisiones y hasta qué punto todos los personajes están atrapados dentro del sistema. Pero también tiene momentos donde el ritmo se resiente. A ratos el thriller conspirativo pierde tensión y algunas partes se sienten más pesadas de lo que deberían. Incluso hay momentos donde la película parece acercarse a la misma propaganda que intenta criticar.

 “Águilas de El Cairo” es un retrato político interesante sobre propaganda, poder y miedo, ambientado en un contexto que se siente cercano a la realidad de muchos países. No siempre logra mantener la tensión que promete, pero cuando lo hace, deja ver lo inquietante que puede ser un sistema donde la historia oficial se escribe desde arriba.

‘Pioneras: Solo querían jugar’: Un partido que no asombra

3 Butacas de 5

La directora rondeña Marta Díaz vuelve al Festival de Málaga del presente año con una cinta inspirada en la dinámica de las películas deportivas para transformarlo en una historia de redención y posicionamiento sobre la aparición de la primera selección de fútbol femenino en España.

Pioneras: Solo querían jugar recoge buenas pretensiones dentro de una película que aborda las esperadas problemáticas de una sociedad a principios de los años 70 abismada en las lecturas machistas y retrógradas que se esparcen por las calles en el día a día. Es de esperar que el detonante de reunir a un grupo de mujeres jóvenes para jugar al fútbol ante un público diera para profundizar en la idiosincrasia española de la época y a la vez impulsar un mensaje feminista alimentado por las injusticias que incluso a día de hoy son palpables. La cuestión aquí es que las formas de Marta Díaz no suelen salirse del canon convencional a la hora de poner en alto la crítica social. La película visualmente es atractiva y el trabajo de producción es notorio, sin embargo, el fondo de estas imágenes lamentablemente no entra más allá de disparar hacia las típicas tramas que solo fungen como recurso para dejarnos la moraleja fácil.

Las formas de Pioneras: Solo querían jugar son básicas y no se arriesgan de la misma forma en que lo hacen las protagonistas reales de esta historia. La película peca de  no querer ser más que un recordatorio repetitivo de la represión de género que ha abundado desde siempre en los diversos círculos sociales en todo el mundo. Y no se puede negar que el gesto es bien intencionado y es necesario, pero tal vez no está ejecutado con la suficiente fuerza y creatividad, cosa que no sería tan mala  si no sintiéramos que hemos visto el mismo filme con anterioridad unas cuantas veces.

Tal vez la mayor perla, o mejor dicho las mayores perlas, sean el descubrimiento a nivel de reparto que la cinta presenta; las jóvenes actrices que dan vida a las deportistas entregan un trabajo de mucho nivel y no es de dudar que muchas de ellas llegarán lejos en la industria. Por otra parte, la cinta es posible que pueda funcionar en su estreno comercial a lo largo del país, pero adentrándose en los valores fílmicos de la misma, tal vez ese recorrido y permanencia en el espectador sea más efímero de lo que en un principio se esperaría.