‘Historias para no contar’: una película irregular sobre un puñado de momentos incómodos

2’5 Butacas de 5

Cesc Gay lleva a la pantalla un compendio de cinco historias sobre desencuentros y situaciones ridículas. Una comedia con un reparto llamativo que trata de retratar con la mayor verdad y naturalidad posible los impulsos sentimentales de las personas. Un intento que se queda en la superficie y que, a pesar de que consigue algunos momentos certeros, pasará sin pena ni gloria por la mente de los espectadores.

Las historias son poco llamativas y algo predecibles, lo que no quita que tengan momentos cómicos reseñables. Sin embargo, cuando uno se aproxima a una película antológica (que agrupa diferentes relatos) espera encontrarse con historias diferentes y originales que de alguna manera les estimulen, sin embargo, en Historias para no contar todo parece sacado del mismo cajón de sastre. Argumentos repetidos que parecen refritos de las mismas ideas una y otra vez apareciendo en pantalla y que acaban aborreciendo.

En las comedias suele utilizarse el cliché como un método de conectar con la audiencia de manera efectiva. Los clichés resultan interesantes cuando sirven para llegar a lugares inesperados o diferentes. El verdadero problema en esta cinta es que los personajes son estereotipos con patas que no aportan mucho. Resulta decepcionante que tan sólo una de las cinco historias consiga asomar la cabeza y separarse del resto.

Hablo de la historia que interpretan Maribel Verdú, Nora Navas y Alexandra Jiménez. Desde mi punto de vista es la mejor y más acertada. Retrata de una manera natural la falsedad humana y cómo utilizamos diferentes máscaras para camuflarnos. El resto de historias como ya he mencionado son repetitivas y no aportan mucho más allá de algún gag cómico interesante.

Historias para no contar no defraudará, de hecho, sacará alguna que otra sonrisa al público que acuda a verla, pero nada más allá de lo esperado. Una oportunidad perdida para proponer algo diferente y arriesgarse con alguna historia que aportase algo más.

‘Close’: una mirada al abismo en la preadolescencia

4 Butacas de 5

El belga Lukas Dhont, que habiendo llegado a penas a la treintena ya se hizo con el premio de la FIPRESCI y la Cámara de Oro con su ópera prima, presenta ahora ‘Close’, película que se revela como una mirada al abismo en la preadolescencia de dos chicos que comparten una amistad casi fraternal. Léo y Rémi se conocen desde hace tiempo; juegan juntos, comen juntos, duermen juntos y van al colegio juntos, donde una duda inocente de una de sus compañeras (les pregunta si son pareja) acaba siendo el desencadenante de un cambio a la hora de afrontar esta relación, que a su vez provoca una tragedia imposible de asumir.

La película, centrada en la experiencia subjetiva de los protagonistas y cómo lo que les sucede provoca un cambio radical en sus vidas basa su potencia dramática en dos conceptos clave: el punto de vista y la repetición. Durante todo el primer acto de ‘Close’, Dhont hace hincapié en familiarizarnos con las rutinas en las que se basa la relación de Léo y Rémi: sus paseos por el campo lleno de flores, sus carreras en bicicleta, sus juegos en el patio del colegio, las cenas con sus familias, etc. Y posteriormente, una vez su relación ha cambiado para siempre, estas rutinas se convierten en el vehículo para expresar la forma en la que se enfrentan a este cambio. Dhont vuelve constantemente a estos mismos actos cotidianos, y cada vez de forma diferente. A partir de detalles sutiles (una bici que ya no está al lado del camino, un plato que ahora sobra en la mesa) es como llegamos a percibir la gran magnitud de la tragedia que sucede.

De este modo, la película nunca explota los temas delicados con los que lidia, con un uso sabio de las elipsis, las distancias y los tiempos. Así, formalmente la película se beneficia del estilo depurado y directo con el que rueda Dhont. Sin embargo, casi podríamos decir que el mayor hallazgo y logro de la película es el hecho de no quedarse en una fábula con moraleja, subrayados, metáforas como de frase de taza, y que no se preocupa por dar lecciones o tener razón, como a menudo acaba pasando al tratar estos temas. En ‘Close’, importa más la intuición que exposición, ya que el recorrido de los personajes es estrictamente interior y apenas se verbaliza aquello que están atravesando.