‘Novocaine’: Adrenalina a tragos

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El cine de acción ha tenido muchas fases a lo largo de los años y, sin embargo, todas estas reúnen en común que, como espectadores, siempre esperamos que al menos el género nos entregue piezas lo suficientemente entretenidas y llevaderas, más allá de que puedan llegar a convertirse en un producto que evoque tintes de autor que logren quedarse con nosotros por mucho tiempo. Con Novocaine no vamos a encontrar una propuesta tan arriesgada, pero sí que recoge los valores importantes del cine violento y humorístico que, cuando la película se lo propone, brillan en todo lo alto.

El punto de partida de Novocaine es estimulante: un hombre que es inmune al dolor se ve inmiscuido en la persecución y rescate de una de las compañeras de su trabajo, por lo que, para ello, tendrá que sobrepasar cualquier obstáculo físico y racional que le interpongan por delante durante toda esta travesía. El dúo de directores Dan Berk y Robert Olsen destacan por su ingenio en construir contextos donde se desarrolle la acción. Las secuencias técnicamente en sí no son nada sorprendentes y juegan en la liga de cualquier película de este tipo de los últimos años, pero la forma en que se suceden y cómo se van desarrollando sí que son realmente astutas y, sobre todo, divertidas por ese punto inesperado que se sostiene gracias a la dinámica de su protagonista, que da pie a muchas situaciones memorables por lo originales que son.

La historia en su conjunto es sencilla y no está especialmente inspirada, principalmente cuando dedica tiempo en pantalla a los personajes secundarios, que, a excepción del actor Jacob Batalon, que consigue robarse las pocas escenas en las que sale, los demás no despiertan interés alguno y, por momentos, pueden ser molestos cuando la película trata de empujar su nivel de importancia. A pesar de todo, el desarrollo narrativo en Novocaine, como en muchas otras, es solo una excusa para disfrutar del festival de violencia y delirio que explota gracias a su personaje principal, el cual, dicho de esta forma, es el corazón y el motivo absoluto por el que vale la pena darle la oportunidad a esta cinta. El actor Jack Quaid atrapa por su carisma y peculiar encanto. Después del primer acto, su personaje carga con el ritmo de forma excepcional y regula la poca relevancia de las demás tramas que rodean al relato inicial.

Novocaine no se rompe la cabeza al filmar la acción, pero los métodos con los que juega con la propia violencia son de admirar y mantienen una sinergia muy funcional con el humor que presenta a su vez. La película conoce los códigos del género y no se toma en serio, cosa que, aunque desde el inicio le cuesta transmitir de forma efectiva, termina por venirle bien junto al tono base de la película.

‘The Alto Knights’: Levinson se pone las botas de Scorsese en esta mirada crepuscular sobre la mafia con doble De Niro

3 Butacas de 5

Este viernes 21 de marzo se estrena en cines de España The Alto Knights (2025), la nueva película dirigida por Barry Levinson (Rain Man, Sleepers) con guion de Nicholas Pileggi (Uno de los nuestros, Casino), en la que Robert De Niro interpreta a dos capos de la mafia enfrentados, una particularidad suficiente para llamar al visionado de una película que, sin sorprender demasiado, se configura en los márgenes del vertiginoso cine de gánsteres de Martin Scorsese, consiguiendo una mirada crepuscular sobre el mundo de la mafia al tiempo que una pátina de insustancialidad recubre gran parte del metraje.

Durante los años 50, dos jefes italianos del crimen organizado, Frank Costello (Robert De Niro) y Vito Genovese (Robert De Niro), se enfrentan cada vez más por hacerse con el control de las calles. Se conocen y han sido amigos desde niños, pero una serie de complicaciones delictivas los conducen a una situación de máxima tensión.

Son numerosas las grandes películas sobre el mundo de la mafia que Robert De Niro nos ha legado con sus papeles. Recordamos con cariño especialmente las de Martin Scorsese: Uno de los nuestros (1990)y Casino (1995); o de Coppola El Padrino. Parte II (1974), aunque tiene otras enormes como Érase una vez en América (1984) de Sergio Leone, Los intocables de Eliot Ness (1987) de Brian de Palma o Una historia del Bronx (1993), dirigida por él mismo. Es por eso por lo que hoy le asociamos en parte con el cine de mafia y, cuando salta la noticia de una película como The Alto Knights, todos abrimos bien los ojos y deseamos ver lo que nos tiene que ofrecer.

Con las primeras imágenes ya entendemos el tono que la película de Levinson pretende establecer, muy cercano a las mentadas de Scorsese, casi como un homenaje directo —influye la firma de Pileggi en el guion—, aunque en el fondo se acerque más a la grandiosa El irlandés (2019). La mirada crepuscular sobre el mundo del crimen organizado que articulaba hace unos años el de ascendencia italiana, se observa aún más pronunciada en The Alto Knights. El tramo final de ambas cintas entra en un estrecho contacto por plasmar en imágenes el fin de una época y unos códigos concretos, con cierta melancolía de los protagonistas del cambio. Sin embargo, dejando las comparaciones, en la de este año la insustancialidad abunda, logrando crear una distancia entre imágenes y espectador en muchas ocasiones —sobre todo en la primera parte— que hace difícil entrar en la historia. Es como si estuviera a ratos suspendida y no se permitiera anclar los pies en el suelo un rato. El constante borbotón de imágenes, alternando tiempos, voz en off y fotografías en blanco y negro, no ayuda en casi ningún momento a despejar este problema, más bien lo acrecienta. Y es que, los mejores momentos, cuando la película es realmente grande, es cuando lo artificioso se desvanece y las tensiones propias de la situación en cuestión afloran —pienso en la secuencia de la comilona de mafiosos—.

The Alto Knights es un homenaje inconfeso a las películas de mafia de Scorsese, con un De Niro entregado en sus dos papeles —este año ha batido dos récords personales: protagonizar una serie, Día Cero, e interpretar dos protagonistas al mismo tiempo—, que, si bien en parte se siente vacía e insuficiente, reúne algunos elementos que la hacen una buena y disfrutable película.