‘La Infiltrada’ y ‘El 47’, Goya ex aequo a Mejor Película

El cine español ha celebrado esta noche su fiesta anual en Granada, en el transcurso de una gala retransmitida por La 1 de TVE. En la 39 edición de los Premios Goya se han entregado un total de 30 estatuillas, entre ellos, el Goya de Honor a la actriz Aitana Sánchez-Gijón y el Goya internacional a Richard Gere.

GOYA DE HONOR

Aitana Sánchez-Gijón

MEJOR ACTOR DE REPARTO

Salva Reina por El 47

MEJOR CANCIÓN ORIGINAL

Los Almendros, de Antón Álvarez y Yerai Cortés para La guitarra flamenca de Yerai Cortés

MEJOR DISEÑO DE VESTUARIO

Arantxa Ezquerro, por La virgen roja

MEJORES EFECTOS ESPECIALES

Laura Canals e Iván López Hernández, por El 47

MEJOR MAQUILLAJE Y PELUQUERÍA

Karmele Soler, Sergio Pérez Berbel y Nacho Díaz, por Marco


MEJOR ACTOR REVELACIÓN

Pepe Lorente, por La estrella azul

MEJOR MONTAJE

Javi Frutos, por Segundo premio

MEJOR DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA

Edu Grau, por La habitación de al lado

MEJOR SONIDO

Diana Sagrista, Eva Valiño, Alejandro Castillo y Antonin Dalmasso, por Segundo premio

MEJOR DIRECCIÓN DE ARTE

Javier Albariño, por La virgen roja

MEJOR DIRECCIÓN DE PRODUCCIÓN

Carlos Apolinario por el 47

MEJOR MÚSICA ORIGINAL

Alberto Iglesias, por La habitación de al lado

MEJOR PELÍCULA DE ANIMACIÓN

Mariposas negras, de David Baute, César Zelada, Edmon Roch y Marc Sabé

MEJOR PELÍCULA DOCUMENTAL

La guitarra flamenca de Yerai Cortés, de Cristina Trena y Antón Álvarez

MEJOR CORTOMETRAJE DE FICCIÓN

La gran obra, de Àlex Lora y Lluís Quílez Sala

MEJOR CORTOMETRAJE DOCUMENTAL

Semillas de Kivu, de Carlos Valle, Néstor López Carlos Valle, David Pérez Sañudo, Iván Miñambres, Pepe Castro y Pilar Sancho

MEJOR CORTOMETRAJE DE ANIMACIÓN

Cafunè, de Carlos Fernández de Vigo, Lorena Ares, Damián Perea, Mintxo Díaz y Sergy Moreno

MEJOR DIRECCIÓN NOVEL

Javier Macipe, por La estrella azul

GOYA INTERNACIONAL

Richard Gere

MEJOR ACTRIZ REVELACIÓN

Laura Weissmahr, por Salve Maria

MEJOR PELÍCULA IBEROAMERICANA

Ainda estou aqui de Walter Salles (Brasil)

MEJOR PELÍCULA EUROPEA

Emilia Pérez (Francia), de Jacques Audiard, Pascal Caucheteux, Valérie Schermann y Anthony Vacarello

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO

Clara Segura por El 47

MEJOR GUION ADAPTADO

Pedro Almodóvar, por La habitación de al lado

MEJOR GUION ORIGINAL

Eduard Sola, por Casa en llamas

MEJOR ACTOR PROTAGONISTA

Eduard Fernández, por Marco

MEJOR ACTRIZ PROTAGONISTA

Carolina Yuste, por La infiltrada

MEJOR DIRECCIÓN

Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez por Segundo premio


MEJOR PELÍCULA (ex aequo)

El 47 y La Infiltrada

‘No hay amor perdido’: de tal astilla, tal pinchazo

3 Butacas de 5

No hay amor perdido es una extraña fábula moderna que explora, con ternura y simbolismo, el complejo mundo de la familia; en especial, de un hogar monoparental; y, más concreto todavía, de un padre y una hija que viven tan juntos como distanciados. La película, una comedia francesa no demasiado típica, es una especie de fantasía que transcurre por un camino muy real: el viaje interior de una joven que, a punto de abandonar el nido familiar, debe encontrar en sí misma la fuerza para crecer.

El director y guionista, Erwan Le Duc, se adentra en tierras que, por costumbre o prejuicio, a menudo se asocian con una mirada femenina. Sin embargo, el director consigue establecer una perspectiva diferente, hasta cierto punto rara. La peli tiene ritmo, es dinámica, coquetea con el humor físico exagerado y se ofrece a sí misma como un caramelo picante, una rareza que invita a reflexionar sobre la propia narración. Tiene momentos de emoción y episodios que desentonan por una exageración casi caricaturesca. La dualidad, como quien mezcla patatas fritas con helado —algo más de moda de lo que puedas pensar—, crea una experiencia que, aunque rica en preguntas, a veces es parca en las soluciones narrativas que plantea. Las penas y las dudas entre un padre y una hija a veces se vuelven artificiales. La peli, sin desmerecer el camino, tropieza en el desenlace.

En pantalla, el retrato de Etienne, un adulto-niño, y Rosa, que es casi lo opuesto, consigue que el combo padre e hija funcione. Sus lazos se ponen a prueba cuando se enfrentan a la encrucijada que supone el paso de la infancia a la madurez. 91 minutos de historia que se desenvuelven como un relato insólito, entre lo extraño y lo emotivo, y un apartado artístico notable (la puesta en escena, las interpretaciones y una banda sonora en verdad evocadora), logran que la sensibilidad de uno mismo se vea todo el rato entre la espada y la pared.

Si bien No hay amor perdido no es una película fácil de definir, su narrativa, muchas veces calculada y estilizada de más, le resta la naturalidad que podría haberla hecho simplemente efectiva. Aun así, la peli se defiende como una fantasía terrenal sobre la paternidad, que deja una huella emocional más allá de bajar las escaleras del cine.