‘Blitz’: la férrea determinación de un niño que lucha por volver a casa durante la II Guerra Mundial

3’5 Butacas de 5

Esta coproducción británica dirigida y escrita por el ganador del Oscar Steve McQueen (12 Años de Esclavitud) nos ofrece una visión diferente sobre la II Guerra Mundial, esta vez desde los ojos de la población británica que fue asediada por los bombardeos nazis sufriendo grandes pérdidas civiles. Este suceso afectó especialmente a miles de niños que tuvieron que ser separados de sus padres para ser evacuados a un lugar seguro.

La cinta comienza mostrándonos los horrores de la guerra y como la población buscaba refugio cada vez que sonaban las sirenas que advertían de la proximidad de los aviones nazis. La decisión de Rita (Saoirse Ronan) de enviar a su hijo de nueve años a una zona segura, constituye el detonante del viaje que nos ofrece McQueen, cuyo catalizador de la historia es la férrea determinación de este niño para volver a casa con su madre. En su camino el espectador es testigo de cómo la inocencia del pequeño se va desvaneciendo a medida que su camino le lleva a encontrarse con lo peor de la humanidad.

En esta cinta encontramos temas recurrentes en la filmografía de McQueen como la opresión y la lucha por la supervivencia, ya que la historia aparte de mostrarnos la lucha del niño por volver a casa, contiene también numerosos flashbacks en los que muestra la discriminación que sufrían las personas negras en esa época. Cabe destacar la actuación de Saoirse Ronan, siempre fantástica, y del pequeño actor protagonista, Elliott Heffernan, que con su actuación nos transporta a la inocencia de un niño en medio de la tragedia.

En conclusión, la película narra el viaje físico y emocional de un niño que, en su odisea por volver a casa, experimenta un trauma emocional que afectará a su mundo, irrevocablemente cambiado al final de la cinta. Si eres un amante del cine bélico de la II Guerra Mundial, McQueen no nos ofrece nada novedoso en esta historia, aunque sí supone un acercamiento emocional a la población civil británica y su sufrimiento durante la misma.

La cinta fue presentada en el Festival de Londres y llegará a Apple Tv+ el próximo 22 de noviembre.

‘Toda una vida’: Un viaje introspectivo en los Alpes

3 Butacas de 5

“Toda una vida”, dirigida por Hans Steinbichler, se propone como un viaje introspectivo a través de la existencia de Andreas Egger, un hombre cuya vida transcurre entre la dureza de los Alpes austríacos y los golpes del destino. Es una película que explora la muerte, el amor y el paso del tiempo, pero, paradójicamente, se siente atrapada en su propio ritmo, dejando sensaciones encontradas.

Desde el principio, la historia de Andreas Egger se presenta como un reflejo de lucha y resistencia. Llegar a los Alpes a los cuatro años y ser adoptado por un tío abusivo que lo trata peor que a un animal, marca el tono de su infancia. Estos episodios no solo dejan cicatrices emocionales, sino físicas, cuando Andreas pierde parte de su movilidad. Aunque esta etapa de la película está cargada de potencial dramático, el guion no logra profundizar emocionalmente en estos traumas.

A medida que Andreas crece, la película sigue su vida como si fuese un registro de eventos. Lo vemos ayudando a construir un teleférico, enfrentándose a las dificultades de vivir en las montañas y, finalmente, envejeciendo en soledad. Es un enfoque que recuerda al estilo contemplativo de Terence Malick, pero sin alcanzar su profundidad filosófica o emocional.

La fotografía, sin duda, es el punto más fuerte. Cada encuadre parece un cuadro cuidadosamente compuesto, capturando la majestuosidad de los Alpes con una sensibilidad visual impresionante. Sin embargo, la belleza visual no es suficiente para sostener una narrativa que carece de fuerza. La conexión emocional nunca termina de consolidarse, lo que hace que momentos que deberían ser emotivos o impactantes pasen desapercibidos. Es como si la película, al igual que Andreas, estuviera atrapada en un ciclo de soledad emocional.

En cuanto al reparto, Stefan Gorski como Andreas Egger logra transmitir la dureza de un hombre moldeado por la adversidad. Su interpretación es sobria, acorde al tono de la película, pero se siente limitada por un guion que no le da suficiente espacio para explorar matices más complejos del personaje. Auguste Cirnes, como Andreas en la vejez, aporta dignidad y serenidad al papel.

La relación de Andreas con Marie, interpretada por Julia Franz-Dichter, podría haber sido una oportunidad para inyectar calidez y emoción a la historia, pero se siente desaprovechada y fugaz.

Además, el ritmo es excesivamente lento, incluso para una película contemplativa. Si bien el título sugiere que veremos “Toda una vida”, la sensación es que esa vida transcurre en tiempo real. Con una duración de dos horas, la película logra que sientas cada minuto como si estuvieras viviendo junto a Andreas en una montaña interminable.

“Toda una vida” intenta capturar la esencia de la existencia humana a través de un lente contemplativo y visualmente deslumbrante, pero se queda corta al transmitir la profundidad emocional que su historia exige. Aunque ofrece momentos de reflexión sobre el tiempo, el amor y la muerte, su ritmo lento y la falta de riesgo narrativo terminan por diluir el impacto que podría haber tenido. Es una experiencia visual más que emocional, adecuada para quienes disfrutan de cine contemplativo, pero difícil de recomendar a quienes buscan una narrativa que deje huella.