‘Fin de Fiesta’: cuando el clasismo

4 Butacas de 5

Escrita y dirigida por Elena Manrique, ‘Fin de fiesta’ es una irónica crítica al paternalismo que se muestra en nuestro país cuando se trata de hablar de inmigración. A través de unos personajes bien definidos y una trama tan delirante como verosímil, crea un relato incómodo de ver, pero necesario de contar y reflexionar.

La historia comienza cuando una patera llega a las costas andaluzas y uno de los inmigrantes (Bilal) que viajaba en ella logra escapar de las autoridades escondiéndose en una casa señorial. La enorme casa está únicamente habitada por la señora (Carmina) y una joven asistenta, así que es fácil pasar desapercibido. Sin embargo, tanto la señora como la asistenta le descubren, pero ambas se lo ocultan a la otra, generando momentos de mucha tensión, hasta que de manera imprevista se destapa todo.

Durante el tiempo que Bilal está escondido en la casa, observa las dinámicas entre Carmina y su asistenta, que parecen vivir en dos mundos completamente distintos. Se establece una relación de poder y dependencia que no beneficia a ninguna, aunque ambas estén satisfechas con el resultado: la asistenta tiene un buen trabajo y la señora elude mínimamente la soledad en la que está sumida. Aun así, la distancia entre ellas queda claramente marcada por el clasismo de Carmina, quien menosprecia constantemente a su única compañía haciendo referencia a sus diferencias de clase.

Carmina, personaje inspirado en el “señorito andaluz”, parece que tiene constante atención de quienes le rodean, a pesar de vivir en una absoluta soledad, lo que hace que acuda al alcohol y las drogas para evadirse. Todo el que se acerca a ella tiene interés en su posición económica, aunque ella crea que la quieren por su posición social (lo cual no lo hace menos triste). Es una persona cargada de privilegios pretendiendo hacer ver que se interesa por los problemas sociales que ni de lejos le afectan. Un personaje que roza la parodia, pero se queda en un realismo tan caricaturesco como tristemente real y perfectamente reconocible.

Sonia Barba, quien interpreta a Carmina, realiza un extraordinario trabajo, llevando gran parte del peso de la película, sostenida por los personajes, y creando a una señora tan insoportable como vulnerable, extraordinariamente real. Completan el reparto Edith Martínez Val y Beatriz Arjona. Entre las tres consiguen que la película enganche e involucre al espectador en todo momento.

Tratando el drama de la inmigración y la necesidad de sobrevivir, Elena Manrique introduce más temas que nos incumben a todos, como el clasismo y el “complejo de salvador blanco” que tenemos a veces al pretender ayudar por nuestro propio interés. Es una magnífica reflexión a través de personajes muy reconocibles pero pocas veces tan bien representados. Una película sobre el privilegio y la xenofobia detrás de la condescendencia hacia el migrante.

‘Daaaaaalí’: Comedia surrealista que no necesita explicación”

3’5 Butacas de 5

Si alguna vez te has preguntado cómo sería interactuar con el legendario Salvador Dalí en la actualidad, esta es tu oportunidad de experimentarlo. Desde el primer minuto, Daaaaaalí” te transporta a un mundo donde las reglas no existen y lo impredecible es la norma. Quentin Dupieux logra con su estilo surrealista y absurdo que tanto lo caracteriza, una pieza que no solo es un tributo hilarante e inteligente a Dalí, sino también una reflexión sobre el arte, el tiempo y el espacio.

Gilles Lellouche, quien interpreta a Dalí, se roba cada escena por su versión del excéntrico artista, que no teme ser grandilocuente, creído, y completamente fuera de este mundo. Su Dalí es exactamente como uno lo imaginaría en esta época: un ser hilarante, pero también complejo, que parece flotar entre la genialidad y la locura. En cada gesto y cada palabra, Lellouche nos entrega una versión de Dalí que encapsula todas sus personalidades: el artista, el filósofo, el metafísico, y sobre todo, el showman. Una comedia llena de chistes visuales y situaciones completamente absurdas que hacen cambiar cada minuto la trama entera.

En sí misma es un viaje surrealista, el diseño de producción es un homenaje vivo al mundo de Dalí, con escenas que parecen sacadas directamente de sus cuadros. No te sorprendas si, de pronto, ves una cabra paseando por una habitación sin motivo aparente o un piano en medio del desierto que lanza agua como una fuente. El espacio se moldea y distorsiona, como si toda la película sucediera dentro de una pintura de Dalí. No hay reglas, y eso es exactamente lo que hace que la película funcione. No estás viendo algo que intenta explicarse a sí mismo. Es un viaje que simplemente hay que vivir, sin preguntarse si lo que ves es real o no.

Uno de los aspectos más interesantes es cómo juega con el tiempo, tanto a nivel narrativo como en el lenguaje audiovisual que eso puede crear. A veces, todo parece moverse con una velocidad vertiginosa, y otras veces el tiempo se dilata o retrasa, como si el mundo estuviera en una burbuja donde las reglas temporales no aplican. Me recordó a las producciones nacidas durante la nouvelle vague, con sus elipsis y su capacidad para mostrar o no mostrar lo que pasa entre una escena y otra. Hay momentos en los que el viaje de un lugar a otro es mostrado en su totalidad, sin ninguna razón aparente, pero con una intención clara de resaltar el absurdo inherente a la película.

El toque meta es otra capa que agrega profundidad. Se juega con la idea de que estamos viendo un documental dentro de la ficción sobre una periodista francesa que entrevista a Dalí, pero también estamos viendo una película sobre una película. Es el sombrero sobre el sombrero sobre el sombrero: capas de autorreferencias que se entrelazan hasta que te das cuenta de que estás atrapado en el mismo surrealismo que Dalí tanto amaba.

Está llena de escenas en las que Dalí habla sobre uno de sus cuadros, y en ese preciso momento, el cuadro cobra vida. Te das cuenta de que el maquillaje, el vestuario y el diseño de producción son impecables, haciendo que lo imposible se sienta no solo posible, sino inevitable dentro del universo de la película. No hay nada que te saque de la inmersión, todo está diseñado para que, por más extraño que sea, aceptes que así es este mundo.

El espacio, como el tiempo, también es completamente maleable. Se dobla y desdobla, como si fuera parte del arte de Dalí, como si todo estuviera enmarcado dentro de sus obras. Dupieux logra crear una atmósfera en la que no sabes dónde estás ni hacia dónde vas, pero te entregas al viaje porque, como en las mejores obras surrealistas, lo importante no es llegar a un destino, sino perderse en el proceso.

Si eres un amante del arte de Dalí, esta película será como entrar directamente en sus pinturas. Si no, aún te ofrecerá una experiencia única, divertida y rápida, que va al grano sin perderse en explicaciones innecesarias. “Daaaaaalídesafía las posibilidades espacio temporales a nivel narrativo y celebra el caos creativo de uno de los artistas más icónicos del siglo XX. Una obra que, como el propio Dalí, no tiene intención de ser comprendida, solo disfrutada.